Archivo de la etiqueta: Política

¿Se puede hacer algo?

Sí. “Impuestos sobre transacciones financieras para un mundo más justo: aquí y ahora.”

Invitación

Pedagogía financiera

En el tema del desarrollo y la cooperación no debemos olvidar la superestructura que determina, en gran medida, el éxito o el fracaso de un proceso de transformación. Paco Álvarez Molina, cuya bitácora recomiendo, hace un ejercicio pedagógico en temas económicos y financieros claves.

Aprovecho para invitar a que se conozca más sobre el tema de la Banca Ética.  En tiempos como los que corren es un tema imprescindible.

A continuación un vídeo en el que explica el rol de los organismos financieros internacionales:

¡Es la política, estúpido!

Es la economía, estúpido.  La frase se hizo famosa luego de que Clinton la sacara a relucir en la campaña presidencial de 1992.

Hoy me van a permitir disentir.  Es la política, estúpido.

Los datos son elocuentes.  Muestran con ratunda claridad en dónde están las prioridades del poder.

Traducción:

  • 60.000 millones de dólares, el coste estimado de la guerra de Iraq en 2003
  • 3 billones, el coste total estimado de la guerra de Iraq
  • 750.000 millones los ingresos de la OPEP
  • 3.000 millones, lo pagado por la OPEP para el fondo creado para el cambio climático
  • 405.000 millones los ingresos de Walmart
  • 115.000 millones los bonus en Wall Street en 2009
  • 30 millones el presupuesto de la ONU
  • 21.000 millones salvarían la selva del Amazonas
  • 726.000 millones, el presupuesto de Defensa de EEUU
  • 450.000 millones, el interés anual de la deuda de EEUU
  • 308.000 millones donados a la caridad por los americanos cada año
  • 33.000 millones de ayuda de EEUU para el desarrollo
  • 100.000 millones defraudados en paraísos fiscales
  • 26.000 millones, el déficit presupuestario de California
  • 930.000 millones, la deuda en tarjetas de crédito en EEUU
  • 148.000 millones, los gastados en enfermedades relacionadas con la obesidad
  • 12 billones, el coste mundial de la crisis actual
  • 112.000 millones, la deuda de Africa con Occidente

Tomado de: Ganas de escribir de Juan Torres

Desigualdad

El informe sobre el Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe 2010 se enfoca sobre este problema.

La desigualdad es sobretodo un rasgo de la matriz cultural que configura la región. Liderazgos paternalistas que cosechan en la tierra fértil de una población cada vez más resignada que exige dádivas y no derechos, configuran un modelo excluyente que mantiene privilegios y niega derechos.

La desigualdad no es solo un problema de políticos, de empresarios o de trabajadores.  Es un problema de TODOS que debemos atacar en el ámbito de actuación de cada uno.

Hay que actuar ya.

¿Qué estás haciendo tu para evitar la desigualdad?

Emociones y política

Interesantes trabajos, como los de Antonio Damasio, hay en neurobiología que muestran la relación entre emociones y sentimientos. Un terreno complejo que determina en gran medida la manera en que después actuarán las razones.  ¿Qué pasa cuando extrapolamos esto a la política?

Política, odio y otras emociones.

La política es asunto de intereses. Pero no habría política si los intereses no se vistieran con razones y si el vestido de razones no modificara a veces los intereses vestidos con ellas. Sin debates entre razones, no habría ideologías y la polarización política se reduciría a una lucha de intereses.

Sin embargo, tanto razones como intereses son a veces frágiles frente a las emociones. Fácilmente los actores políticos se pueden dejar llevar por emociones y actuar contra su interés o contra sus razones. Tal vez por eso las Constituciones y los partidos acuden a mecanismos de auto-atadura (self binding) como los compromisos previos o la elevación intencional de costos para prevenir e impedir decisiones inconvenientes basadas en emociones.

edro sobrio se amarra las manos para cuando Pedro esté borracho.

Pero la política necesita emociones. La política es impensable sin algún grado de movilización emocional. Al fin y al cabo la política es tema de acciones (individuales y colectivas) y las emociones son una motivación potente de la acción. En el conflicto entre razón e interés muchas veces quien define al ganador es la emoción. Por eso las elecciones y la ambientación de muchas políticas públicas son en buena parte procesos emocionales.

La polarización política puede enfrentar motivaciones de distinto tipo entre sí (intereses, razones, emociones) o puede enfrentar intereses con intereses, razones con razones y emociones entre sí. La polarización que así se obtiene caracteriza en un momento dado el campo político y sus posibilidades de evolución. La intensidad de la polarización (incluida la intensidad de las emociones sentidas hacia el rival, competidor o enemigo) y el tipo de emociones sentidas influyen notablemente en el hecho de que los conflictos se mantengan dentro de la política o pasen a ser conflictos violentos.

Carl Schmitt (La noción de lo político y El concepto de partisano) considera que la base de la política es la enemistad. La política, practicada por profesionales, sería entonces el arte de encausar esa enemistad por las vías del derecho y de la competencia democrática. Odio, resentimiento, rabia, miedo y desprecio serían ejemplos de emociones presentes en los conflictos violentos (Roger Petersen) pero susceptibles de desvanecerse en el tiempo y/o de alimentar la acción política. ¿Qué causa el odio? ¿cómo se expresa? ¿a qué acciones conduce? ¿qué emociones provoca en el odiado? Las mismas preguntas pueden hacerse sobre otras emociones presentes en la política, incluidas emociones positivas.

“Igualdad de derechos para todos” vs. “primero los derechos de los más excluidos” son argumentos impersonales que provocan emociones positivas que compiten. ¿Algún día la política implicará exclusivamente competencia entre variantes de lo bueno? Las anteriores consideraciones y preguntas son apenas un esbozo para animar a participar en el seminario.

Fuente: Antanas Mockus, en: Política, odio y otras emociones.

Aliento

performanceMientras observo con ilusión las fotografías del album sobre una performance que hizo un amigo y su familia en la que recoge el aliento de todos sus miembros en el mismo globo, a manera de reflexión de fin de año acerca de “la familia, la vida, la negentropía, el esfuerzo de grupo y la esperanza en un futuro para la humanidad, la biodiversidad y el planeta”, pienso con dolor en lo que sigue pasando en estos momentos en GAZA: ¡cuánto dolor! ¡cuánta injusticia!

Necesitamos un nuevo ALIENTO VITAL.  Las acciones y reacciones de los responsables políticos actuales son tibias, insuficientes, vagas, contradictorias, mediocres.  Me pregunto si nosotros, los ciudadanos, podremos cambiarlos.  Supongo que las claves están en la imaginación, la cultura y el arte … ojalá la politica se alimentara de ellas.

A propósito de discursos

Hace dos días señalaba que la elocuencia de los discursos de Barak Obama y su enorme capacidad para inspirar con ellos, obliga al escuchante a confrontar esas palabras con las acciones que realice para trazar el sentido de su liderazgo.

Pensando en estos temas encontré el siguiente artículo de Charlotte Higgins (crítica literaria) que paso a reproducir por lo acertado de la coincidencia:

180px-m-t-ciceroLa retórica ciceroniana de Obama
· · · · ·

Los discursos de Obama son admirados por muchos, y analizados hasta la última coma, pero según Charlotte Higgins, uno de sus aspectos más interesantes es la enorme deuda contraída con la oratoria romana.

En la carrera electoral a la presidencia estadounidense, la revista digital Slate propuso una serie de definiciones para los “obamaísmos” [por la manera de hablar del presidente de los EE.UU.; con Bush hubo "bushismos"; N.T.] Una de ellas era: “Barócrates.- Oscuro filósofo griego, pionero del método de enseñar, según el cual las grandes cuestiones se plantean como interrogantes y luego se eluden.”

Pero había otros guiños en Barack Obama que aludían a la Grecia y Roma clásicas. Cuando aceptó la nominación del Partido Demócrata, lo hizo frente a un decorado de columnas dóricas. Los republicanos dijeron que le traicionaban sus delirios de grandeza: éste era el templo del cual Obama emergería como un semidiós griego. ([El humorista gráfico] Steve Bell también percibió el aire romano de esta imagen, y dibujó a Obama como emperador togado.) De hecho, el significado de aquellas columnas iba mucho más lejos de lo que creyeron los republicanos. Recordaban a la Casa Blanca, la cual, a su vez, sintetiza algunos de los rasgos visuales de la República romana, en la que se basa la Constitución estadounidense. Recordaban al Lincoln Memorial, frente al cual Martin Luther King pronunció su discurso “Tengo un sueño” (I have a dream), que a su vez, recuerda al monumento en el cual se inspira el Lincoln Memorial, el Partenón. Acercándonos, de ese modo, simbólicamente a Atenas, la cuna misma de la democracia.

Así se ha planteado la cosa: para entender los próximos cuatro años de política norteamericana, vamos a tener que entender algo de la política de la Grecia y Roma clásicas.

Ha habido muchos aspectos controvertidos en estas elecciones presidenciales, pero si una cosa está fuera de duda es la habilidad de Obama como orador, uno de los factores más importantes -quizás el más importante- en su victoria. La abrumadora cantidad de personas que acudían a verle hablar le colocan a mucha distancia de sus rivales. Recuérdese, una vez más, la política de la Atenas clásica, donde el discurso público a los votantes era el motor de la política, y donde el arte de la retórica maduró al paso de la democracia.

Obama se ha sacudido de encima la tendencia de los últimos presidentes -sin excluir a Bill Clinton- de rebajar el nivel intelectual de sus discursos. El libro de Elvin T. Lim,  The Anti-Intellectual Presidency: The Decline of Presidential Rhetoric from George Washington to George W Bush [La presidencia anti-intelectual: el declive de la retórica presidencial desde George Washington a George W. Bush] somete la oratoria presidencial a análisis estadístico. La conclusión a la que llega es que hace 100 años los discursos se daban a un nivel de lectura propio de un universitario. Ahora se dan a un nivel de secundaria [8th grade]. En contraste, los discursos de Obama resultan halagadores para su audiencia. Sus mejores discursos son hábiles creaciones literarias, ricas, como las columnas dóricas, en alusiones; su manera de expresarse evoca conscientemente frases de Lincoln y King, Woody Guthrie y Sam Cooke. Aunque tiene guionistas que le escriben los discursos, buena parte del trabajo la realiza el propio Obama. (Jon Favreau, el joven de 27 años que encabeza el equipo de guionistas de Obama, ha declarado que su trabajo es como ser “el entrenador de bateo de Ted Williams”). James Wood, profesor de crítica literaria en Harvard, ya ha realizado una atenta lectura de su discurso de victoria electoral para el New Yorker. ¿Alguien se imagina lo mismo con un discurso de George W. Bush?

En más de una ocasión, el adjetivo que se ha empleado para describir la habilidad oratoria de Obama es el de “ciceroniano”. Cicerón, el prominente político romano de los últimos tiempos de la República, fue ciertamente el mayor orador de su época, y uno de los mayores de toda la historia. Un acérrimo defensor de la constitución republicana cuya crítica de Marco Antonio condujo a su asesinato en el año 43 a.d.n. E.

Durante la República romana (y en la Atenas clásica) la política no era otra cosa que oratoria. En Atenas, cuestiones como declarar o no la guerra a un estado enemigo eran decididas por el electorado al completo (aunque, todo sea dicho, muchos ni se molestaban en participar) en un debate abierto. La oratoria era la habilidad política por excelencia, de cuya maestría dependía el poder. Resulta poco sorprendente, pues, que la oratoria fuese rigurosamente analizada y su estudio, organizado en grado sumo. Los griegos y los romanos, en resumen, conocían todos los recursos retóricos, y dieron nombre a la mayoría de ellos.

Y resulta que Obama también los conoce. Una de las técnicas de Cicerón más conocidas es su uso de series de tres para destacar las tesis de su discurso: el tricolon. (El ejemplo más famoso de tricolon latino no es de Cicerón, sino de César: “Veni, vidi, vici” -Llegué, vi, vencí-). Obama utiliza libremente el tricolon. Un ejemplo: “Esta noche, nos reunimos para afirmar la grandeza de nuestra nación, no por la altura de nuestros rascacielos, ni por el poder de nuestro ejército, ni por las dimensiones de nuestra economía…” En este pasaje, de su discurso en la convención demócrata del 2004, Obama también usa la técnica del praeterito: atraer la atención sobre un tema por la vía de eludirlo. (Deja de lado la altura de los rascacielos en Norteamérica, etc., pero, en haciéndolo, nos recuerda su importancia.)

Uno de mis recursos favoritos de todos los que utiliza Obama es el uso de la frase “un joven predicador de Georgia”, que empleó cuando aceptó la nominación demócrata en agosto, sin nombrar a Martin Luther King. El nombre para esta técnica es el de antonomasia. Un ejemplo de Cicerón es la manera en que se refiere a Fénix, el mentor de Aquiles en La Ilíada, como “senior magister” (el viejo profesor). En ambos casos, se establece una intimidad entre el orador y el auditorio, la halagadora idea de que todos sabemos de qué estamos hablando sin que nadie tenga que explicarlo. Humaniza el carácter: King no era entonces sino un hombre joven. Mencionando Georgia localiza la referencia. A Obama le gusta nombrar los lugares de Norteamérica para dar impulso a su retórica, como en su discurso del 4 de noviembre: “Nuestra campaña… empezó en los patios traseros de Des Moines y las salas de estar de Concord y los porches de Charleston”, lo cual, por supuesto, es otro tricolon.

Los recursos retóricos favoritos de Obama, según parece, son la anáfora y la epífora. La anáfora es la repetición de una misma expresión al comienzo de cada frase. Una vez más, en su discurso del 4 de noviembre: “Es la respuesta que nos dio el ensanchar los límites de nuestras escuelas… Es la respuesta de la que hablan los jóvenes y los viejos… Es la respuesta…” La epífora es lo mismo, pero al final de la frase. Del mismo discurso (y una vez más, un tricolon): “Vivió lo suficiente para verles luchar, hablar en defensa propia y conseguir el derecho a voto. Sí, podemos.” La frase “Sí, podemos” (Yes, we can) cerrará los siguientes cinco párrafos.

La repetición de ese “Sí, podemos” también podría recordar más al estilo de prédica pregunta-respuesta de la iglesia norteamericana que al de la retórica clásica. Y, por descontado, Obama recibió la influencia en su día de congregaciones nutridas de predicadores enérgicos y efectivos. Pero James Davidson, profesor de historia clásica en la Universidad de Warwick, señala que este estilo de prédica se origina asimismo en la Grecia clásica. “La tradición de la oratoria clásica fue central en la iglesia en sus comienzos, cuando la retórica era una de las partes más importantes de la educación. A través de los sermones, la iglesia incorporó la tradición retórica de los clásicos. Los Estados Unidos la han preservado, señaladamente en la iglesia afroamericana.”

No solamente en los pormenores del perorar recuerda Obama a Cicerón. Como Cicerón, Obama es abogado. Como Cicerón, Obama es un escritor de enorme talento: Dreams From My Father, el primer libro de Obama, entrará seguramente en el cánon literario estadounidense. Como Cicerón, Obama es un “novus homo” (la frase latina significa “hombre nuevo”, en el sentido de hecho a sí mismo). Como Cicerón, Obama entró en la política sin apoyos familiares (a diferencia de Hillary Clinton) y sin historial militar (a diferencia de John McCain). La tradición romana dictaba que había que contar con ambas cosas. El talento que compensa esa carencia, y que también comparte Obama con Cicerón, según Catherine Steel, profesora de lenguas clásicas en la Universidad de Glasgow, es la habilidad para “crearse una genealogía de antepasados: pero no biológicos, sino intelectuales. Para Cicerón fueron Licinio, Craso, Escipión Emiliano y Catón el viejo. Para Obama, Lincoln, Roosevelt y King.”

Steel señala también cómo la oratoria de Obama se rige por el ideal tripartito delineado por Aristóteles, quien afirmó que la buena retórica debería consistir en una mezcla de páthos, lógos y éthos (emoción, discurso y carácter). En la proyección del éthos es donde Obama descolla particularmente. Considérese el siguiente pasaje, tan rotundo: “Soy hijo de un hombre negro de Kenya y de una mujer blanca de Kansas. Crecí con la ayuda de un abuelo blanco que sobrevivió a la Depresión para servir en las tropas de Patton durante la Segunda Guerra Mundial y de una abuela blanca que trabajó en una cadena de montaje de bombarderos en Fort Leavenworth mientras su marido estaba al otro lado del océano. He ido a algunas de las mejores escuelas de América, y he vivido en una de las naciones más pobres del mundo.” Consigue transmitir la sensación de que no solamente será capaz de revitalizar el sueño americano, sino de que él mismo personifica -de hecho, en cierto sentido, es- el sueño americano.

En inglés [y, de manera parecida, también en castellano, N.T.], cuando empleamos la palabra “retórica”, por lo general va precedida de la palabra “vacía”. La retórica tiene mala reputación. McCain advirtió de que el electorado “podría verse engañado por una elocuente, pero vacía, llamada al cambio.” Agudamente, Clinton hizo notar que “la campaña se hace en verso, pero se gobierna en prosa.” Los atenienses también conocían los peligros de que la muchedumbre se dejase arrastrar por un demagogo (ellos inventaron la palabra) persuasivo pero sin escrúpulos. Y fue el político romano Catón -podría haber sido McCain- quien dijo lo de “Rem tene, verba sequentur”: a quien se atiene a los hechos, flúyenle las palabras.

Cicerón era muy consciente de eso. En su libro De oratore argumenta que la verdadera elocuencia sólo puede conseguirse si el orador ha conseguido el más alto nivel de conocimiento, “de otro modo, lo que diga sólo será verborrea, huera y ridícula filigrana”. El verdadero orador es quien guía con un ideal cívico su práctica ciudadana, y cuya retórica, lejos de ser vacía, es deliberada, racional, capaz de organizar minuciosamente las ideas y los argumentos para hacer progresar al estado de manera sabia y segura. También está claro lo que Obama trata de expresar: su proyecto es unir la retórica, el pensamiento y la acción en un nuevo tipo de política que evite un bipartidismo estrecho. ¿Pueden convertirse las palabras de Obama en hechos? La presidencia de George W. Bush nos proporcionó todas las pruebas de que un hombre que tiene serios problemas para manejar las preposiciones, los tendrá también para gobernar la nación. Sólo nos cabe esperar que la presidencia de Obama sea todo lo contrario.

Charlotte Higgins escribe crítica literaria en el diario británico The Guardian. Su último libro es It’s All Greek To Me: From Homer to the Hippocratic Oath, How Ancient Greece Has Shaped Our World (Short Books).

Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero

Thanksgiving weekend

thanksgiving

El discurso inspirador de Barak Obama felicitando el día de acción de gracias deja constancia de una de sus mayores habilidades: usar las palabras para vincular voluntades.

Sin embargo, las palabras bellas encierran un peligro. Pueden adormecer a la razón, si éstas no son acompañadas de un análisis lógico.  Para los que están pensando en un cambio radical, que vaya a las raíces de la democracia (política, económica, social, cultural) y el respeto de las leyes, vale la pena observar que los nombramientos en materia económica no están siendo consecuentes con tal cambio como bien lo analiza Noam Chomsky en el artículo que transcribo a continuación.

“La palabra que brotó inmediatamente de cada lengua tras las elecciones presidenciales en Estados Unidos fue “histórica”. Y con toda razón. Una familia negra en la Casa Blanca es realmente un evento histórico.

Hubo algunas sorpresas. Una fue que la elección no estaba concluida luego de la convención demócrata. Los indicadores habituales señalan que el partido opositor debería barrer durante una grave crisis económica, tras ocho años de una política desastrosa en todos los frentes, incluido el peor récord en materia del crecimiento de empleos de cualquier presidente de la posguerra y de una rara declinación en la riqueza promedio. Eso, con un presidente tan impopular que su propio partido tuvo que desligarse de él, acompañado de un dramático colapso en la posición de Estados Unidos en la opinión pública mundial.

Como muchos estudios muestran, ambos partidos se hallan bien a la derecha de la población en tópicos importantes, tanto nacionales como internacionales. Tal vez ningún partido refleja la opinión pública en una época en que 80 por ciento de los estadunidenses piensa que el país enfila en la dirección equivocada y que el gobierno está administrado por “algunos grandes intereses que sólo piensan en sí mismos”, no en el pueblo, en tanto un asombroso 94 por ciento cuestiona que el gobierno desdeñe a la opinión pública.

Podría argumentarse que ningún partido que hable en defensa del pueblo resulta viable en una sociedad administrada por el mundo de los negocios con tal desusada amplitud. En un nivel muy general, la falta de representación del pueblo es ilustrada por el éxito de la “teoría de las inversiones” en la política, elaborada por el economista político Thomas Ferguson. Según Ferguson, la política tiende a reflejar los deseos de poderosos bloques económicos que invierten dinero cada cuatro años para controlar el Estado.

En cierto sentido, la elección siguió pautas familiares. La campaña de John McCain fue lo bastante honesta como para anunciar con claridad que la elección no discutiría tópicos. En cuanto a Barack Obama, su mensaje de “esperanza” y de “cambio” ofreció un pizarrón en blanco en el cual sus simpatizantes podían escribir sus deseos. Uno puede encontrar sitios en Internet donde cada partido expresa su opinión sobre diferentes temas. Pero la correlación de esas opiniones con la política a seguir no es espectacular. Y de todas maneras, lo que ingresa en las opciones de los votantes es lo que la campaña de cada candidato destaca, tal como saben muy bien los administradores de un partido.

Y fue allí donde la campaña de Obama impresionó a la industria de las relaciones públicas, que lo designaron “el experto en mercadeo más importante del 2008″, derrotando con facilidad a Apple. La primera tarea de la industria es asegurarse que los clientes carentes de información hagan selecciones irracionales, socavando de esa manera las teorías de mercado que proponen exactamente lo opuesto. Y los expertos en relaciones públicas reconocen los beneficios de socavar la democracia de la misma manera. La organización The Center for Responsive Politics dice que una vez más las elecciones fueron compradas: “Los candidatos con mejor financiamiento ganaron nueve de 10 elecciones, y todos, excepto algunos escasos miembros del Congreso, retornarán a Washington”.

Antes de las convenciones, los candidatos viables con mayor apoyo de instituciones financieras eran Obama y McCain, cada uno con 36 por ciento. Los resultados preliminares indican que al final, las contribuciones a la campaña de Obama, por industria, se concentraron en las firmas de abogados (incluidos cabilderos), además de instituciones financieras. La teoría de inversiones en la política sugiere algunas conclusiones acerca de los principios que guían a la nueva administración.

El poder de las instituciones financieras refleja el cambio cada vez más grande de una economía de producción hacia otra de finanzas. Eso comenzó con la liberalización de las finanzas durante la década de los años 60, causa fundamental de los actuales azotes representados por la crisis financiera y la recesión en la economía real (esto es, de la producción y consumo de mercancías). Las consecuencias están a la vista para la gran mayoría de los estadunidenses, cuyos salarios reales se han estancado por 30 años, en tanto sus beneficios han declinado.

Dejando de lado la alta retórica sobre la esperanza y el cambio, ¿qué podemos esperar de la administración de Obama?

La selección del equipo de trabajo de Obama envía una fuerte señal. La primera elección fue para vicepresidente: Joe Biden fue, entre los senadores demócratas, uno de los más vigorosos partidarios de la invasión a Irak, y un insider (persona de adentro, con acceso a información privilegiada) con mucho tiempo de actuación en Washington. Y aunque suele votar de manera coherente con sus colegas demócratas, no siempre lo hace. Por ejemplo, apoyó una medida para que resultara a los individuos mas difícil borrar sus deudas tras declararse en bancarrota.

La primera elección posterior a los comicios presidenciales fue para la crucial posición de jefe de gabinete. Obama designó a Rahm Emanuel, uno de los partidarios más fuertes de la invasión a Irak entre los representantes demócratas y, como Biden, insider de Washington durante bastante tiempo.

Emanuel es también uno de los más grandes beneficiarios de las contribuciones de campaña de Wall Street, informó el Center for Responsive Politics. Durante 2008, “fue el principal destinatario” entre los representantes “de los ejecutivos de fondos de riesgo” y de las “principales firmas de seguros y de inversiones de la industria”. La tarea de Emanuel es ver cómo encara Obama la peor crisis financiera desde la década de los años 30, por la cual sus donantes y los de Obama comparten una amplia responsabilidad.

En una entrevista con The Wall Street Journal, le preguntaron a Emanuel qué haría el gobierno de Obama respecto del “liderazgo demócrata en el Congreso”, cuyos “barones del ala izquierda tienen su propia agenda”. Eso incluye, por ejemplo, rebajar drásticamente los gastos militares (algo en que coincide la mayoría de la población) e imponer “drásticos impuestos a la energía a fin de combatir el calentamiento global”.

“Barack Obama puede enfrentarse a ellos”, aseguró Emanuel al Wall Street Journal. La administración sera “pragmática”, y rechazara los intentos de los extremistas de izquierda.

El equipo de transición de Obama está encabezado por John Podesta, secretario del gabinete de Bill Clinton. Otros dos veteranos de Clinton, Robert Rubin y Lawrence Summers, figuran entre las figuras principales en su equipo económico. Tanto Rubin como Summers respaldaron de manera entusiasta la desregulación, un importante factor en la actual crisis financiera.

Como secretario del Tesoro con Clinton, Rubin trabajó de manera denodada para abolir la ley Glass-Steagall, que había separado a los bancos comerciales de las instituciones financieras que incurrían en graves riesgos.

El economista Tim Canova escribe que Rubin tenía “un interés personal en la eliminación de la ley Glass-Steagall”.

Tras dejar su posición como secretario del Tesoro, Rubin se convirtió en “presidente de la junta directiva de Citigroup, un conglomerado de servicios financieros que estaba enfrentando la posibilidad de tener que vender su subsidiaria de seguros”. En cuanto al gobierno de Clinton, “nunca presentó cargos contra él por sus obvias violaciones a la ética”.

Rubin fue remplazado como secretario del Tesoro por Summers, quien propuso la ley que prohibió la regulación federal de los derivativos, las “armas de destrucción masiva” (como las llama Warren Buffett) que ayudaron a sumergir en el desastre a los mercados financieros.

Summers figura como “uno de los villanos principales en la actual crisis económica”, según Dean Baker, uno de los escasos economistas que advirtieron sobre la inminente crisis. Poner la política financiera en las manos de Rubin y Summers, señala Baker, es “como recurrir a Osama Bin Laden para que ayude en la lucha antiterrorista”. Ahora Rubin y Summers proponen regulaciones para ayudar a limpiar el caos que ayudaron a crear.

La prensa de negocios examinó los récords del equipo de transición de Obama, que se reunió el 7 de noviembre para determinar cómo manejarse con la crisis financiera. En Bloomberg News, Jonathan Weil concluyo que “muchos de ellos deberían estar recibiendo citaciones como testigos materiales” por la catástrofe financiera, en lugar de “figurar como miembros del círculo intimo de Obama”. Alrededor de la mitad “han tenido posiciones de importancia en empresas que, en mayor o menor grado, han falsificado sus declaraciones financieras o contribuido a la crisis económica mundial, o ambas cosas a la vez”. Es realmente plausible que “¿no confundirán los intereses de la nación con sus propios intereses corporativos?”

La preocupación principal del nuevo gobierno sera detener la crisis financiera y la simultánea recesión en la economía real. Pero hay también un monstruo en el armario: el ineficaz sistema privado de cuidado de la salud, que amenaza abrumar al presupuesto federal si las actuales tendencias persisten.

Una mayoría del público ha favorecido por largo tiempo un sistema nacional de cuidado de la salud que debería ser mucho menos caro y más eficaz, según indican las evidencias comparativas (junto con muchos estudios). En fecha tan reciente como 2004, cualquier intervención del gobierno en el sistema de atención a la salud era descrito por la prensa como “imposible a nivel político”. Eso significaba que se oponían la industria de los seguros y las corporaciones farmacéuticas.

Pero sin embargo, en 2008, primero John Edwards, luego Barack Obama y Hillary Clinton, adelantaron propuestas que se aproximan a lo que por largo tiempo ha preferido el público. Estas ideas tienen ahora “apoyo político”. ¿Que ha cambiado? No la opinión pública, que permanece con la misma opinión de antes. Pero para 2008, sectores importantes de poder, especialmente la industria manufacturera, habían llegado a reconocer que estaban siendo gravemente afectados por el sistema privado de atención a la salud. Por lo tanto la voluntad pública está comenzando a tener “apoyo político”. Hay un largo camino por recorrer, pero el cambio nos dice algo sobre la disfuncional democracia en la cual la nueva administración busca su camino.

Copyright 2008 by Noam Chomsky.”

Distribuido por The New York Times Syndicate.

Un mundo libre

El director

A los 25 años, mientras estudiaba derecho en Oxford; en el St Peter’s College; Ken Loach entró por primera vez en contacto con las artes escénicas, actuando en el grupo de teatro de la universidad. Después de graduarse, trabajó como asistente de dirección en el Northampton Repertory Theatre. Pero estaba más interesado en el mundo audiovisual que en el de las tablas, así es que después de obtener en 1963 una beca en la cadena de televisión BBC, se inicia en la dirección.

El ambiente que se respiraba en aquellos años, favorecía la realización de programas que criticaban las injusticias sociales, allí encontró Loach la visión y la voz que caracterizaría su cine. A partir de 1964 comienza a dirigir una serie de documentales, el más famoso de ellos es Cathy Come Home (1966) sobre la pobreza, con el cual obtuvo gran éxito.

Desde entonces y hasta principio de los 80′, dividió su tiempo entre el cine y la televisión, filmó cuatro largometrajes, numerosos documentales y películas para la TV como The Big Flame (1969) sobre los trabajadores portuarios de Liverpool y la serie Days of Hope (1975), sobre los hechos que llevaron a la huelga de 1926, y la derrota del Movimiento Laborista Británico.

Con Margaret Thatcher en el poder, crece el paro y los recortes de presupuesto para la cultura. La Dama de Hierro se gana muchos enemigos entre los artistas, Loach entre ellos. El Channel Four prohibió sus documentales A Question of Leadership, con los que combate al Thatcherismo, por lo cual a lo largo de toda esa década solo puede filmar dos películas.

En los años 90′, con los cambios políticos, su carrera se revitaliza. Ha filmado hasta ahora nueve películas más, con la mayoría de las cuales ha obtenido numerosos premios, consolidando su carrera internacional, pero manteniéndose siempre fiel al estilo que fue una constante en su vida: la defensa de los oprimidos. En cuanto a la militancia estrictamente política, Ken Loach es hoy día miembro de la directiva de la coalición de izquierda RESPECT.

Heredero del british social realism (realismo social británico), Loach, en cuyas películas muchos creen ver algo así como un “grado cero de la escritura cinematográfica”, es dueño de un estilo depurado y sintético. Como heredero inequívoco de las principales tendencias de cine realista de europa y en mayor medida del cine independiente que se caraterizaba por su realismo, su inconformismo social, su crítica a la burguesía y a la sociedad, y su acercamiento a los seres anónimos de la misma, o su sentido del humor.

Ken Loach, al igual que sus antecesores, denuncia los traumas que ocasiona en los seres humanos la vida en las ciudades industriales a pesar de los avances tecnológicos, y con sus historias sacude las conciencias de la sociedad contemporánea con el fin de mejorar sustancialmente las condiciones de la clase trabajadora (poniendo de ejemplo lo que mejor conoce: las injusticias que sufren las clases menos favorecidas en la sociedad británica).

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Ken_Loach

Su filmografía

* En un mundo libre… (2008) Director, Producción
* El viento que agita la cebada (2006) Director
* Sólo un beso (2005) Director
* Sweet sixteen (Felices dieciséis) (2003) Director
* 11’09”01 Once de septiembre (2002) Director
* La cuadrilla (2001) Director
* Pan y rosas (2000) Director
* Mi nombre es Joe (1998) Director
* La Canción de Carla (1995) Director
* Ladybird, Ladybird (1994) Director

Fuente: http://es.movies.yahoo.com/artists/l/ken-loach/index-93169.html

Trabajo decente

Vídeo de OIT-Trabajo decente

El 7 de octubre se celebró el día del trabajo decente.

El trabajo decente se puede resumir en cuatro objetivos estratégicos:

  1. Principios y derechos fundamentales en el trabajo y normas laborales internacionales;
  2. Oportunidades de empleo e ingresos;
  3. Protección y seguridad social;
  4. Diálogo social y tripartismo.

Estos objetivos tienen validez para todos los trabajadores, mujeres y hombres, en la economía formal e informal, en trabajos asalariados o autónomos; en el campo, industria y oficina; en sus casas o en la comunidad.

La dignificación del trabajo es aún una asignatura pendiente en la mayoría de los países del planeta.  Incluso en los países con más tradición democrática, durante los últimos 20 años las desigualdades han aumentado dramáticamente y aparecen en todas las dimensiones de la sociedad afectando la calidad de vida de sus ciudadanos y la calidad del trabajo. Una persona perteneciente al cinco por ciento del nivel de renta superior en EEUU vive veinte años más que una persona perteneciente al 5% de renta inferior (un trabajador no cualificado con más de cinco años en paro). En la Unión Europea de los Quince (UE-15) la diferencia es de siete años y en España de diez años, uno de los diferenciales más altos de la UE-15. (Ver Desigualdades calidad de vida y salud).

Durante los últimos años hemos asistido a la enajenación del contrato social.  La balanza de beneficios se ha inclinado hacia el capital y la fuerza del trabajo cada día ve disminuidos sus logros.

En el mundo empresarial, la responsabilidad social es un concepto que contiene, entre otras cosas, la dignificación de las condiciones laborales de sus trabajadores.

En este sentido quisiera llamar la atención sobre una clase de trabajo que es pobremente reconocido y cuyas empresas no parecen atender.  Se trata del obrero del campo o trabajador agrícola.  Los obreros del campo siguen siendo poco reconocidos y las condiciones laborales en entornos muy difíciles son en la mayoría de los casos lamentables, teniendo las más bajas remuneraciones entre los diversos sectores de la producción.

Un ejemplo de esta condición se puede ver claramente en cultivos como los de la caña de azúcar (ahora de etanol).

Los trabajadores que realizan las labores en el campo de cultivo tienen la remuneración más baja dentro de todo el escalafón de la cadena de producción.  En la mayoría de los casos, bajo esquemas opacos no se les permite organizarse para reclamar sus derechos y mejorar las condiciones laborales de manera que su trabajo les permita vivir dignamente.  ¿Porqué los que realizan el trabajo más duro son los que menos ganan?

De otra parte, es obvio que el trabajo digno requiere de movimientos sindicales solventes que sean interlocutores válidos y legítimos para el diálogo social, sin embargo, el panorama del sindicalismo en muchos países es lamentable.  Por ejemplo, en Colombia menos del cinco por ciento de la población económicamente activa está afiliada a un sindicato y de esos, menos de la mitad, tiene contrato colectivo de trabajo. Los sindicatos por su parte, han ido perdiendo legitimidad frente a la ciudadanía cuando sus dirigentes se enquistan en el aparato burocrático perdiendo conexión con las necesidades y aspiraciones de sus afiliados.

En estos momentos de crisis, cuando muchos de los ejecutivos y consejeros delegados se han forrado, valdría la pena pensar que los avances en pos del trabajo decente implican la adopción de medidas a escala global, y movilizar a los principales actores del sistema multilateral y de la economía global en torno a este objetivo.  Esto es tan prioritario como rescatar el sistema financiero.