Agricultura de conservación

Expresiones como agricultura climáticamente inteligente, agroecología, agricultura de conservación, agricultura ancestral, agricultura familiar, agricultura verde, (…) hacen parte de contextos discursivos diferentes y se usan para proponer una respuesta a la forma actual de producción dominante ante la evidencia de que es insostenible.

En las siguientes líneas voy a echar un vistazo muy rápido a la denominada agricultura de conservación. El modelo dominante de producción agrícola emite carbono a la atmósfera y contribuye en un porcentaje relevante a los gases efecto invernadero (GEI) en el total de todas las actividades productivas. Sin embargo, la fotosíntesis, que está en la base de la agricultura, es por definición un proceso que fija CO2 para generar biomasa. ¿Qué pasa, entonces?

La agricultura hace parte de un modelo productivo determinado por un encadenamiento complejo de diferentes agentes que hacen posible cumplir con el objetivo: alcanzar una producción económicamente viable y técnicamente posible. Sin embargo, ese modelo es insuficiente, ha mostrado su fragilidad y tiene impactos negativos en lo ambiental.

Una agricultura que cumpla con la función social de abastecimiento de alimento y materias primas y, al mismo tiempo, genere beneficios medioambientales sería la que denominan algunos agricultura de conservación.

En la mitigación del cambio climático desde la agricultura se ha puesto énfasis en la mejora de las prácticas culturales para el secuestro de carbón en la gestión del suelo. Sin embargo, no se ha hecho suficiente énfasis en la manera de reducir las emisiones de GEI dentro de esas mismas prácticas. Algunos autores señalan que las tecnologías basadas en la precisión a la que se puede llegar con la inteligencia artificial, la robotización y la conectividad, la electrificación con fuentes renovables y las biotecnologías: particularmente el mejoramiento de cultivos basado en las técnicas de edición genética CRISPR y los bioinsumos, tienen un potencial para la reducción de más del 70 % de los GEI.

Sin embargo, otros autores menos optimistas señalan de que si bien se tiene esa posibilidad no es creíble que se consiga llegar a esos porcentajes en los siguientes 15 años para cumplir con los objetivos de mitigación del cambio climático. Y esto abre un debate interesante porque el tiempo se nos ha echado encima. La crisis climática sumada a la crisis de abastecimiento de alimentos que la situación política planetaria está generando nos está poniendo en un escenario de extrema gravedad.

La historia de la agricultura nos ha enseñado que esta siempre ha consumido recursos de las generaciones futuras y por tanto el cambio de «modelo» no es una cuestión trivial. Tener como objetivo una agricultura de la conservación es una utopía necesaria pero requiere de una más decidida I+D+i en las múltiples dimensiones que se requieren abordar para lograr una transformación del modelo de producción y de los sistemas agroalimentarios. Por tanto, ambas cuestiones no se pueden abordar separadamente. Y tal vez uno de los puntos de intersección más interesantes entre la agricultura de conservación y los sistemas agroalimentarios lo ofrece la transferencia y la apropiación social de las tecnologías (y más exactamente los sistemas técnicos) que se requieren para lograrlo.

El alto riesgo de desabastecimiento e inseguridad alimentaria no debe equivocar las acciones que se tomen. Como ciudadanía debemos exigir a los responsables que pongan los incentivos en las respuestas que nos permitan salir de esta situación y al mismo tiempo desactivar la crisis climática. Los atajos para resolver el problema de desabastecimiento y la carestía de los fertilizantes puede conducir a un bucle de crisis sistémicas mucho más peligroso. En cambio, esta situación de urgencia puede acelerar las transformaciones que el sistema agroalimentario mundial necesita y para esas transformaciones la investigación científica y la innovación social y de base tecnológica son fundamentales. Mira en dónde se están poniendo los recursos públicos …

Elecciones

Han sido las elecciones al Congreso en Colombia. También, se celebraban las consultas internas de diferentes partidos o coaliciones para escoger su candidato a la presidencia de la república. En estos tiempos que corren es legítimo sentir miedo. Mucha gente lo manifiesta en sus opiniones y en la lógica azarosa que siguen sus actos.

El miedo es legítimo pero no es un buen aliado para decidir el voto. El miedo no deja escuchar los argumentos del contrario y los que azuzan a la fanaticada encuentran ahí el estado ideal para manipular y sacar ventaja de sus intereses; intereses que suelen ser pequeñitos y destinados a engordar sus propios patrimonios.

Hay que sosegar los ánimos, aparcar las emociones, buscar que los candidatos representen un crisol del ideas amplio y diverso como lo es el país. La cuestión no debería ser dicotómica. El mundo está en una encrucijada que está desencadenando crisis que pueden volverse sistémicas y de ahí nadie saldrá bien librado.

La democracia liberal es un buen invento y está siendo amenazado en muchas partes por el tribalismo, el nacionalismo y las tentaciones autoritarias. Les invito a que no busquen a las personas que resuelvan la encrucijada como quien busca un redentor para encontrar alivio y sosiego. Eso puede ser tranquilizador pero es muy peligroso. La política va de otra cosa y es bueno recordarlo. La política va de ser capaces de organizarnos para gestionar la esfera de lo público en las sociedades. Se necesita a alguien que dirija una partitura colorida y amplia que represente a la mayoría y cuide con mimo los espacios de las minorías. Ese es el juego.

Permitamos que se abra un espacio de escucha.

La naturaleza

Soluciones más naturales a problemas actuales

Transcribo a continuación una entrevista que me hizo Más Colombia hace unos días.

¿Cómo surgió la técnica de edición genética y en qué consiste?

La edición genética surgió con el descubrimiento de las “repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas” (CRISPR, por sus siglas en inglés) que hizo el microbiólogo español Francis Mojica a principios de los 90.

Mojica, como dije, hacia la década de 1990, encontró que ciertas bacterias y arqueas —organismos unicelulares carentes de núcleo— tenían en sus sistemas inmunitarios unas secuencias de genoma repetidas, exactamente iguales, y entre cada secuencia repetida había ciertos espaciadores. A estas decidió llamarlas CRISPR. En principio, el descubrimiento atrajo muy poco interés dentro de la comunidad científica. Sin embargo, adquirió gran importancia cuando, tras casi diez años de investigación, el microbiólogo mostró que estas secuencias eran un mecanismo de defensa de las bacterias y las arqueas contra los virus.

A partir de esto, varios investigadores volcaron su mirada hacia las CRISPR. Los desarrollos tecnológicos fueron innumerables. Pero el más llamativo, tal vez, fue la técnica de edición genética a partir del sistema CRISPR/Cas9, que fue planteada en 2012 por Emmanuelle Charpentier y Jennifer A. Doudna. Las investigadores descubrieron que al unir las CRISPR con la proteína Cas9 se creaba un sistema que funciona más o menos como unas tijeras de ADN: corta los pedazos del genoma que le indiquemos. El trabajo fue tan importante que en 2020 ambas investigadoras fueron acreedoras del Premio Nobel de Química.

Ya hablamos del sistema CRISPR, pero ¿qué es lo que hace la proteína Cas9?

Existen muchas proteínas Cas1, Cas2, Cas3, etc. Con la proteína Cas9 hay una ventaja y es que, a diferencia de otras, permite que programemos fácilmente qué parte del genoma cortar y editar. En este sentido, la Cas9 funciona como un vehículo, controlado con un GPS, que va hasta el sitio del genoma del ser vivo que se quiera cortar o editar.

¿Qué aplicaciones ha tenido desde entonces el sistema CRISPR/Cas9?

El sistema CRISPR/Cas9 abre unas aplicaciones interesantes en medicina, agricultura, entre otras. Hasta ahora se ha utilizado la edición genética y para el mejoramiento de plantas y cultivos, como una alternativa a los organismos genéticamente modificados —conocido como trasngénicos—. No obstante, sus aplicaciones se extienden hacia la biología sintética y la bioinformática, ramas que ahora han crecido significativamente.  De hecho, a raíz de todos los desarrollos que se están dando al interior de estas, muchos hablan de que estamos, si no adentro, ad portas de una revolución científica.

Con el sistema CRISPR/Cas9, por ejemplo, podemos guardar información en soportes biológicos, y no en soportes informáticos. Hay experimentos interesantísimos al respecto con los códigos genéticos. Yo puedo, por ejemplo, intervenir el código genético de una bacteria y guardar ahí información, una imagen por ejemplo, tal como lo hago en una computadora.

¿Qué cambia? El soporte, porque el código no estaría en un soporte informático, la computadora, sino en uno biológico, la célula. En este sentido, la célula podría funcionar como una USB, podría contener información que nosotros incorporamos en su genoma. Cuando yo quiera replicar su información, simplemente le añado agua y azúcar y hago que se reproduzca. Y si analizo lo que hay en el genoma de esta nueva célula encontraré la imagen que condifiqué en la anterior.

Esto nos podría llevar a pensar que podríamos tener un bosque, que no solo cumple con sus funciones ecológicas, sino que también archiva y guarda información. Todo a partir de la edición, del corte y de la modificación genética.

Un bosque entonces podría reemplazar esos servidores, que ahora llamamos ‘la nube’ y que consumen muchísima energía. Tendríamos organismos biológicos que consumen la energía del sol y que realizan todas sus funciones ecológicas, pero con un plus. Aquí estoy especulando. Habría que pulir y desarrollar la tecnología, pero la base digamos que ya está, pues ya hay uno que otro experimento en esta dirección.

Regresemos al mejoramiento de plantas y cultivos. ¿Cuál es la diferencia entre la edición genética y los transgénicos?

Existen muchas respuestas al respecto y los debates aún no están cerrados. Lo que diría es que los organismos genéticamente modificados o transgénicos se crean a partir de la introducción de un gen externo al individuo que se quiere mejorar. Tienes una manzana y le agregas el gen de una pera, por ejemplo. La edición genética no funciona así, porque no estás introduciendo ningún gen de otro organismo, sino modificando el propio genoma o acelerando ciertos rasgos que son óptimos. Por esto algunas regulaciones no consideran que las plantas mejoradas con edición genética deben ser considerados como transgénicos y por tanto su escalamiento para uso comercial es más sencillo.

¿Qué riesgos o problemas aparecen en las aplicaciones de la CRISPR/Cas9?

La tecnología es sin duda interesante, pero el terreno es movedizo aún y se encuentra en permanente investigación. El problema principal, a nivel científico, es la reparación. Si nosotros cortamos el genoma, con esta técnica que funciona como unas tijeras, la célula entra en un proceso de reparación. Ese proceso de reparación no es exactamente como quisiéramos. Tal vez, los mismos mecanismos de costura de una célula pueden cambiar una base química del ADN por otra, una Adenina (A) por una Guanina (G), y el resultado cambia.

Uno de los últimos avances en esto es no usar la proteína Cas9, sino otras proteínas que no se comportan como tijeras que cortan, sino que pueden modificar la letra del genoma. Pueden tapar una A y poner en su lugar una G. Si los experimentos con esto funcionan, no tendríamos el problema del proceso de reparación celular que viene después.

En cuanto a los procesos de mejoramiento en plantas, ¿en qué van las investigaciones? ¿En Colombia también se investiga?

En plantas las investigaciones son muchas a nivel mundial. China, por ejemplo, hace un mes sacó un marco regulatorio para la edición genética de plantas y alimentos. Así que ya no solo se trata de investigación, sino de aplicaciones. Se ha probado esta tecnología en la creación de tomate tolerante al calor, arroz de alto rendimiento, arroz alto en fibra, maíz de alto rendimiento, trigo de alto rendimiento, trigo resistente a hongos, maíz resistente a herbicidas, entre otros.

En Colombia también se han hecho cosas. En la Universidad Nacional de Colombia, en la Eafit y en Agrosavia se han realizado algunas investigaciones sobre edición genética en caña de azúcar y en papa, pero son muy pequeñas. Para avanzar en estos ejercicios, requerimos de un sistema de investigación integral, mucho más maduro, que nos permita conectarnos con centros de investigación de otros países. Y también necesitamos imprimirle mayor dinamismo a nuestra investigación y sobre todo orientarla hacia algo en específico, es decir, especializarnos.

¿En qué podría especializarse la investigación científica colombiana?

Podemos empezar por conocer eso que llamamos ‘biodiversidad’. Aquí hablamos mucho de que Colombia es un país biodiverso y de que hay que cuidar la biodiversidad, pero si miramos no conocemos mucho qué es esto. A nivel genético, la biodiversidad —de plantas, de animales, de microorganismos— puede ser vista como una gran biblioteca de información que aún no ha sido leída ni estudiada. La red de colecciones biológicas que tiene el país es bastante marginal. Nosotros deberíamos estar en permanente expedición botánica-microbiológica-animal.

¿Qué tanto se ha empezado a invertir en el desarrollo de esta tecnología?

Dadas las amplias posibilidades de la CRISPR/Cas9, desde hace unos años las inversiones en investigación han crecido exponencialmente. Jennifer A. Doudna, la científica que creó esta técnica y que fue Premio Nobel de Química en 2020, en 2017 fundó una startup o empresa emergente de tecnología. Su objetivo es investigar sobre las aplicaciones de esta técnica en la cura contra el cáncer, por ejemplo. Y ese no es un caso aislado, es un camino cada vez más frecuente que siguen los grupos de investigación en los sistemas de innovación tecnológica.

En 2017, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) —una agencia del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos— abrió un período de discusión para reglamentar la aplicación de esta técnica en el mejoramiento de plantas. A partir de esto han surgido preguntas interesantes: ¿los productos que surgen a partir de edición genética son equiparables a los transgénicos (organismos genéticamente modificados)? ¿La edición genética podría ser, más bien, un proceso de mejoramiento convencional en los que se busca acelerar esos rasgos potenciales que tiene el propio individuo? ¿Qué regulación debe aplicar: la de transgénicos o la de mejoramiento convencional?

Además de estas discusiones, que son muy valiosas, en Estados Unidos se ha favorecido la investigación de esta técnica y de sus aplicaciones. Hay muchas empresas, universidades y centros de investigación que están investigando y están patentando un montón de tecnologías relativas a esta técnica. Incluso hay toda una batalla financiera al respecto. El instituto BROAD del MIT y la Universidad de California en Berkeley han litigado por más de diez años por ver quién patentó primero la tecnología CRISPR como herramienta de edición genética.

En China también hay grandes inversiones al respecto. El gobierno Chino ha gastado cerca de 10.000 millones de dólares en financiar proyectos de investigación agrícola durante la última década y ha publicado más artículos de investigación sobre CRISPR que cualquier otro país. Adicionalmente, como mencioné antes, ya dejó en pie el marco regulatorio para comercializar cultivos y alimentos editados genéticamente.

Volvamos sobre las inversiones económicas. En Colombia es muy difícil crear empresas dedicadas al desarrollo tecnológico y tampoco es común que las investigaciones se trasladen al sector productivo. En este panorama, ¿cómo este tipo de procesos tecnológicos podrían tener cabida en Colombia?

Cuando analizamos la percepción social de la ciencia y la tecnología, encontramos algunas respuestas a tu pregunta. No se conoce todavía qué piensa nuestra sociedad sobre todo esto. La palabra ‘ciencia’ y ‘científico’ tienen atributos positivos, nadie los asocia con aspectos negativos. Pero empezamos a patinar cuando hablamos de ‘biotecnología’ y, mucho más, si juntamos esta palabra con expresiones como ‘cultivos nativos’.

Entonces uno de los desafíos más grandes que tiene un país como el nuestro es fortalecer y mejorar la cultura científica y tecnológica de la sociedad. Esto no quiere decir que convirtamos a todos los ciudadanos en científicos, sino que todos entiendan más o menos de qué estamos hablando cuando hablamos de ciencia. Seguramente, cualquier persona podría explicarnos cómo funciona el fútbol, pero casi nadie sabe ni entiende el mecanismo que permite que un mensaje se transmita de un teléfono a otro. Esto es muy preocupante, porque estamos hablando de tecnologías con las que nos relacionamos a diario. Igual pasa con la agricultura y los alimentos.    

¿Para qué una cultura científica y tecnológica? Para que podamos tener deliberaciones públicas interesantes. El desarrollo de la ciencia y la tecnología se hace con la sociedad y no solo para la sociedad. Y para que estas deliberaciones no solo se queden en palabras, sino que favorezcan la inversión pública y la inversión privada en ciencia y tecnología, si la gente piensa que es importante para su calidad de vida el político ve que asignando recursos a esto la ciudadanía se lo reconocerá. Esto hoy no sucede. Mucha gente prefiere votar por el político que remodeló el parque principal y no por el que invirtió en un nuevo laboratorio.  Pero, además, que nos dotemos de unas normas que ayuden a gestionar el riesgo. Esto último es importantísimo cuando hablamos de desarrollo de tecnologías en Colombia. ¿Por qué? Porque los resultados de la investigación no siempre son los esperados, el fracaso hace parte del proceso. A veces las cosas resultan y a veces no. Ocurre que cuando no, entonces culpan a los centros de investigación y a los mismos científicos de robarse la plata y de ser unos corruptos. Se debe entender socialmente que el riesgo es inherente a la innovación tecnológica y el fracaso puntual hace parte del éxito del proceso.

La transición

Estamos en un proceso de cambios acelerados. La crisis climática ha hecho que el poder político tenga que tomar decisiones en la dirección de la «descarbonización» de la economía. Esta es una forma de decir que necesitamos una economía basada en sistemas técnicos de generación de energía que no emitan gases efecto invernadero (GEI) a la atmósfera.

La transición hacia esos sistemas técnicos debe entenderse como algo más complejo que la sustitución de la fuentes de energía para remplazar el petróleo por viento o sol. Esa transición debería ser también hacia la transformación de los factores extrínsecos que intervienen en estos sistemas técnicos de generación energética. Me explico: la manera en que está organizado el sistema energético, empresas generadoras que constituyen oligopolios que controlan la producción, distribución y comercialización de la energía también debería estar en transición hacia un modelo más abierto, descentralizado, democrático y competitivo.

Todo nuevo arreglo tiene un coste. La discusión en la esfera de lo político debería estar orientada a ilustrar sobre la manera en que en la sociedad se distribuirán esos costes. Sin embargo, parece que la simplificación del problema tecnológico (nada ingenua) de creer que la transición tecnológica es un problema solo de sustitución de fuentes de energía, enmascara una discusión pública que debería ser mucho más amplia y que seguramente apuntaría a los agentes privilegiados del modelo actual para que sean éstos los que contribuyan con un sentido de equidad a pagar ese costo de transición.

La transición conlleva una visión ecológica del problema y eso significa una definición diferente de lo que en la esfera internacional (dominante) se ha entendido como <desarrollo>. Hay aportaciones en diversas tradiciones populares que enseñan que es posible enriquecer esa noción de desarrollo humano y su correspondiente traducción al sistema económico, siendo cuidadosos para no ahogar la razón en medio de un lenguaje místico que oscurezca cualquier razonamiento y nos lleve a la inacción.

La gobernanza de cualquier sistema técnico (tecnología) es por definición una cuestión de poder. La aversión al uso de algunas tecnologías y la apelación al principio de precaución, enmascara en algunas ocasiones, esta discusión política. Los factores intrínsecos de algunas de estas tecnologías muestran que son las más ajustadas en términos de objetivos/resultados; sin embargo, los factores extrínsecos de esas tecnologías; es decir, la forma de transferirlas a la sociedad y la manera en que se implantan y gobiernan (incluso sus propios riesgos) es muy poco ajustada: beneficios individuales/ beneficios sociales.

Estamos en un proceso de rápida transición y es urgente que emerjan estas discusiones de forma pública y didáctica. El costo que tenemos que pagar debe ser asumido con equidad, fraternidad y libertad.

Redes

Las redes están de moda. Estamos conectados por la world wide web, tenemos redes sociales, algunas empresas dicen que están organizadas en red, (…)

La comprensión del relacionamiento de los objetos que hacen parte de un conjunto ha sido objeto de estudio desde hace mucho. La teoría de grafos no es nueva tiene más de 200 años. Su importancia radica en que la forma (en sentido amplio) en que se dan esas relaciones, confiere unas u otras características a todo el sistema. Entender esas relaciones permite un sinnúmero de aplicaciones prácticas.

El estudio de estas relaciones y la manera en que influyen en las normas sociales es determinante para lograr acelerar los sistemas regionales de innovación. La investigación en los campos del análisis social de redes y del comportamiento social tienen un área de intersección muy prometedor que dará luz para la formulación de políticas y estrategias más efectivas para la transformación de estos sistemas sociales.

Sofisma tecnológico

Con frecuencia se escuchan opiniones que caen en el sofisma tecnológico. Aquella creencia arraigada en el sentido común, en que la tecnología determina el rumbo de las sociedades. Se inventó el papel y esa sociedad empezó a conservar información, se inventó la imprenta y se masificó la lectura, se inventó la bicicleta y se favoreció que la gente se desplazara a lugares más lejanos, …

En realidad este sofisma es la consecuencia del determinismo tecnológico que está tan presente en expresiones como «subirse al tren de la tecnología». En el sector agropecuario muchos afirman que la asistencia técnica debe ser menos técnica y más social, menos clorofílica, dicen; y se equivocan. La asistencia técnica debe ser integral y competente.

En realidad los sistemas técnicos son una expresión de los valores, conocimientos y normas de la sociedad. Reducir la comprensión de cualquier tecnología solo mirando los artefactos y considerar que éstos son los que van a imprimir una determinada forma de ser como sociedad es falaz. No hay nada más social que la técnica y por esta razón la democracia tecnológica es uno de los ámbitos más importantes para salir de la crisis actual.

Se inventó el papel porque en la China de la dinastía Han se consolidó la tradición legista y burocrática, que a su vez había hecho esfuerzos por rescatar textos confucianos en soportes de bambú y ese interés por archivar información llevo a una innovación llamada papel. No fue el papel el que hizo que la sociedad escribiera y leyera, fue una sociedad que consideraba importante leer y escribir la que inventó el papel.

Percepción

Modelo socioeconómico que reduce la dependencia de las fuentes fósiles de combustibles y promueve el uso de los recursos biológicos de forma sostenible, por medio de la generación y uso intensivo de conocimiento-tecnología para producir bienes y servicios en diferentes sectores (bioenergía, agricultura y alimentación, salud, materiales -bioplásticos, industria. Esto es la bioeconomía.

La bioeconomía parece un horizonte sensato para orientar nuestros esfuerzos y desarrollar una economía productiva de alto valor. Sin embargo, el desarrollo tecnológico que se requiere para aprovechar la biodiversidad y orientar el proceso productivo bajo los principios de una economía circular no es trivial.

El país debería emocionarse y rodear al sistema de ciencia y tecnología para lograr este propósito. Un tejido empresarial con departamentos robustos de I+D, universidades formando y haciendo investigación de calidad, centros de investigación, desarrollo tecnológico e innovación orientados a la transferencia, una normatividad que incentive el riesgo y una sociedad curiosa, que percibe que la ciencia y la tecnología están en la base de su calidad de vida, forman una red de relaciones necesaria para lograr que la bioeconomía fuera la base de la economía circular de un país como Colombia.

¿En dónde están hoy los conocimientos, intereses y las actitudes de la ciudadanía?

Hambre III

La deforestación en la Amazonía y la Orinoquía es un tema de trascendencia planetaria. La seguridad alimentaria, la salud pública y la estabilidad política están en riesgo. La rápida pérdida de biodiversidad nos está poniendo en un escenario de vulnerabilidad que será muy difícil de gestionar y tendrá impactos a escala planetaria. Por supuesto, las regiones más empobrecidas se están viendo afectadas más rápidamente; sin embargo, este problema sistémico ira encadenando consecuencias a escala planetaria.

Los incendios de las últimas semanas en amplias regiones de Colombia y particularmente en el departamento del Guaviare, en donde se sabe que hay intereses muy particulares detrás de esos incendios, son particularmente graves. La falta de una política seria y eficaz ha llevado a que año tras año se incremente el problema, sin atacar ninguna de sus causas. La declaratoria de zonas de protección y reserva sin ninguna otra intervención no sirve para evitar la deforestación y cambiar la trayectoria dramática de esta situación.

Entender a profundidad la dinámica de esos territorios y desarrollar los mecanismos de ordenamiento y gestión del suelo, usando las mejores alternativas técnicas, basados en los principios de participación, control y seguimiento de las comunidades que viven en esas regiones, de forma que se garantice el respeto por sus modos de vida, debería ser la prioridad, al mismo tiempo que desarticular la estrategia perversa de algunos para adueñarse de amplias áreas de «tierras baldías» en zonas de reserva y protegidas.

La conectividad entre los ecosistemas andinos, amazónicos y de la orinoquia es clave para la biodiversidad planetaria y uno de las estructuras de soporte más importante para la alimentación de la población en esta parte del planeta y se está rompiendo a velocidades muy aceleradas. Detener ese proceso y cambiar de trayectoria debería ser una de las principales medidas de política económica (economía con mayúsculas) del país.

Medidas radicales como declaratorias de áreas protegidas y de reserva para proteger las áreas de valor de la biodiversidad pueden poner en peligro la seguridad alimentaria y la salud humana en las regiones más vulnerables del mundo, si no hay una adecuada articulación con las dinámicas socioeconómicas, los intereses políticos y las lógicas geoestratégicas.

Como se ve, no es un tema menor y tampoco un asunto solo de ambientalistas. ¿Qué dicen los candidatos?

Un momento al día

Leyendo el Diario rural de Susan Fenimore Cooper hago conciencia de la importancia de observar, detener la inercia del día y contemplar la naturaleza. Un momento al día para reconocer el medio natural y vernos en la manera en que la luna refleja un brillo distinto cada día, la intensidad del trino de algún pájaro al que le seguimos la pista, la manera en que la floración de una planta comienza a decaer, (…)

Algunos afirman que las niñas y los niños de hoy no conocen el medio natural y casi siempre esos que lo afirman no pasan de tener unas referencias básicas de la biología muy alejadas de la contemplación necesaria que requiere cualquier conocimiento de algo, porque es en los matices en los que habita la profundidad de lo que podemos llegar a saber.

El trabajo de estos naturalistas, de estos observadores, ha sido y es de gran valor para desvelarnos la importancia de mantener despierta la curiosidad; condición indispensable para hacer ciencia.

La transición

La simplificación en el análisis y la comprensión de los sistemas agroalimentarios se traduce en políticas que afectan a los agricultores en un extremo y a los consumidores en el otro, dejándoles muy poco margen para lidiar con los riesgos: pobreza y hambre están al acecho. Una adecuada gestión del riesgo empieza por la comprensión profunda del sistema para identificar adecuadamente las amenazas que se pueden presentar, calibrar qué tan susceptible se es frente a éstas y tomar las medidas más convenientes que reduzcan la vulnerabilidad ante situaciones críticas y adversas.

Los agrosistemas también deben ser analizados en toda su complejidad. Reducir su éxito a la implantación de «paquetes tecnológicos» es una simplificación peligrosa. El agrosistema es dinámico en sus factores biológicos, socioeconómicos y culturales. La innovación no es otra cosa que advertir este hecho y buscar las mejores oportunidades de mejora en ese devenir constante. Hoy en día los productores agropecuarios y en particular los agricultores campesinos tienen cada vez menos alternativas para lidiar con situaciones críticas como la pérdida de sus cultivos por plagas y enfermedades, la pérdida de fertilidad en los suelos, la escases y contaminación del agua, la poca transparencia en los mercados, los precarios mecanismos de información y la poca infraestructura pública.

Las opciones tecnológicas que se requieren no deben ser confundidas con artefactos y recomendaciones. Los agricultores necesitan contar con sistemas técnicos complejos en donde el artefacto, su disponibilidad, gestión e innovación estén presentes en la dinámica territorial concreta en donde esté el agrosistema. Que los productores usen un artefacto o sigan una recomendación solo es una parte del proceso que algunos llaman adopción. La tecnología debe integrarse a las dinámicas productivas mostrando su eficacia para obtener los resultados que se quieren de manera consistente.

La producción no es solo responsabilidad del agricultor y el problema tecnológico, es decir, el cómo producir lo que se quiere producir, no es solo una asunto de oferta y demanda. El sistema agroalimentario actual está poniendo en riesgo el ecosistema; aumentar los rendimientos para alimentar a la población, hacer un mejor uso de los fertilizantes nitrogenados y fosforados y en general de los insumos agrícolas incluyendo los antibióticos, un uso mucho más eficiente del agua, conservar la fertilidad del suelo, contribuir a la mitigación del cambio climático son hoy en día necesidades apremiantes. El desarrollo de nuevas tecnologías y los procesos de innnovación se deben enmarcan en esta urgencia y todos los nodos de ese sistema agroalimentario: agricultores, asistentes técnicos, científicos y desarrolladores de tecnología, consumidores, gestores públicos deben implicarse de forma coherente en la transición del sistema agroalimentario.

¿Qué proponen los políticos para lograr esa transición urgente y necesaria hacia un sistema agroalimentario sostenible?

PD. No vale solo decir que sembrar más aguacates, dar más asistencia técnica o comprar cosechas …