¿Qué es el SNIA?

Ley 1876 de 2017 crea el Sistema nacional de innovación agropecuaria, notas para la reflexión.

La ley como toda ley es un marco normativo.  En este caso son unas reglas de juego que permiten llevar a cabo una serie de acciones que tienen como objetivo incrementar el ritmo y la contundencia de la innovación del sector agropecuario para mejorar su competitividad.

Esta ley abre una ventana de oportunidad.  Pero es ni más, ni menos, solo eso:  una oportunidad. La actividad productiva se caracteriza por el dinamismo constante. Las circunstancias evolucionan permanentemente conllevando problemas y oportunidades. Los viajes plácidos a velocidad constante en donde se conoce de antemano el destino no existen en la aventura de la producción.  Por esta razón es que la innovación entendida como la capacidad de anticiparse y acortar el tiempo de respuesta a las circunstancias productivas se hace imprescindible.  La innovación es la que hace posible lo que otros pensaban improbable.

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Una sociedad más innovadora y un sector agropecuario más competitivo necesitan que la educación, la investigación y la extensión no sean compartimentos estancos en los que cada uno viva ensimismado en su realidad orientado hacia el logro de sus objetivos específicos.  El ámbito de la producción requiere que educación, extensión e investigación se articulen en la conformación de un sistema que favorezca ese proceso innovador que es capaz de crear y agregar valor.

La encrucijada que enfrenta el sector es compleja. De un lado, la satisfacción de las necesidades básicas de los habitantes del medio rural no da espera.  Los indicadores muestran que una sociedad que se llame democrática debe ponerlos en el centro de cualquier política que busque la cohesión social; de otra parte, mejorar la productividad del sector se hace imprescindible a la hora de generar riqueza.   Por esta razón, el sistema de innovación agropecuaria no puede definirse de manera simplista y debe orientarse por una serie de principios amplios que se complementen entre sí.  La articulación, el enfoque territorial, diferencial y de género, la asociatividad, la orientación hacia el desarrollo sostenible, la participación de todos los miembros del sistema, la seguridad alimentaria, el reconocimiento de la propiedad intelectual y el rol protagónico del productor en el proceso de la innovación son principios irrenunciables.

Los procesos y las instancias de gobernanza, articulación y participación se vuelven concretos en espacios geográficos acotados y definidos por lo que la ley denomina:  sistemas territoriales de innovación.  Esta forma de transcender una mirada sectorial y político-administrativa permite el desarrollo de las potencialidades del medio natural y social, de forma que se ordene mejor la producción y se gane en competitividad.  El tablero de juego es complejo y los competidores son buenos.

En medio de este contexto, la extensión agropecuaria se define como un subsistema que tiene como objetivo acompañar al productor comprendiendo sus circunstancias para gestionar el desarrollo de sus capacidades individuales, colectivas y sociales, por medio de una adecuada articulación con el entorno y el acceso al conocimiento, tecnologías, productos y servicios de apoyo.  En este subsistema el rol del extensionista como mediador entre las dinámicas propias de la producción con las de la investigación y la capacitación es clave. Aquella imagen de un personaje visitando la finca del productor para ofrecer un listado de consejos sobre cómo hacer las cosas queda superado por una en la que: productor, investigador, educador se alinean para innovar gracias al trabajo silencioso pero efectivo del extensionista.

Es el momento de la confianza.  Hay que estudiar la ley y buscar entre todos articular poderosos vínculos afectivos y epistémicos. La confianza en que seamos capaces de consolidar territorios innovadores en donde la actividad agrícola genere valor debe ser el suelo sobre el que se apoyen nuestros pies para generar un mejor país, uno en el que quepamos todos.

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¿Qué es la transferencia de tecnología?

A raíz de una presentación reflexionaba sobre esta pregunta hace unos días.  La presentación iniciaba con una provocación para salir del sentido común:  ¿si una persona usa una tecnología podemos decir que la hemos transferido?

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La transferencia de tecnología está conformada por dos términos.  El primero hace referencia a la geografía.  Se transfiere a un espacio complejo, a un lugar concreto que se comporta como un sistema de objetos y acciones atravesado por una dinámica económica de relaciones horizontales y verticales.  El segundo término hace referencia a la expresión que denomina la forma en que los humanes nos relacionamos con el medio, es decir, con aquello que está afuera del mundo de las ideas.

La tecnología tiene unos rasgos característicos:

  • Interviene en la realidad
  • Se puede definir como en forma de sistemas tecnológicos
  • Interviene la realidad en función de un objetivo
  • La tecnología es útil
  • Actividad económica – Bienestar social
  • Acción inspirada en el conocimiento

Teniendo en cuenta lo anterior la respuesta a la pregunta inicial es NO.  Transferir la tecnología no es solo conseguir que un usuario haga uso de ésta.  Los procesos de difusión y transferencia de tecnologías son procesos de transmisión cultural, por tanto se refieren a las capacidades técnicas y al universo de valores culturales que darán marco al uso de la tecnología trasladada.  Conviene tener esto presente al momento de diseñar estrategias que busquen llevar nuevas tecnologías, así como medir el impacto de este tipo de procesos, debido a que al final del día, se está hablando de procesos adaptativos, de transformaciones culturales que deberían buscan el bienestar individual y social.

De otro lado, vale la pena señalar que no todos los sistemas técnicos comparten características similares y positivas.  Hay unos que son deseables desde un punto de vista social porque llevan a la mejor aspiración de una sociedad: la libertad.  Ese tipo de tecnologías son entrañables y se caracterizan por:

  • Ser abiertas (accesible + apropiable).
  • Pueden ser polivalentes (susceptible de usos alternativos coevolucionan).
  • Ser dóciles.  El usuario las puede controlar.
  • Las consecuencias de su uso son previsibles.
  • Recuperables.  Hay facilidad para su mantenimiento y reparación.
  • Comprensible.  Su diseño es manifiesto.
  • Participativa.  Es socialmente inclusiva;  facilita y promueve la cooperación humana.
  • Debe ser sostenible y hacer uso eficiente de la energía y los recursos.
  • Es socialmente responsable y las consecuencias de su uso no empeoran la sitiación de los colectivos más débiles y discriminados.

 

 

 

¿Y qué opina la gente?

La percepción de la ciudadanía frente al cambio climático es clara:  identifican la amenaza.  Es verdad que con mayor intensidad en los países periféricos y eso es preocupante.

El tema ha ganado posición en la agenda política pero aún está divorciado de la verdadera discusión:  el modelo  de generación y consumo energético y la forma de vida de la sociedad moderna que exacerba el consumo.  Preocupa que la ciudadanía de los países desarrollados percibe el riesgo de este cambio climático acelerado pero no lo ve como un peligro.  Aún la fe ciega en la tecnología hace que no se le asigne la prioridad que merece un urgente cambio de rumbo.  Aún los intereses dominantes controlan  muchos mecanismos implicados en la manera en que la gente asigna credibilidad a una opinión.

En países periféricos la estrategia debería basarse en privilegiar acciones de adaptación.  Y debe considerarse que estas acciones son transversales a todos los sectores: infraestructuras, educación, salud, etc.

El tiempo juega en contra.

 

Agricultura climáticamente inteligente

La FAO está promoviendo una forma de hacer agricultura que incorpore el clima y su variabilidad como variable constitutiva del sistema. El planteamiento no es nuevo. Lo nuevo es la urgencia que impone el contexto de cambio climático y sus costos. Este enfoque busca: 1) incrementar de forma sostenible la productividad y los ingresos agrícolas; 2)adaptar y desarrollar resiliencia al cambio climático; 3) reducir y/o eliminar las emisiones de gases de efecto invernadero donde sea posible.

Proyecto ejecutado por Corpoica y financiado por el Fondo Adpatación
Proyecto ejecutado por Corpoica y financiado por el Fondo Adpatación.

En Colombia, Corpoica, está llevando a cabo un proyecto denominado Modelos de adaptación y prevención agroclimática (MAPA) que está “aterrizando este enfoque” a la realidad productiva de detarminados sistemas de cultivo en una gran diversidad de regiones con variadas y complejas características territoriales.

La expresión “aterrizar” hace referencia a la necesidad de comprender, incorporar y traducir en nuevas prácticas lo que se hace convencionalmente, incluso desde la perspectiva de las buenas prácticas agrícolas.  Por ejemplo:  ¿Es posible relacionar las etapas del cultivo a las predicciones meteorológicas en una parcela de cultivo, de forma que se puedan implantar opciones tecnológicas que disminuyan el riego a excesos o déficit de agua en el suelo?  ¿Es posible hacer esto en el marco de la agricultura familiar?

La posibilidad real de hacerlo puede ser difundida por los servicios locales de asistencia técnica pero obviamente esto requiere de unos servicios cuyos miembros hayan incorporado este enfoque en su lógica de actuación y sus actividades cotidianas, de forma que su consejo técnico esté mediado por la comprensión del clima y la gestión que se puede hacer de esta comprensión en la práctica agrícola.

La estrategia que el proyecto está siguiendo para generar esta capacidad local es novedoso:  De un lado, busca que en las regiones los asistentes técnicos trabajen en red; de otra parte, quiere que en el marco de esa red funcional, los asistentes técnicos adquieran hábitos de comunidad de práctica que los haga sujetos activos de la adaptación de la agricultura al cambio climático.

 

 

 

Inteligencia, conocimiento y sabiduría

En los últimos tiempos he estado sumergido en un entorno que usa con frecuencia expresiones como: gestión del conocimiento, redes de conocimiento y de producto, innovación, entre otras.  También, he tenido la sensación de que no se entienden bien los diferentes matices de cada expresión, el concepto que encierra y los valores que las soportan.

Vivimos en un tiempo de sobreabundancia de información. Sin embargo, las herramientas para organizarla, clasificarla, visualizarla, comprenderla y apropiársela son cada vez recursos más escasos.

No sobra recordar el objetivo:

Sabiduría

 

Innovación

La innovación es el “mantra de este tiempo”.  Sin embargo, la innovación conlleva una dimensión personalísma que de forma agregada marca el rasgo de las organizaciones.

Este vídeo ayuda a entender cómo conceptos como: zona de confort, zona de aprendizaje, autoconfianza, entre otros, deben estar en la base de cualquier proceso innovador.

¿Por qué cultivas?

Es la pregunta que le hace Luis a Eudald en su huerto. Es la pregunta que yo mismo me hice cuando decidí estudiar agronomía. Aún sigo descubrindo nuevos matices en la respuesta.

Recomiendo especialmente este trabajo de Luis Quevedo, Iván Yamir y Alfonso Par en el que se fijan un objetivo: buscar al primer europeo.