14 ideas para la paz

  1. La transformación de los sistemas agroalimentarios es necesaria y ojalá fuera inminente.
  2. Generar biomasa y calorías no debe ser el único objetivo del sistema.
  3. La adaptación al #CambioClimático pasa por esa urgente transformación pero esta requiere de voluntad ciudadana, acción política y de investigación científica, desarrollo y mucha innovación.
  4. La política científica es una cosa y la política en I+D+i es otra.  Relacionadas y complementarias pero diferentes.  Amparar ambas bajo el objetivo de la competitividad es un error. Tener una sola agenda de investigación, desarrollo e innovación otro.
  5. Ambas políticas necesitan de la educación y la divulgación científica como mecanismo de aprendizaje colectivo.  La incorporación de la cultura científica (identidad universal) a la cultura en general (identidad local) es imprescindible y condición de posibilidad para el desarrollo de una sociedad del conocimiento que genere valor y bienestar.
  6. La investigación científica debe ser autónoma y su orientación no puede estar subordinada a la agenda política y menos al vaivén electoral.
  7. Una economía basada en conocimiento y competitiva debe invertir en I+D al menos el 4 % del PIB.  Lo demás es carreta y hoy estamos lejos de eso. IMG_2257
  8. Difundir conocimiento científico y tecnológico debe ser una actividad amparada por el derecho de todo ciudadano a estar informado (ilustrado) y debe hacerse sin restricciones, ni deformaciones.  No es marketing, ni debe estar mediado por el mercado y el interés comercial.
  9. En un país tan biodiverso como Colombia, orientar la transformación del sistema agroalimentario requiere de mucha I+D+i para que se creen ventajas competitivas basadas en esa biodiversidad, pero esto no lo hacen solo los centros de investigación o las universidades sin involucrar a los empresarios y (bio) industriales y en general al tejido productivo.
  10. Con al menos 2 %  de los presupuestos del Estado provenientes de regalías u otras fuentes se podrían incubar 1000 proyectos de alta tecnología por año con participación del sector privado y comunitario en un modelo más versátil y práctico que el actual.
  11. El rol del investigador que genera tecnología es tan importante como el del que la transfiere.  Ambas son facetas de la misma moneda y deben orientarse a la solución de problemas concretos, acotados y bien diagnosticados del sistema agroalimentario actual.
  12. Una política bien dirigida y financiada de I+D+i debe apropiarse del territorio generando sistemas de innovación interconectados que lo cohesionen. Una red de innovación.  Estos sistemas no se gestan por obra y gracia de una norma.  Se deben estimular y cultivar por medio de una serie de acciones complementarias en diversos ámbitos intersectoriales.
  13. Produce inmensa tristeza asistir al debate político y constatar que su única aspiración es vencer al contradictor, mientras la sociedad se desangra ante intereses y ganancias que vistas en la perspectiva del desafío planetario por la crisis climática parecen no solo mezquinas si no insignificantes.
  14. Es urgente democratizar la gestión y el control de la tecnología en nuestras sociedades y hay que repensar las instituciones actuales pues éstas hoy están capturadas por determinados lobbies y así la transformación de estos sistemas agroalimentarios con el propósito de vertebrar los territorios, mejorar la integridad ecológica, construir tejido comunitario, adaptarse al #CambioClimático y proveer nutrición sana y balanceada será una quimera.

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¿Qué es un sistema de ciencia y tecnología?

Los animales estamos constantemente recibiendo y procesando información para movernos por el mundo.  Vamos elaborando representaciones de la realidad con el fin de conseguir los objetivos que nos proponemos.

Dentro de los animales «craneados», es decir, que tenemos este equipamiento maravilloso llamado cerebro, los humanes hacemos representaciones bastante complejas de ese mundo exterior y las conservamos y socializamos mediante el lenguaje.

Para ser más exitosos en lo que nos proponemos debemos lograr un mayor ajuste entre la representación que construimos y la realidad.  Cuando esos modelos explicativos se ajustan a la realidad decimos que son verdaderos.  Por esto es que la verdad principal valor de la ciencia. Acá una precisión: verdad (una propiedad objetiva de la representación) no es lo mismo que veracidad (una capacidad moral: la intención de querer decir siempre la verdad).   Además de la verdad, hay otra condición muy importante para la ciencia: La consistencia de los modelos explicativos que se elaboran.

¿Quién hace la ciencia?

En las sociedades modernas la ciencia es un propósito social que se lleva a cabo por medio de un sistema de ciencia y tecnología.  Cuando se dice sistema se hace referencia a una estructura, unos componentes y unos procesos.  Por tanto, en un sistema de ciencia se pueden encontrar científicos, administrativos, educadores, filósofos, sociólogos, políticos, abogados, editores, periodistas, que cumplan algún papel en la generación y socialización de modelos explicativos.   También, el sistema está compuesto de instituciones claves como:  centros de investigación, medios de comunicación, periodismo científico, empresas con base tecnológica, unidades legislativas especializadas, entre otras.  Por tanto, hacen ciencia muchas personas y hay muchos roles que deben articularse con ese propósito.

Hoy cuando la Covid-19 ha confinado al mundo por miedo al contagio masivo y el posible colapso de la salud pública si esto llegara a pasar, vale la pena reflexionar sobre cómo se hace la ciencia y qué no hicimos como sociedad planetaria para tratar de prevenir esta enfermedad.

La respuesta fácil sería identificar a un culpable y sentir algo de tranquilidad acusándolo de todos nuestros problemas, pero en realidad lo que ha ocurrido es consecuencia de no tener como sociedad planetaria una correcta escala de valores y prioridades.

La verdad parece un valor que debería encabezar nuestra escala de valores para movernos con menor riesgo por el mundo.  Esto parecería lo más sensato.  Y para ello la prioridad debería ser dotarnos de un sistema de ciencia y tecnología robusto.

Ahora cuando estamos con el agua al cuello por la pandemia en medio de un contexto de crisis climática, empezamos a comprender que no podemos simplemente «comprar» ciencia.  Tener un sistema de ciencia y tecnología robusto que de luces sobre cómo satisfacer las necesidades de la sociedad en materia de salud, por ejemplo, requiere tiempo.  Se puede invertir mucho dinero para construir un centro de investigación y equiparlo, pero si no tenemos comunidades de científicos no lograríamos lo que buscamos; podemos tener buenos científicos en red y dotarlos con equipos para que lleven a cabo su labor pero si las políticas CyT no son las adecuadas el sistema pierde efectividad y fracasaremos, en fin …

Si fijamos prioridades y definimos medidas urgentes, me gustaría proponer lo siguiente: los países como Colombia necesitan tener más y mejores científicos para hacer más investigaciones que ayuden a conocerlo mejor y orienten nuestras decisiones en base a la verdad, es decir, a modelos más ajustados a como es la realidad. Esto solo se logra si gente joven aspira a serlo.  Es apasionante.  Pero de otro lado, como ya lo mencioné antes, no se trata de que todos seamos científicos, no solo los científicos hacen ciencia.  También se necesita, sobre todo, ciudadanos con una visión profunda de lo que es la ciencia y la tecnología, de forma que participen activamente en su construcción. Ahí ustedes son la esperanza.

¿Qué es el SNIA?

Ley 1876 de 2017 crea el Sistema nacional de innovación agropecuaria, notas para la reflexión.

La ley como toda ley es un marco normativo.  En este caso son unas reglas de juego que permiten llevar a cabo una serie de acciones que tienen como objetivo incrementar el ritmo y la contundencia de la innovación del sector agropecuario para mejorar su competitividad.

Esta ley abre una ventana de oportunidad.  Pero es ni más, ni menos, solo eso:  una oportunidad. La actividad productiva se caracteriza por el dinamismo constante. Las circunstancias evolucionan permanentemente conllevando problemas y oportunidades. Los viajes plácidos a velocidad constante en donde se conoce de antemano el destino no existen en la aventura de la producción.  Por esta razón es que la innovación entendida como la capacidad de anticiparse y acortar el tiempo de respuesta a las circunstancias productivas se hace imprescindible.  La innovación es la que hace posible lo que otros pensaban improbable.

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Una sociedad más innovadora y un sector agropecuario más competitivo necesitan que la educación, la investigación y la extensión no sean compartimentos estancos en los que cada uno viva ensimismado en su realidad orientado hacia el logro de sus objetivos específicos.  El ámbito de la producción requiere que educación, extensión e investigación se articulen en la conformación de un sistema que favorezca ese proceso innovador que es capaz de crear y agregar valor.

La encrucijada que enfrenta el sector es compleja. De un lado, la satisfacción de las necesidades básicas de los habitantes del medio rural no da espera.  Los indicadores muestran que una sociedad que se llame democrática debe ponerlos en el centro de cualquier política que busque la cohesión social; de otra parte, mejorar la productividad del sector se hace imprescindible a la hora de generar riqueza.   Por esta razón, el sistema de innovación agropecuaria no puede definirse de manera simplista y debe orientarse por una serie de principios amplios que se complementen entre sí.  La articulación, el enfoque territorial, diferencial y de género, la asociatividad, la orientación hacia el desarrollo sostenible, la participación de todos los miembros del sistema, la seguridad alimentaria, el reconocimiento de la propiedad intelectual y el rol protagónico del productor en el proceso de la innovación son principios irrenunciables.

Los procesos y las instancias de gobernanza, articulación y participación se vuelven concretos en espacios geográficos acotados y definidos por lo que la ley denomina:  sistemas territoriales de innovación.  Esta forma de transcender una mirada sectorial y político-administrativa permite el desarrollo de las potencialidades del medio natural y social, de forma que se ordene mejor la producción y se gane en competitividad.  El tablero de juego es complejo y los competidores son buenos.

En medio de este contexto, la extensión agropecuaria se define como un subsistema que tiene como objetivo acompañar al productor comprendiendo sus circunstancias para gestionar el desarrollo de sus capacidades individuales, colectivas y sociales, por medio de una adecuada articulación con el entorno y el acceso al conocimiento, tecnologías, productos y servicios de apoyo.  En este subsistema el rol del extensionista como mediador entre las dinámicas propias de la producción con las de la investigación y la capacitación es clave. Aquella imagen de un personaje visitando la finca del productor para ofrecer un listado de consejos sobre cómo hacer las cosas queda superado por una en la que: productor, investigador, educador se alinean para innovar gracias al trabajo silencioso pero efectivo del extensionista.

Es el momento de la confianza.  Hay que estudiar la ley y buscar entre todos articular poderosos vínculos afectivos y epistémicos. La confianza en que seamos capaces de consolidar territorios innovadores en donde la actividad agrícola genere valor debe ser el suelo sobre el que se apoyen nuestros pies para generar un mejor país, uno en el que quepamos todos.

¿Qué es la transferencia de tecnología?

A raíz de una presentación reflexionaba sobre esta pregunta hace unos días.  La presentación iniciaba con una provocación para salir del sentido común:  ¿si una persona usa una tecnología podemos decir que la hemos transferido?

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La transferencia de tecnología está conformada por dos términos.  El primero hace referencia a la geografía.  Se transfiere a un espacio complejo, a un lugar concreto que se comporta como un sistema de objetos y acciones atravesado por una dinámica económica de relaciones horizontales y verticales.  El segundo término hace referencia a la expresión que denomina la forma en que los humanes nos relacionamos con el medio, es decir, con aquello que está afuera del mundo de las ideas.

La tecnología tiene unos rasgos característicos:

  • Interviene en la realidad
  • Se puede definir como en forma de sistemas tecnológicos
  • Interviene la realidad en función de un objetivo
  • La tecnología es útil
  • Actividad económica – Bienestar social
  • Acción inspirada en el conocimiento

Teniendo en cuenta lo anterior la respuesta a la pregunta inicial es NO.  Transferir la tecnología no es solo conseguir que un usuario haga uso de ésta.  Los procesos de difusión y transferencia de tecnologías son procesos de transmisión cultural, por tanto se refieren a las capacidades técnicas y al universo de valores culturales que darán marco al uso de la tecnología trasladada.  Conviene tener esto presente al momento de diseñar estrategias que busquen llevar nuevas tecnologías, así como medir el impacto de este tipo de procesos, debido a que al final del día, se está hablando de procesos adaptativos, de transformaciones culturales que deberían buscan el bienestar individual y social.

De otro lado, vale la pena señalar que no todos los sistemas técnicos comparten características similares y positivas.  Hay unos que son deseables desde un punto de vista social porque llevan a la mejor aspiración de una sociedad: la libertad.  Ese tipo de tecnologías son entrañables y se caracterizan por:

  • Ser abiertas (accesible + apropiable).
  • Pueden ser polivalentes (susceptible de usos alternativos coevolucionan).
  • Ser dóciles.  El usuario las puede controlar.
  • Las consecuencias de su uso son previsibles.
  • Recuperables.  Hay facilidad para su mantenimiento y reparación.
  • Comprensible.  Su diseño es manifiesto.
  • Participativa.  Es socialmente inclusiva;  facilita y promueve la cooperación humana.
  • Debe ser sostenible y hacer uso eficiente de la energía y los recursos.
  • Es socialmente responsable y las consecuencias de su uso no empeoran la sitiación de los colectivos más débiles y discriminados.

 

 

 

¿Y qué opina la gente?

La percepción de la ciudadanía frente al cambio climático es clara:  identifican la amenaza.  Es verdad que con mayor intensidad en los países periféricos y eso es preocupante.

El tema ha ganado posición en la agenda política pero aún está divorciado de la verdadera discusión:  el modelo  de generación y consumo energético y la forma de vida de la sociedad moderna que exacerba el consumo.  Preocupa que la ciudadanía de los países desarrollados percibe el riesgo de este cambio climático acelerado pero no lo ve como un peligro.  Aún la fe ciega en la tecnología hace que no se le asigne la prioridad que merece un urgente cambio de rumbo.  Aún los intereses dominantes controlan  muchos mecanismos implicados en la manera en que la gente asigna credibilidad a una opinión.

En países periféricos la estrategia debería basarse en privilegiar acciones de adaptación.  Y debe considerarse que estas acciones son transversales a todos los sectores: infraestructuras, educación, salud, etc.

El tiempo juega en contra.

 

Agricultura climáticamente inteligente

La FAO está promoviendo una forma de hacer agricultura que incorpore el clima y su variabilidad como variable constitutiva del sistema. El planteamiento no es nuevo. Lo nuevo es la urgencia que impone el contexto de cambio climático y sus costos. Este enfoque busca: 1) incrementar de forma sostenible la productividad y los ingresos agrícolas; 2)adaptar y desarrollar resiliencia al cambio climático; 3) reducir y/o eliminar las emisiones de gases de efecto invernadero donde sea posible.

Proyecto ejecutado por Corpoica y financiado por el Fondo Adpatación
Proyecto ejecutado por Corpoica y financiado por el Fondo Adpatación.

En Colombia, Corpoica, está llevando a cabo un proyecto denominado Modelos de adaptación y prevención agroclimática (MAPA) que está “aterrizando este enfoque” a la realidad productiva de detarminados sistemas de cultivo en una gran diversidad de regiones con variadas y complejas características territoriales.

La expresión “aterrizar” hace referencia a la necesidad de comprender, incorporar y traducir en nuevas prácticas lo que se hace convencionalmente, incluso desde la perspectiva de las buenas prácticas agrícolas.  Por ejemplo:  ¿Es posible relacionar las etapas del cultivo a las predicciones meteorológicas en una parcela de cultivo, de forma que se puedan implantar opciones tecnológicas que disminuyan el riego a excesos o déficit de agua en el suelo?  ¿Es posible hacer esto en el marco de la agricultura familiar?

La posibilidad real de hacerlo puede ser difundida por los servicios locales de asistencia técnica pero obviamente esto requiere de unos servicios cuyos miembros hayan incorporado este enfoque en su lógica de actuación y sus actividades cotidianas, de forma que su consejo técnico esté mediado por la comprensión del clima y la gestión que se puede hacer de esta comprensión en la práctica agrícola.

La estrategia que el proyecto está siguiendo para generar esta capacidad local es novedoso:  De un lado, busca que en las regiones los asistentes técnicos trabajen en red; de otra parte, quiere que en el marco de esa red funcional, los asistentes técnicos adquieran hábitos de comunidad de práctica que los haga sujetos activos de la adaptación de la agricultura al cambio climático.

 

 

 

Inteligencia, conocimiento y sabiduría

En los últimos tiempos he estado sumergido en un entorno que usa con frecuencia expresiones como: gestión del conocimiento, redes de conocimiento y de producto, innovación, entre otras.  También, he tenido la sensación de que no se entienden bien los diferentes matices de cada expresión, el concepto que encierra y los valores que las soportan.

Vivimos en un tiempo de sobreabundancia de información. Sin embargo, las herramientas para organizarla, clasificarla, visualizarla, comprenderla y apropiársela son cada vez recursos más escasos.

No sobra recordar el objetivo:

Sabiduría

 

Innovación

La innovación es el “mantra de este tiempo”.  Sin embargo, la innovación conlleva una dimensión personalísma que de forma agregada marca el rasgo de las organizaciones.

Este vídeo ayuda a entender cómo conceptos como: zona de confort, zona de aprendizaje, autoconfianza, entre otros, deben estar en la base de cualquier proceso innovador.

¿Por qué cultivas?

Es la pregunta que le hace Luis a Eudald en su huerto. Es la pregunta que yo mismo me hice cuando decidí estudiar agronomía. Aún sigo descubrindo nuevos matices en la respuesta.

Recomiendo especialmente este trabajo de Luis Quevedo, Iván Yamir y Alfonso Par en el que se fijan un objetivo: buscar al primer europeo.

Hablemos de geografía

¿Qué es el espacio habitado?

Milton Santos hace una profunda reflexión entorno a esta pregunta y nos da luces para entender el mundo en que vivimos.

Según este gran geógrafo, el paisaje es la expresión de la morfología fruto de la herencia de sucesivas relaciones entre el hombre y la naturaleza. El espacio es la reunión de esa morfología más la vida que la anima.

“(…) La significación geográfica y el valor geográfico de los objetos provienen
del papel que, por el hecho de estar en contigüidad, formando una extensión continua y sistemáticamente integrados, desempeñan en el proceso social.”

Esta sútil distinción ayuda a comprender los efectos y la profundidad de expresiones, a veces tan vacías, como la globalización.

Encuentro con Milton Santos, o el mundo globalizado visto desde acá from SixPositive on Vimeo.