¿Pérdidas virtuales o atraco a mano armada?

La filosofía política y el Plan Paulson. Un diálogo
Por: Chris Bertram

El filósofo británico Chris Bertram se permite en este diálogo un fino sarcasmo a cuenta de cierto estilo de hacer filosofía política que ha estado en boga en las últimas décadas.

Pancho: Entonces, Lefty, ¿qué tiene la filosofía política que decir sobre la crisis bancaria?

Lefty: ¿Perdone?

Pancho: Bueno, hay millones de personas arruinadas, ahorros y pensiones que fueron a parar al tacho de la basura, se recurre a los contribuyentes para salvar a los bancos. Eso parece un asunto de todo punto distributivo. Yo pensaba que Ud. me podría dar algún consejo político.

Lefty: Bueno, la verdad es que yo no me dedico a este tipo de cosas, yo hago “teoría ideal”.

Pancho: ¿Qué significa eso, concretamente?

Lefty: Fundamentalmente, me ocupo de idear principios óptimos para la regulación social bajo condiciones de cumplimiento estricto de las normas por parte de la gente, y todo esto que está pasando es demasiado caótico para mí.

Pancho: Siga, siga, ¡no deje de intentarlo!

Lefty: Bien, si insiste… El igualitarismo de la suerte podría ser un buen punto de partida.

Pancho: Y entonces, ¿qué es eso?

Lefty: De manera aproximada, el igualitarismo de la suerte sostiene que cómo le vaya a la gente tiene que ser el resultado de sus elecciones y no de las circunstancias no elegidas por ellos. Cuando a la gente  le toca  la mala suerte bruta puede exigir no sufrir a causa de ello, mientras que las personas que, a sabiendas, se meten en juegos peligrosos deberían hacerse cargo de las consecuencias, cualesquiera que éstas fueren.

Pancho: Entonces, esos banqueros están jodidos (y también mucha otra gente).

Lefty: Bueno, no necesariamente. Como yo digo, gran parte de estas cosas se relacionan de un modo muy complicado con el “mundo real”. Y esto, porque las elecciones que  realizan en su mundo concreto no fueron ejecutadas en un contexto ideal de igualdad de dotaciones de recursos, de modo que la desigualdad de las dotaciones iniciales puede socavar la autonomía de las elecciones personales y, por lo tanto,  afectar también a la medida en que  podemos considerarlos responsables. Para decirlo claramente, tendría un tufillo de mala fe pensar que una persona pobre y pobremente educada es enteramente responsable de aquella parte de su destino que resulta de sus elecciones, teniendo en cuenta el modo en que su capacidad de elección ha sido determinada por la pobreza y una educación mediocre.

Pancho: Reconózcame que esto ha sido un poquitín denso. Sin embargo, y hasta donde se me alcanza, todavía deja a los banqueros en una situación jodida. Han gozado de los beneficios de la renta, de una buena educación y de un entrenamiento especial en la evaluación de los riesgos de sus elecciones. Si hay alguien en la historia mundial que pueda ser considerado responsable de ese tipo de decisiones, es esta gente. En este caso, hay menos suerte bruta y más suerte elegida que nunca en ninguna parte, dejando de lado un casino real.

Lefty: Otras personas afectadas por la crisis también realizaron opciones. Contrajeron hipotecas, y es posible que hayan mentido sobre sus ingresos. En algún sentido, ellos también son responsables.

Pancho: Pero ellos no son tan responsables: por lo general, no tenían igual riqueza, educación y entrenamiento específico. En parte, fueron  la presa de quienes deseaban venderles los productos financieros, que casi con total certeza explotaron las debilidades de los primeros. No pueden, pues, éstos ser considerados tan responsables como los bancos, las compañías y sus ejecutivos.

Lefty: Sí. Pero entonces, si el igualitarismo de la suerte nos proporciona de una descripción precisa de qué es lo necesario para lograr  justicia (y eso ya sería bastante), entonces estaría permitido que Wall Street cayera, y que el hombre de la calle (Main Street) fuera arropado un poquito (pero no mucho)

Pancho: Me agrada que hayamos encontrado la salida. Entonces, los filósofos políticos académicos como Ud. están en contra  de transferir el dinero de los contribuyentes a los banqueros, y apoyan medidas para que las personas conserven sus propiedades.

Lefty: ¡No tan de prisa! Es posible que la gente menuda llegue a estar peor si hacemos eso, porque todo el sistema colapsaría. A lo mejor, a fin de salvar el sistema, lo que necesitamos es transferir mucho dinero precisamente a las personas que han hecho malas elecciones.

Pancho: Pero Ud. dijo…

Lefty: Lo sé, pero hay una cosa que se llama el “principio de la diferencia”.

Pancho: ¿Qué es eso?

Lefty: Dice que debemos ordenar el funcionamiento de la sociedad de forma tal, que ofrezca las mejores perspectivas a los peor situados… es un poco difícil aplicarlo en medio de la crisis, pero justificaría algo así como el Plan Paulson, si es eso lo que toca justificar…

Pancho: Tengo dudas, ¿cómo puede ser que el mejor interés de los peor situados sea transferir dinero a los tipejos que tomaron las malas decisiones? ¿Acaso no volverían éstos a tomar decisiones temerarias de alto riesgo, poniéndonos a todos otra vez, en una o dos décadas, en un caos financiero similar?

Lefty: Es posible. Pero supongamos por un momento –hacemos eso muchas veces— que es verdad que transferir dinero a los banqueros redundará a largo plazo en beneficio de los peor situados, porque eso es lo que se precisa para salvar el sistema.

Pancho: Suponer… eso es lo que ustedes hacen normalmente…

Lefty: Bien, sigamos: el principio de la diferencia dice que la justicia exige el Plan Paulson.

Pancho: ¿Qué? ¡Eso es una locura!

Lefty: Algunas veces, la filosofía hace recomendaciones que van a redropelo de nuestras intuiciones…

Pancho: Espere un momento; yo recuerdo haber tenido una conversación con Ud. hace un par de años.

Lefty: ¿Si?

Pancho: Sí; entonces Ud. decía que estábamos normativamente obligados a pagar mucho dinero a los banqueros y a los altos  ejecutivos, porque, a la larga, eso redundaría en beneficio de los peor situados…

Lefty: ¿Eso dije?

Pancho: Sí, sí, Ud. dijo que la justicia igualitaria también requería eso…

Lefty: Bueno, lo que necesita la justicia es una función complicada que incluye principios abstractos, teoría explicativa y datos empíricos…

Pancho: ¡Sandeces! ¡Caca de vaca!

Lefty: ¡Trate de ser educado!

Pancho: Recapitulemos, pues: los chicos de las finanzas decían hace unos años que si no les pagábamos lo que querían, entonces no podrían hacer sus malabarismos financieros, y todos estarían peor. Si Ud. recuerda, yo dije que eso era parecido a decir ¡deme el dinero o me cargo al niño!

Lefty: Sí, hubo un tipo llamado [Jerry] Cohen que dijo que el principio de la diferencia era similar a eso…

Pancho: ¡Un tipo valiente, por lo visto!

Lefty: Sí, pero yo expliqué que la justicia no se ocupa de las decisiones personales, sino de la modelación de la estructura institucional…

Pancho: Ud. me quiere llevar por las ramas… Póngalo usted como quiera, que eso sigue sonando a amenaza: “deme el dinero o me cargo al niño”

Lefty: Así es, más o menos.

Pancho: Bien, a veces, puestos en una situación así, nos vemos obligados a pagar. Pero eso no tiene nada que ver con la justicia, según yo la entiendo.

Lefty: Creo que yo mismo estoy llegando  a esa conclusión.

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Chris Bertram es profesor de filosofía política en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Bristol, en el Reino Unido.
Fuente: Revista Sin Permiso. Traducción para http://www.sinpermiso.info: María Julia Bertomeu

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