Jean-Marie Gustave Le Clézio

Estos momentos de crisis y ruptura son propicios para el desarraigo;  un querido amigo me hizo llegar la siguiente semblanza del recién elegido Premio Nobel de Literatura.

“Una experiencia académica con Le Clézio

Compartir un libro y analizar un pensamiento ajeno a nuestos condicionamientos culturales nos permiten descubrir a escritores maravillosos como Jean-Marie Gustave Le Clézio. Mis alumnos y yo lo hicimos a través de la lectura de su obra Désert (Desierto), premiada por la Academia Francesa.

Lo primero que nos llamó la atención, como gente de ciudad, fue el exotismo de su título, que sugería un escenario simple y desnudo, sobre todo vacío, pero a la vez lleno de significado y misterio; misterio que descubrimos a lo largo de la obra. Lo segundo que nos impactó fue lo insólito de su presentación: algunos capítulos abarcaban toda la hoja como en cualquier libro, pero otros conservan un margen izquierdo de más de 5 centímetros, lo que crea un movimiento narrativo entre los dos escenarios de la novela.

La historia comienza en Marruecos con Lalla, una niña del desierto que, para encontrar sus raíces, debe primero abandonarlas. Su éxodo la lleva a una vida desabrida en Marsella, el viejo puerto del sur de Francia. Impresionante cambio de atmósfera: bañada por el Sol y llena de vitalidad cuando Lalla vivía en el desierto y, luego, vestida con los grises colores de las grandes metrópolis. Finalmente, Lalla regresa, subyugada por el eco del desierto que la llama incesantemente; es el llamado de las raíces.

Este ir y venir entre dos culturas y dos países son el reflejo fiel de la realidad psicológica del escritor, que de niño vivió en Francia con su familia. La contradicción entre sus orígenes (educado como mauriciano, puesto que su familia vivió en la isla de Mauricio) y sus raíces (abuelo francés) constituyen un extraordinario motor de creación literaria, que hace de este escritor una personalidad tan singular como su obra.

Escritor desde los 7 años, Le Clézio logra disimular el malestar que le produce el sentimiento de desarraigo, escribiendo y dibujando. Es quizás por eso por lo que su escritura está poblada de imágenes de una fuerza y una vitalidad excepcionales.

Es tal vez en el desierto, o al menos así lo sugiere él, donde el Hombre logra encontrarse consigo mismo, porque se enfrenta a la fuerza de la naturaleza, a su infinita belleza; realidad absoluta frente a la realidad pasajera del ser humano; maestra y madre de las tribus y los pueblos que han calcado su vida y sus costumbres en ella.

Escritor caminante en busca de su esencia, exploración que nunca termina, como el andar de los pueblos del desierto en busca de agua, tan esencial y vital para sobrevivir como lo es la verdad para vivir. Eso es lo que anhela Le Clézio: llegar a lo más simple, a lo más puro, a la desnudez absoluta para encontrar la serenidad e incluso la aceptación estoica y simple de la vida y de la muerte. Paradójicamente, esa “agua” en el “desierto” el escritor la encuentra en pueblos indígenas de México, país que lo marcó para siempre.

Para mis alumnos y yo, leer a J.M.G. Le Clézio fue conectarnos con el palpitar de la vida, conocer su más sencilla y profunda expresión, depurada de todas las contaminaciones y los vicios del mundo moderno en un marco en donde los hombres no tienen valor en función de lo que poseen, sino de la sabiduría que han adquirido a través de una vida simple, logrando así su libertad.”

Fuente: Marcela López.  Especial para El Tiempo.

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