Archivo mensual: noviembre 2008

Contextualizar

¿Cómo cambia la percepción de las informaciones cuando las percibimos como un proceso?

Hay una herramienta que ayuda a contextualizar informaciones …       Aunque la herramienta es anunciada como la forma de estar al día de la información que sube algún amigo a la red, tiene múltiples aplicaciones que pueden resultar útiles.

La cartografía cronológica es una interesante herramienta de contextualización.

DIPTY

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Para una noche de viernes

Música para la evocación. Jazz escandinavo de alto contenido poético. Música delicada y robusta para buenos instantes.  TORD GUSTAVSEN TRIO

Ideas a tener en cuenta

A continuación presento un breve documento que ha publicado ATTAC llamando a clausurar el casino financiero.  Son tiempos de dificultad para muchas personas y de oportunidad para buscar ideas alternativas que persigan un orden justo y humano.

La importancia del momento requiere que el debate sea rico, amplio, incluyente, polifónico.  Las propuestas de Susan George deberían ser tenidas en cuenta.  Seguro que a muchos ciudadanos no les parecen equivocadas.

Attac Crisis


Crisis de alimentos: sociedad fallida

En el siguiente artículo de Darío Aramburo se señala que necesidades tan humanas como la alimentación no deben ser tratadas solo desde la perspectiva económica más elemental.  En lo referente a lo humano, la alimentación y el problema de los alimentos adquiere especiales connotaciones culturales. Alimentarse está relacionado con la forma de producción y de consumo. Alimentarse es una forma de vida y determina un modelo de sociedad.

Una reflexión sobre la “crisis de los alimentos”

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Hemos escuchado, hemos leído, hemos visto en periódicos y revistas: estamos preocupados por las crisis del mundo, entre ellas, la llamada crisis de alimentos. El argumento que desarrollaré en este artículo, gira entorno a que la crisis de alimentos es una crisis de medio de vida o de modo de percibir el alimento, es decir, de la forma como vivimos.

Sepamos trazar líneas que demarquen ahí donde se impone deslindar nociones radicalmente diferentes: una cosa es la economía y sus estándares de producción y reproducción material y otra la producción de los alimentos. Cierto es que la economía debe asumir, en mayor o menor medida, la forma de producción de cualquier mercancía incluso la acción sagrada de cultivar lo que comemos, pero que los alimentos se compren y se vendan no debe llevarnos a la absurda conclusión de que todo producto destinado a nuestro nutrimento, a nuestro pan de cada día, puede reclamar para sí carta de total objeto de cambio, de mercancía vendida y ofertada al mejor postor.

El alimento verdadero (y acá peco de ortodoxo) exige del receptor una actitud activa, participativa, eminentemente de cultivador. La compra para el consumo requiere pasividad absoluta, inatención, esfuerzo mínimo en la preparación de lo que comemos y lo que nos alimenta, es consumo inactivo de sólo poseer el valor de cambio para poder comprarlo.

El alimento verdadero debe costar, hacer de nuestra vida un esfuerzo que nos llegue al alma, perturbarnos, alimentarnos no sólo de pan sino de disciplina y de sacrificio. Es un esfuerzo en la agricultura, en el cultivo, en la relación con la tierra, con la “Pacha mama”; por el contrario  el consumo es solo comprar, solo señalar, solo escoger lo que nos exige el gusto momentáneo.

El alimento verdadero es como la amistad que se cultiva día a día, la compra de alimento es como  artificio, una caja de frutas que se compra y se desecha por cambiar de opinión. El alimento verdadero no es necesariamente agradable en su creación, en su cultivo, en su producción (son agradables los sacrificios y esfuerzos para lograr las metas de la vida, para resolver nuestros problemas, para enfrentar nuestras enfermedades y fracasos) la compra y consumo de alimento busca únicamente gratificar y ser fácil, es la golosina que regala el padre a su niño.

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El alimento verdadero se experimenta bajo la forma del sembrador, del cultivo, del cuidado de la tierra, del agua, del ambiente; y  en ello se asemeja a la vivencia mística. La compra del alimento se experimenta como placer puro, como calmar la necesidad de alimento.

El alimento verdadero es generador de una íntima relación en el medio rural o campesino, se desarrolla una relación con el medio ambiente, relación de vivienda, lúdica, de desarrollo personal y social. El consumo de la ciudad y compra de alimento es forjador de dependencia, agente de facilismo, paraíso artificial, y si quedara alguna duda, permítanme preguntarles ¿quién de nosotros cuando niño, no pensó alguna vez que los alimentos se hacen en los supermercados?

El alimento verdadero ennoblece y dignifica. En este desarrollo de vida, un elemento que genera otras opciones de víveres y de independencia es, y puede ser en gran escala, la reproducción de alimento en las propias fincas, en las propias casas, en las propias tierras; es el cultivo, es la parcela, es la hidroponía, es el reencuentro de nuevo con la naturaleza, es recordar de nuevo lo que el ser humano empezó hace diez mil años: la agricultura de todos y para todos.

El alimento verdadero nos confronta despiadadamente con el drama de los agricultores, nos obliga a mirar de frente a nuestra propia necesidad de energía, de nutrientes. Es en este caso la agricultura de vida, de finca, de alimento, de relación directa con el entorno; no de subsistencia, sino de alimento, igual que cocinamos con esmero, con dedicación, así como mezclamos ingredientes y dedicamos trabajo y aprendizaje para lograr un alimento rico, ¿cómo no emprender la búsqueda para crear, cultivar y cuidar los que comeremos?

La compra de alimentos parece estar inscrita dentro del modelo de vida artificial y superflua  de sociedad de consumo que hemos creado. Y así como hemos perdido el tiempo, como hemos perdido la relación natural con nuestro entorno, como hemos perdido la capacidad de relacionarnos con el suelo, con la tierra, con las semillas, con las plantas, y con el alimento verdadero (esto es una de de las cosas más preciadas que es hemos perdido), así creemos poder evadir la gran responsabilidad de producir lo que comemos.

Para Paul Krugman, las regiones, de casi todos los países del mundo, quedan divididas en centros urbanos altamente tecnológicos y de gran dependencia de alimentos y materias primas; y en unas periferias menos desarrolladas y con menos poder adquisitivo de objetos; pero, para mí, estos lugares alejados de los centros urbanos, tienen una  gran capacidad de suplir sus necesidades básicas a través de la tierra, a través de la relación con el ambiente de la que he hablado en este artículo, además, con grandes posibilidades de utilizar energías renovables y de reutilizar todos los materiales de uso humano, prácticas éstas que tanta falta nos hace hoy en día realizar.

Krugman agrega, que los centros urbanos y artificiales, dificultan el manejo ambiental, la construcción de infraestructura y calidad de vida de las personas, aunado a la alta concentración de estos centros de producción y de consumo. El economista muestra cómo las personas se ven atraídas hacia los centros urbanos donde tenemos el aumento de todo tipo de problemáticas y de los lugares donde estos centros se sitúan.

Así, al contrario de estos lugares, los sitios rurales y campesinos tienen la posibilidad de recursos propios y de que el alimento verdadero se cultive de forma singular e irrepetible, el alimento que se compra obedece al principio de producción en masa: se manufactura con criterio industrial y de conformidad  con los mandatos del mercado específico.

Estamos frente a una nueva visión de medio de vida, de relación con la vida, en nuestras ciudades convivimos cada vez con más cemento y con más inversión e  infraestructura para modos de vida ficticios, adulterados y en los que se han roto las relaciones más íntimas para aislar a los humanos en la soledad de sus “hipotecas”.

Pienso en un movimiento de agricultura, donde actuemos como cultivadores de nuestro alimento, como algo que ya no es el objeto que solo nos nutre, sino que también nos hace mejores personas, gracias a la relación que desarrollamos para su cultivo.

La crisis de alimentos significa, para mí, que hemos apartado la vista de lo rural, y ¿qué es lo rural sino la posibilidad de dar vida? El alimento verdadero tiene vocación de ser nutricio, para el cuerpo y para el espíritu.

He querido invitar a una reflexión que nos lleva a trascender lo económico, para intentar comprender que la crisis de alimentos es también un asunto personal, de estilo de vida, de prestar atención en nuestra cotidianidad cuando adquirimos lo que alimentará nuestros hogares. Este es un intento también por exhortarnos a vivir el tema alimentario con responsabilidad, y así, con el consecuente regocijo de sentirse más integradores, más genuinos, más agradecidos y más creadores cada día con la oportunidad ya no solo de elegir, sino de producir y de servir, de crear y de preservar.

Cultura digital vs reglas de juego

He visto hace unas horas en una entrevista a un responsable político, gestor cultural y para más señas ministro de cultura, en la que a preguntas planas y contrapreguntas chatas sobre la piratería digital, respondía con una diatriba extensa sobre el derecho de los creadores a vivir de su trabajo. La sensación al final del desaguisado era que ni uno, ni otra (la periodista), sabían muy bien de qué estaban hablando. Ambos movidos por la imagen del calavera informático que se roba el trabajo de los otros, se lanzaban a su cacería poniendo ejemplos para sensibilizar a la audiencia frente a este fenómeno, en los que quedaba de manifiesto que el propio ministro no entendía muy bien la esencia de estas tecnologías. Las reglas de juego analógicas que aún rigen nuestras leyes de propiedad intelectual se han convertido en algo obsoleto, inútil y casi siempre perverso en la era de la sociedad red, algo que los protagonistas de esta historia parecen no comprender.

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Leí un breve artículo en el blog colectivo Manzana Mecánica que me pareció interesante a la hora de divulgar una serie de conceptos que cada vez están adquiriendo más presencia en nuestra cotidianidad: “Cultura Libre”, “Código Abierto”, “Derechos Digitales”, “Piratería digital”, “Cultura Digital”, entre otros. Ya habrá tiempo de seguir reflexionando sobre estos temas, por lo pronto transcribo estás líneas:

“Cultura Libre”, “Código Abierto”, “Neutralidad Tecnológica”, “Derechos Digitales” … ¿de qué se trata todo esto? ¿qué es lo que quieren estos frikis?

Como plantea la gente del Open Rights Group, los políticos y los medios informativos no siempre entienden las nuevas tecnologías, pero comentan y legislan de todas formas. El resultado es periodismo mal informado y leyes que producen retrocesos sociales y tecnológicos. Por otra parte el público, a menudo por desconocimiento o desinformación, otras veces por creer que estos son problemas para frikis, no se dan cuenta de cómo la mala información y las malas leyes los afectan.

Para mí, los desafíos principales están relacionados con la libertad de expresión, la promoción de la innovación, el desarrollo de la cultura y la ciencia, los derechos del consumidor, la privacidad de los ciudadanos y la transparencia de los gobiernos. Esta es mi visión personal del asunto, no necesariamente la del resto de los MM.

La libertad de expresión y otras libertades civiles pueden y deben preservarse y extenderse en el mundo digital. El correo electrónico, los blogs y en general el periodismo ciudadano están transformando el mundo y otorgando el poder de crear opinión a los propios ciudadanos. Esta oportunidad no sirve de nada si los gobiernos censuran o permiten que los privados censuren, como sucedió cuando la Secta de la Cientología logró usar la DMCA de EEUU para que Google quitara enlaces a información sobre las creencias de la secta.

La promoción de la innovación es central para el progreso y para el desarrollo económico. Por eso, muchos sistemas legales incluyen derechos de patentes, diseñados para promover la innovación al otorgar un monopolio breve sobre los derechos de explotación de las invenciones útiles. En una completa corrupción del sistema, en los últimos años este monopolio no es ni breve ni sobre invenciones útiles, y se usa simplemente como una herramienta para litigación que frena la innovación y da origen a la tragedia de los anti-comunes.

El desarrollo de la cultura y la ciencia siempre han sido procesos colaborativos, que se han beneficiado de la existencia de una base común de conocimiento compartido y abierto. La herencia cultural del mundo entero se ha construido mediante la interacción de creaciones provenientes de distintas fuentes. El proceso científico en sí, simplemente no es compatible con el secretismo ni con el aislamiento. El desarrollo tecnológico requiere interoperatibilidad y neutralidad tecnológica. La educación requiere un acceso irrestricto al mejor material educativo que se pueda construir. Los avances tecnológicos, médicos, culturales de los que disfrutamos surgieron en un contexto abierto y herramientas nuevas como las licencias Creative Commons permiten hacer crecer este acervo.

Los derechos del consumidor están siendo reducidos en la era digital por lobbies muy poderosos que han inclinado la balanza en favor de grandes empresas, y en contra de la mayoría de los consumidores. Iniciativas como Un Trato Justo para Todos buscan mantener para los usuarios el más amplio acceso a la cultura y sus bienes, manteniendo un balance de derechos más razonable que el “balance” que proponen las empresas que explotan los derechos de autor (todo para ellos, nada para nosotros).

Finalmente, las nuevas tecnologías permiten que los gobiernos que no tienen ciudadanos conscientes y activos puedan invadir la privacidad de las personas en formas antes impensadas. En Julio de este año el gobierno de Bush le otorgó a las empresas de telecomunicaciones que les ayudaron a espiar a sus ciudadanos (por supuesto para protegerlos de la amenaza terrorista), inmunidad retroactiva por sus delitos. Afortunadamente, las mismas tecnologías permiten formas de transparencia gubernamental que hagan a los gobiernos más responsables frente a sus ciudadanos.

Redes sociales

Juan Freire ha publicado un artículo titulado: Redes sociales: ¿modelos organizativos o servicios digitales? En el artículo muestra cómo las redes sociales forman parte de nuestra propia naturaleza biológica y cultural.  Somos seres sociales y formamos redes desde nuestros inicios evolutivos.  A lo largo de la evolución de nuestra especie y del desarrollo histórico de nuestras sociedades, la estructura de estas redes ha ido cambiando.

En la sociedad contemporánea, gracias a la tecnología de la información y las comunicaciones, las organizaciones sociales adquieren nuevas tipologías (más abiertas y con mayor frecuencia de vínculos débiles) y escalas (tamaños de grupo mayores) abriendo posibilidades insospechadas de colaboración y producción colectiva.

De este modo las redes sociales pueden funcionar, y desarrollar proyectos para crear conocimiento, más allá de límites organizativos o institucionales. De hecho, la red constituye un nuevo paradigma social y económico en que nos hemos instalado en las últimas décadas del siglo XX y que ha sido denominado “Sociedad Red”.

La denominación de redes sociales que ahora ha sido cooptada por plataformas como Facebook o My Space reduciéndola a la prestación de servicios que facilitan mantener vínculos entre conocidos, ha sido usada desde hace mucho por los trabajadores sociales en el ámbito de las organizaciones comunitarias y de base.  Es difícil encontrar un proyecto que no contenga la formación o consolidación de algún grupo comunitario, entre otras cosas para mejorar el capital social de la zona de actuación.

En el ámbito del trabajo social y en particular, en los proyectos de desarrollo, un “modelo Facebook” como red social y espacio colaborativo limita considerablemente las opciones de creación e interacción, por lo que parecen más interesantes alternativas basadas en modelos distribuidos de tecnologías para redes sociales (combinación “a medida” de herramientas de la web 2.0) que, por supuesto, requieren un nivel elevado de competencias digitales para poder gestionarlas e integrarlas.  Es hora de que los proyectos de cooperación al desarrollo integren estas herramientas y las adapten a sus necesidades.

Muchos grupos comunitarios y de base son apoyados durante la ejecución de algún proyecto bajo esquemas antiguos (basados en charlas y más charlas interrumpidas por el teléfono móvil de los asistentes a las mismas), que una vez terminado el impulso que el proyecto brinda, languidecen en el olvido.  Al final del proceso, la incapacidad de estos grupos para buscar en la relación con otros grupos, el apalancamiento social que requieren para demandar atención y hacer valer sus intereses, hace que se desperdicien muchos recursos y se erosione la esperanza comunitaria en el poder del trabajo solidario.

Hoy la tecnología adaptada a estas necesidades podría permitirselo a bajos costes, pero requiere de que en la formulación de estos proyectos se aprovechen las herramientas de las Web 2.0 para que se pongan en función de los intereses solidarios y democráticos.

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Vínculos débiles entre organizaciones que permiten intercambios, mutaciones y desarrollo de capacidades para que las partes con las que se relaciona sean capaces de lidiar con los cambios del entorno.

Vínculos fuertes que hacen que sea posible que me sienta tan cercano de las miradas de otros como Saramago, quien a propósito de sus 86, reflexiona en voz alta:

Vivo, vivísimo

Intento ser, a mi manera, un estoico práctico, pero la indiferencia como condición de la felicidad nunca ha tenido lugar en mi vida, y si es cierto que busco obstinadamente el sosiego de espíritu, cierto es también que no me he liberado ni pretendo liberarme de las pasiones. Trato de habituarme sin excesivo dramatismo a la idea de que el cuerpo no solo es finible, sino que de cierto modo es ya, en cada momento, finito. ¿Qué importancia puede tener eso, si cada gesto, cada palabra, cada emoción son capaces de negar, también en cada momento, esa finitud? Verdaderamente me siento vivo, vivísimo, cuando, por una razón u otra, tengo que hablar de la muerte…

Muy recomendable

Una reivindicación del modernismo me parece urgente.

El vínculo de la mirada moderna con la arquitectura y con la ciudad es lo que marca la carrera de Horacio Coppola (1906- ).  Su carrera revela una temprana vocación por la geometría y por la abstracción, que en los años veinte dejaban un inconfundible tinte vanguardista.

La Fundación Telefónica nos ofrece esta exposición que se puede visitar aquí

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