¿Pesticidas sostenibles?

El tema de los plaguicidas conlleva polémica.   La potente industria agroquímica choca con los intereses de los ecologistas y son los agricultores los que en la práctica diaria dirimen esta controversia.  El objetivo debería ser el mismo: producir productos de calidad (calidad integral no cosmética) y preservar los recursos naturales.  Sin embargo, en la lucha por los mercados y la tremenda asimetría que existe en las condiciones de producción y comercialización, el gran objetivo deja paso a la cuenta de resultados bien sea de las empresas, bien sea de los productores.

Según un artículo firmado por Pablo Francescuttie en Soitu (que transcribo a continuación), Europa parece resuelta a acabar con el uso masivo e indiscriminado de los pesticidas (que quedaron fuera del reglamento REACH): una nueva norma cambiará de forma drástica la evaluación de la peligrosidad de tales agentes, además de prohibir la fumigación aérea y su uso en lugares públicos. Como es tradición con estos anuncios, las reacciones se han polarizado: las organizaciones de consumidores y ecologistas se muestran satisfechas; los fabricantes y productores agrarios se han vestido de luto.

A los pesticidas se los considera indispensables para proteger a los cultivos de insectos, roedores y hongos. A ellos debemos en gran parte el salto en la productividad agrícola de las últimas décadas, traducido en un incremento extraordinario de la oferta de alimentos. Y también les debemos un buen número de intoxicaciones, alteraciones neurológicas, genéticas e inmunológicas y la muerte de incontables formas de vida en aire, tierra y agua.

La futura directiva prohibirá los compuestos altamente tóxicos, dándose a la industria y a los agricultores un plazo de cinco años para que busquen sustitutos. Se vetará también la fumigación aérea —con algunas excepciones— y el uso de pesticidas en lugares públicos (parques y escuelas). Y se crearán zonas de seguridad entre los cultivos y los ecosistemas vecinos, con miras a minimizar el impacto de los demás pesticidas. Se pretende, en pocas palabras, promover un concepto y una práctica novedosas: los pesticidas sostenibles.

El texto consensuado antes del receso navideño será votado en el Parlamento Europeo a mediados de enero de 2009. Con él se quiere dar respuesta a temores muy extendidos: según un Eurobarómetro de 2006, al 63% de los ciudadanos de la Unión se siente preocupado por la presencia de residuos de pesticidas en frutos y vegetales.

Organizaciones de consumidores y ecologistas como PAN, HEAL y EEB han saludado la iniciativa, “en tanto significa la creación de una lista negra de pesticidas de ámbito europeo, que suprime algunos de los más peligrosos pesticidas del mercado, y por lo tanto, de los alimentos producidos en la UE”.

Mucho peor le ha caído a la industria y a los productores agrarios. La piedra de la discordia la pone el abandono del tradicional análisis de riesgos —basado en experimentos de laboratorio y cálculo probabilístico— en favor del “criterio de corte” (cut-off) —basado en presunciones de peligros potenciales—, aplicable a impactos ambientales imposibles de calibrar con los métodos habituales. La European Crop Protection Association (fabricantes de pesticidas) rechaza el nuevo enfoque por entender que «se basa únicamente en percepciones políticas».

¿Qué pasa con los productos foráneos?

¿Significa entonces que los agricultores quedarán a merced de las plagas y los consumidores volveremos a toparnos con gusanillos en la lechuga? Los defensores de la directiva aseguran que no, pues ésta fomentará el control integrado de plagas y el entrenamiento de los agricultores en el uso racional de pesticidas. Por añadidura, una cláusula permitirá a los pequeños horticultores continuar aplicando ciertas sustancias si las pestes que les afectan no pueden controlarse de otro modo. Inconmovibles, la industria y sus expertos profetizan una caída en la productividad y un aumento del precio de las hortalizas.

Más convincente encuentro la queja de Pekka Pesonen, secretario general de COPA-COGECA, de que si se prohíbe a los agricultores europeos el uso de una sustancia o producto, igual debería vetarse su importación; de lo contrario, los consumidores acabarán consumiendo alimentos tratados con la sustancia prohibida. Por eso creo que la nueva medida ambiental de la UE deberá surtir un efecto ejemplarizante, siendo imprescindible su extensión a los productores de otras latitudes que exportan comestibles al mercado comunitario.  Hasta aquí el artículo.

A manera de recordatorio debo decir que el objetivo de REACH fue detectar con mayor rapidez y exactitud las propiedades de las sustancias químicas. Su texto, especialmente riguroso con los productos tóxicos, permite a la industria química europea introducir a gran escala nuevas sustancias menos nocivas para la salud y el medio ambiente, lo que la debiera situar a la vanguardia de la tecnología y la innovación.

A partir del 1 de junio de 2006, las empresas que fabrican o importan más de una tonelada al año de una sustancia química deben registrarla en una base de datos central gestionada por Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos. La Agencia pone a disposición de las empresas interesadas toda la información necesaria y un arsenal de herramientas informaticas para facilitarles el paso a la nueva normativa.

El examen de REACH por los diputados y Ministros de Unión  ha suscitado intensos debates, con la activa participación de la sociedad civil. La amplitud de los cambios introducidos divide a industriales y ecologistas; aquéllos por temer la complejidad y los costes del nuevo sistema, éstos por el deseo de ir más allá por la vía de la “química verde” y hacia un modo de producción y consumo más respetuoso con la salud y el medio ambiente. El Consejo adoptó el texto definitivo el 18 de diciembre de 2006 tras alcanzarse un compromiso entre los interesados.

El nuevo Reglamento contempla el registro de 30 000 sustancias químicas. En adelante será la industria quien deba demostrar la inocuidad de los productos, lo que poco a poco la irá llevando a adoptar sustancias alternativas más seguras y estimulará la investigación y la innovación.

En cualquier caso queda de manifiesto que el tema de la producción de alimentos debería quedar por fuera de la simple lógica del mercado.  Incluso consiguiendo unos acuerdos justos de comercio en el marco de la OMC que equilibraran las reglas de juego (subsidios, salvaguardas, aranceles, reglamento para el uso de pesticidas, etc.) para todos los agricultores, la producción de alimentos debería estar amparada por una axiología orientada por los DDHH y no por el simple argumento del coste/beneficio.  Es urgente ampliar y dotar de herramientas a la FAO para que cumpliera un papel más proactivo que rescatara de la simple lógica comercial y de mercado a la producción de alimentos para que todos los intereses tuvieran un espacio en el que poder ponerse de acuerdo para converger en el objetivo más obvio para toda la especie: ALIMENTOS DE CALIDAD AL ALCANCE DE TODOS LOS SERES HUMANOS.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s