Archivo mensual: febrero 2009

Desarrollo y pobreza

Los conceptos de Desarrollo y Pobreza han sido tratados por diferentes autores en distintas épocas.  En el siguiente artículo de Darío Aramburo se hace alusión a una dimensión que me parece clave: la disposición al cambio.

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Todas las sociedades y todas las generaciones tejen una tela hecha no solo de trabajo sino de esperanza; y en todas se produce de una manera u otra, abierta o velada, la querella de lo que merecemos y de lo que se nos ha sido dado. Hay tantas oportunidades como restricciones en nuestra vida. No obstante, ningún ser humano tiene la misma cantidad de unas y otras en sociedad ni época alguna. Creer que la vida es una simple consecuencia de las oportunidades que se nos ofrecen, es resignarse de antemano a perder pronto el control de ella. ¿Cómo se llamará entonces a los que tienen pocas o ninguna oportunidad? Para resistir a la tentación de llamarlos pobres; palabra que todo lo descalifica, propongo con un nombre relacionado al trabajo teórico del economista Amartya Sen, que ha conceptualizando la pobreza en relación directa con la imposibilidad que podrían tener las personas de vivir una vida que para ellas sea valiosa. A los otros, esos que sí tienen, o creen tener, las posibilidades para vivir la vida que quieren ¿cómo debemos llamarlos? ¿Debemos llamarlos miembros de países desarrollados, de clases acomodadas, privilegiadas por Dios, por una familia o por un estado? Creo que todos esos nombres aluden a un principio inmutable o, al menos, a condiciones estables. Una pregunta más, ¿Se podría decir que cada persona se asienta en un contexto socioeconómico, como verdadera piedra de inicio de su vida; y en este contexto la persona no solo define su destino sino que se afirma en él o lo cambia radicalmente? En una respuesta afirmativa, la economía divide al mundo, en principio, en dos: los que tienen y los que no tienen. Pero nuestra sociedad también divide al mundo en dos: los que permanecen en sus condiciones de vida y los que las cambian, no importa qué tan deseables o paupérrimas sean estas condiciones iniciales de vida. Esta ultima división no opera únicamente por ser sociedad, sino que allí en lo social y específicamente, en lo que nos define como humanos, asume la forma de oposición entre el pensamiento que llamaremos de lucha permanente y entre la esperanza pasiva o mendigante de cambiar sus condiciones de vida. No es la primera vez que se habla de asumir nuestras condiciones de vida. También Amartya Sen nos dice que “los principios éticos bien fundados suponen la igualdad entre los individuos, pero como la habilidad para aprovechar la igualdad de oportunidades varía con cada persona, el problema de la distribución de bienestar nunca podrá resolverse del todo.” Inicialmente, postular como ideal universal a la “buena” actitud y a la lucha suprema que obtiene cambios en la vida de la gente, frente a la inferioridad de personas que no tienen en cuenta ni practican la gran cantidad de filosofía de automotivación y de “secreto” de los éxitos de la vida, podría parecer estéril. Sin embargo, es útil preguntarse ¿motivación y actitud con relación a qué y a quién? La humanidad se ha identificado, en muchas ocasiones, con sus condiciones de vida y su transformación. Apenas si queda espacio para mencionar casos de superación y cambio de sus condiciones de vida en la historia de la humanidad, pero en este escrito quiero mejor invitarlos a que miren alrededor de su casa, de su familia, de su barrio y encuentre esos casos de lucha y de superación diaria; y en comparación con esto, hay muchos seres que no han sido capaces ni siquiera de intentar transformar lo que tienen; a ellos me atrevo a llamarlos subdesarrollados mentales. Al amparo de la ambigüedad del concepto subdesarrollo, que postula de forma equivocada que existe un solo tipo de civilización “ejemplar”, y que por tanto la sociedad que no alcanza ese modelo pasa a ser llamada de esta forma, para mi caso me permito usarlo para atreverme a decirles: los seres humanos podemos ser progresivos en nuestros conceptos y alcanzar un mejor desarrollo intelectual que nos lleve a la acción; bien lo dijo Humberto Maturana: todo pensar es un hacer y todo hacer es un pensar. La identificación con desarrollo psicosocial puede extenderse de tal modo, que a riesgo de pesadez y de falta de modestia, se debe repetir, primero, que no hay una sola y única posibilidad de interpretar nuestras condiciones de vida y así considerarnos a nosotros mismos como “pobres”; en seguida, que en toda cultura se ha podido demostrar que algunas personas transforman sus condiciones iniciales de vida, con una ayuda adecuada en el entorno de educación, salud, y alguna pequeña ayuda económica: puedo decir que ninguna historia de vida está predeterminada en su inicio. Incluso puedo decir, que la historia ignora lo que se espera de las condiciones de vida iniciales de una persona. Es verdad que es necesario suplir las necesidades básicas de todas las personas, es verdad que los niños y jóvenes del mundo necesitan desayunar para poder ir a la escuela. Pero este suplir no puede quedarse en las necesidades básicas. Pobreza no implica solo alimento, vestido, vivienda. La historia de la humanidad muestra que no es exacto atacar a la pobreza solamente con riqueza. Los progresos de cada ser humano pueden ser continuos y progresivos si no son en línea recta de posesiones. Diré, entonces, que el concepto de mejora personal se justifica cuando hablamos de superación de subdesarrollo mental y de sus consecuencias sociales. Pues bien, precisamente en este sentido el concepto de pobreza me parece equívoco y peligroso. Si bien es cierto, las condiciones en que nacemos pueden ocupar un lugar determinante, y su transformación hacia la vida que queremos es única y no aplicable en modelo estándar, sí creo que solo será posible a través de nuevos conceptos y de nuevas acciones progresivas dentro de un proyecto de vida integral de nociones como materia, mente, emoción y espíritu humanos. Nosotros tenemos un ejemplo a la vista: la irreflexiva idea de que acabaremos con los “pobres” con ayuda humanitaria. Esto ha producido un sin número paliativos momentáneos pero luego regresan las mismas desdichas anteriores. Con el pretexto de acabar con el hambre hemos creado mendicidad en el mundo; con esto, hemos sido testigos también de que una progresiva transformación de nuestro estilo de vida sólo es posible cambiando nuestro pensar y nuestro actuar. El sufrimiento en el mundo ha sido grande y las perdidas humanas más ciertas que las ganancias de unos pocos. No hay ningún lamento en lo que digo; en realidad, los únicos lamentos son los de muchos seres humanos que viven una vida que no quieren y hacen muy poco, o lo hacen mal, para cambiar su destino. Entonces, ¿en qué creo? En el poder del pensamiento y de la acción. Pensamiento de cambio, de producción, de mejora de lo que tenemos, y de lucha, cueste lo que cueste. Se que no podemos escapar tan fácilmente de lo que somos y que estamos condenados a iniciar en unas condiciones mejores o nefastas de vida, pero solo saldremos de allí, si queremos hacerlo, pensando y actuando diferente. Enfrentándonos al desarrollo que haga menos inhumana esa condena inicial. Así podremos decir como decía el famoso Cantinflas, en aquella película también famosa, El Padrecito: “el problema del mundo no es acabar con los ricos sino acabar con los pobres”.

El Pasado en Presente

Hay objetos que nos hablan de lo que pudieron significar ayer y de los paisajes que adornaron.  Los pueblos prehispánicos creían que la fuerza expresiva de todos los objetos simbólicos era universal, que trascendía el mundo físico y que no se agotaba con el fin de la vida.  Comunidades como Kogi e Ijka, que actualmente pueblan la Sierra Nevada de Santa Marta y que son herederas culturales de la civilización Tairona, enseñan cómo el oro simboliza el poder de la fertilidad y pertenece a toda la comunidad.  El sol, principio masculino por excelencia, les comunica su carácter, razón por la cual los “mamas” (sacerdotes Kogi) exponen periódicamente los objetos al astro.  Los objetos de orfebrería son vehículos de intermediación entre seres humanos y las divinidades.  Los Ijkas entregan las ofrendas a un sacerdote, quien las deposita en lagunas y otros lugares sagrados, generalmente cerca de grandes rocas que simbolizan el espíritu de sus antepasados presente allí desde que la oscuridad dio paso a la luz.  Las lagunas simbolizan el útero de la tierra que, al recibir las ofrendas, son fertilizadas y los ríos que nacen allí esparcen su fertilidad a los sembrados.

Esta cosmovisión plasmada en una pléyade de objetos bellos que adquieren sentido dentro de un marco simbólico en el que naturaleza y hombre están integrados chocó de forma violenta con la tradición de occidente que buscaba oro porque en su marco de representación significaba riqueza y poder.  La leyenda del Dorado despojada de toda su tradición se convirtió en un botín de guerra en medio de un paisaje inhóspito y frío.

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¿En qué momento olvidamos que el oro, el agua, las rocas significan esencias de nuestra propia realidad.

Memoria y presente… que expanden el paisaje.

Mitos de creación

“Las cosmologías ubicaban la sociedad y su entorno en el universo. Todas las cosas adquirían un lugar y un sentido, y se entrelazaban en un profundo simbolismo.  Los mitos contaban que al inicio de los tiempos, los creadores dieron a la gente lo necesario para la vida…

Las sociedades prehispánicas manejaron un vasto conjunto de plantas, algunas con importantes usos religiosos.  Plantas sagradas como el tabaco, la coca, el yagé, el yopo y muchas más fueron empleadas por los chamanes para adentrarse en la dimensión espiritual de la realidad y visitar los otros niveles del cosmos.  El consumo de estas plantas, junto con ayunos, sonidos, efectos lumínicos y movimientos corporales repetidos, inducía el estado de trance que hacía visible lo invisible y enseñaba los secretos y poderes del universo.

Los chamanes y sacerdotes eran expertos en el procesamiento y consumo de la flora sagrada, en sus usos culturales y en reconocer a los distintos espíritus encontrados en los trances. Los aspirantes a sacerdote eran entrenados por maestros ancianos y sabios.  Pasaban años encerrados en templos y cuevas sin ver la luz del sol, sometidos a dietas sin sal ni ají y a muchas otras restricciones.

El chamán, bajo el efecto de las plantas de poder, conectaba los diversos mundos. Viajaba por el del medio, el superior y el inframundo, para poner en comunicación a todos sus seres.

La coca fue utilizada en rituales de adivinación, curación de enfermedades y ofrendas. Como alimento espiritual, las plantas sagradas debían ser ofrecidas por los hombres a sus dioses. En la Región Andina se cultivaba la coca novogranatense o colombiana. Para optimizar el efecto estimulante, sus hojas secas se mezclaban en la boca con la cal guardada en el poporo.

El yopo, un potente alucinógeno extraído del árbol Anadenanthera, llegaba de los Llanos Orientales. Se inhalaba con una cucharita o un hueso de ave desde bandejas decoradas con animales que evocaban las transformaciones experimentadas.

Una amplia variedad de cuencos, cucharas, inhaladores y bandejas fue empleada en el consumo de las diferentes preparaciones del tabaco, el yagé, el yopo y demás plantas de los dioses.”

o16146asVisitar el Museo del Oro (Bogotá, Colombia) es una experiencia extraordinaria.  Los mitos de creación de las diferentes culturas prehispánicas nos hablan de la integración, la transformación y la conectividad.  Todos conceptos contemporáneos que hoy emergen bajo la novedad del desarrollo tecnológico de este tiempo.

Vale la pena conocerlos para poder mirar hacia adelante.  Vale la pena saber que no solo del consumo en los centros comerciales viven los humanes.

Fuente: Museo del Oro

Entorno

Paisaje y desarrollo humano se funden en la imagen de un ideal de felicidad, es decir, la satisfacción de las necesidades humanas sin un paisaje que incite a la vida parece imposible de alcanzar porque impide la formación de valores fundamentales como el respeto a las otras formas de vida, el estímulo de la creatividad,  la legalidad democrática, que se consolidan en una plataforma sobre la que se desarrolla la sociedad (la existencia con el otro).

El paisaje que uno transforma es el mismo que lo trasforma a uno.

La relación entre paisaje y desarrollo humano debe ser entendida como un todo sistémico.  Si se acepta esta proposición, regirse por la lógica de la linealidad separando estrategias de desarrollo de procesos de transformación del paisaje es absurdo porque no permite articular procesos y efectos sinérgicos, por ejemplo: Aumentar el área destinada a las reservas naturales sin emprender imbricadamente una estrategia de educación que lo legitime socialmente, tendrá unos efectos mínimos sobre la transformación cultural y la vida de la población, y viceversa, construir un programa educativo de sensibilización frente a los recursos naturales sin tener políticas de conservación, recuperación y ordenación y gestión del territorio que ayuden a desarrollar esa red de significados que se quieren enseñar, harán de esta labor un esfuerzo vano.

Las joyas y su belleza

Ayer conversaba con una excelente diseñadora de joyas sobre la importancia de contar con productos: metales y piedras preciosas que provengan de prácticas socialmente justas y extracciones ambientalmente responsables para resaltar la belleza de la joya. La belleza y calidad del producto no está al margen de la forma en que es producida la pieza.

Ella me decía que el oro que usa en sus creaciones proviene de una cooperativa que usa procedimientos de bajo impacto en lo ambiental y en el que participan los propios habitantes de las zonas en una relación comercial justa.

Es bueno saber que hermosas piezas que pretender significar emociones trascendentes, pueden estar hechas con historias de infamia.