Green-wash

Green-wash (green’wash’, -wôsh’) – verb: the act of misleading consumers regarding the environmental practices of a company or the environmental benefits of a product or service.

Usar expresiones como ecológico, natural, sano, verde, limpio, es una estrategia de muchas empresas para vender sus productos a una población cada vez más concienciada de la importancia de tener una actitud responsable frente al consumo.  Sin embargo, no todo lo que se atribuye esos calificativos cumple con los requerimientos mínimos para poder hacerlo.  A esta estrategia se le llama lavado verde

TerraChoice ha establecido los siete pecados capitales del ‘lavado verde’ que suelen cometer la gran mayoría de las empresas que venden un falso producto verde y que podemos detectar si estamos atentos.

pecado-11. El pecado del impacto oculto es el primero de la lista de esta organización y consiste en afirmar que un producto es ‘verde’ basándonos sólo en unas pocas cualidades ambientales, sin prestar atención al impacto global.  Por ejemplo, TerraChoice se refiere al papel que se presenta como “100% ecológico” por ser reciclable o por proceder de una plantación sostenible, olvidando otros aspectos que afectan al proceso de fabricación y comercialización: las emisiones de gases de efecto invernadero, el uso de energía, el agua utilizada, los impactos negativos de la silvicultura o el uso de cloro para el blanqueo del papel.

pecado-22.  La falta de pruebas. La falta de certificados reales o de información fácilmente accesible que corrobore lo que dice la etiqueta son pistas para detectar el engaño. S egún el estudio de TerraChoice, esto ocurre mucho con lámparas que promueven la eficiencia energética o productos de cosmética —por ejemplo, toallitas de papel— que se venden como reciclables.

pecado-33.  La imprecisión a la hora de describir una etiqueta. El resultado de no definir bien la información que aparece en los productos o la falta de significado de los mensajes confunden al consumidor. Por ejemplo, decir que un producto “no lleva sustancias químicas” no es real, ya que nada está libre de químicos (todas las plantas, animales y humanos están compuestos de químicos). Ocurre algo similar con etiquetas como “todo natural” o “no tóxico” —todo puede ser tóxico en dosis altas—.

pecado-44.  Otros artículos incluyen información sin importancia que puede distraer al consumidor que busca un producto realmente ecológico. Este es el pecado de la irrelevancia. Para TerraChoice, el ejemplo más claro se encuentra en los materiales que anuncian “libre de CFC’s”. Los clorofluorocarbonados son los principales culpables del deterioro de la capa de ozono y fueron prohibido por ley hace unos 30 años. Aún hoy, muchos productos —como lubricantes, insecticidas, desinfectantes…— continúan poniendo en sus etiquetas este mensaje que no aporta realmente nada.

pecado-55. Otro pecado es el del ‘mal menor’: Hay productos que en su conjunto tienen un dudoso beneficio ambiental y se venden como orgánicos o verdes. Es lo que ocurre con los insecticidas o los herbicidas ‘verdes’.  Aunque hay consumidores que necesitan estos artículos para usos agrícolas, en otras circunstancias pueden ser innecesarios para usos como jardines.

pecado-66. Otras empresas mienten directamente sobre los elementos y certificados de sus productos. La organización de Ontario menciona en su estudio algunos ejemplos como champús que dicen ser “orgánicos” o detergentes para el lavavajillas que aseguran estar empaquetados en papel 100% reciclado , cuando en realidad contienen plásticos. Éste es el pecado de la mentira.

pecado-77. El séptimo pecado que se ha unido a la lista este año es el de “adorar las etiquetas falsas”. Muchas empresas han llegado al punto de falsificar certificados verdaderos y etiquetas para simular un producto respetuoso con el medio ambiente, un estrategia engañosa que requiere una especial atención por parte del consumidor para detectarla.

Como bien señalan Braungart y Mcdonough, la eco-eficiencia, tal y como la asumen hoy muchas empresas, solo hace que los sistemas de producción antiguos y destructivos lo sean un poco menos. En algunos casos, puede incluso ser más pernicioso, porque su funcionamiento es más sutil y con consecuencias a largo plazo.  Un ecosistema puede  realmente tener más posibilidades de retornar a un estado sano y completo después de un rápido colapso que deje algunos nichos intactos, que tras un proceso lento, deliberado y eficiente de destrucción de la totalidad.

El objetivo sería pasar de una estrategia de lavado verde a una de eco-efectividad.

Fuente: Artículo de Almudena Martín en Soitu.

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