Emociones y política

Interesantes trabajos, como los de Antonio Damasio, hay en neurobiología que muestran la relación entre emociones y sentimientos. Un terreno complejo que determina en gran medida la manera en que después actuarán las razones.  ¿Qué pasa cuando extrapolamos esto a la política?

Política, odio y otras emociones.

La política es asunto de intereses. Pero no habría política si los intereses no se vistieran con razones y si el vestido de razones no modificara a veces los intereses vestidos con ellas. Sin debates entre razones, no habría ideologías y la polarización política se reduciría a una lucha de intereses.

Sin embargo, tanto razones como intereses son a veces frágiles frente a las emociones. Fácilmente los actores políticos se pueden dejar llevar por emociones y actuar contra su interés o contra sus razones. Tal vez por eso las Constituciones y los partidos acuden a mecanismos de auto-atadura (self binding) como los compromisos previos o la elevación intencional de costos para prevenir e impedir decisiones inconvenientes basadas en emociones.

edro sobrio se amarra las manos para cuando Pedro esté borracho.

Pero la política necesita emociones. La política es impensable sin algún grado de movilización emocional. Al fin y al cabo la política es tema de acciones (individuales y colectivas) y las emociones son una motivación potente de la acción. En el conflicto entre razón e interés muchas veces quien define al ganador es la emoción. Por eso las elecciones y la ambientación de muchas políticas públicas son en buena parte procesos emocionales.

La polarización política puede enfrentar motivaciones de distinto tipo entre sí (intereses, razones, emociones) o puede enfrentar intereses con intereses, razones con razones y emociones entre sí. La polarización que así se obtiene caracteriza en un momento dado el campo político y sus posibilidades de evolución. La intensidad de la polarización (incluida la intensidad de las emociones sentidas hacia el rival, competidor o enemigo) y el tipo de emociones sentidas influyen notablemente en el hecho de que los conflictos se mantengan dentro de la política o pasen a ser conflictos violentos.

Carl Schmitt (La noción de lo político y El concepto de partisano) considera que la base de la política es la enemistad. La política, practicada por profesionales, sería entonces el arte de encausar esa enemistad por las vías del derecho y de la competencia democrática. Odio, resentimiento, rabia, miedo y desprecio serían ejemplos de emociones presentes en los conflictos violentos (Roger Petersen) pero susceptibles de desvanecerse en el tiempo y/o de alimentar la acción política. ¿Qué causa el odio? ¿cómo se expresa? ¿a qué acciones conduce? ¿qué emociones provoca en el odiado? Las mismas preguntas pueden hacerse sobre otras emociones presentes en la política, incluidas emociones positivas.

“Igualdad de derechos para todos” vs. “primero los derechos de los más excluidos” son argumentos impersonales que provocan emociones positivas que compiten. ¿Algún día la política implicará exclusivamente competencia entre variantes de lo bueno? Las anteriores consideraciones y preguntas son apenas un esbozo para animar a participar en el seminario.

Fuente: Antanas Mockus, en: Política, odio y otras emociones.

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