Archivo mensual: marzo 2010

El lugar de los juicios morales

¿En dónde habita ese “Pepito grillo” que nos habla al oído?

Liane Lee Young investigadora del MIT (Department of Brain and Cognitive Sciences) y autora principal del estudio publicado en la revista Neuron cree que “Pepito Grillo habita en la corteza prefrontal ventromedia (VMPC).

Los juicios morales, tanto los de la vida cotidiana como los que se emiten en los juzgados, dependen de nuestra capacidad de inferir intenciones.

Gracias a dicha capacidad, podemos perdonar daños no intencionados o accidentales o, por el contrario, condenar lo intentos fallidos de hacer daño.

Estudios anteriores habían demostrado que pacientes con trastornos en la corteza prefrontal ventromedial emitían juicios anómalos como respuesta a dilemas morales y que dichos pacientes eran incapaces de generar respuestas emocionales ante hechos abstractos o intenciones.

En el presente estudio, lo que se ha demostrado es que, concretamente, si el resultado de una mala intención es nulo, incluso ante una acción tan perversa como el asesinato, estas personas son incapaces de valorar dicha intención.

Visto en: MIT News y en Tendencias
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Saca tu las conclusiones

A veces, eso que algunos llaman “la confianza inversionista” para generar inversión extrangera y ampliación de la “oferta” no solo resulta más costoso para el consumidor final sino que destruye tejidos y redes complejas que soportan la vida económica y cultural de un territorio y sus habitantes.  El movimiento de “local food” trata de mostrar que otro esquema es posible.

Autómatas biomoleculares

Los autómatas biomoleculares son dispositivos artificiales formados por hebras de ADN y han supuesto una revolución en el campo de la biología sintética.

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Latinoamérica 2030

The Millenium Project está llevando a cabo un estudio prospectivo sobre Latinoamérica.  Los responsables del estudio han desarrollado una herramienta en linea para obtener información de las personas que quieran participar.  Si te apetece pincha AQUI.

Imagen : NASA

Dudar de nuestra lógica

Hace años en Chía, Colombia, tuve el privilegio de conocer la casa (refugio y reserva natural) del profesor Thomas van der Hammen.  Sus explicaciones sobre la  sucesión de paisajes en la Sabana de Bogotá y de la manera en que el estudio del polen nos permite desvelar la historia, dejó una huella en mis convicciones sobre lo que es y lo que no es, el trabajo de un científico.

Hace unos minutos he visto la noticia de su muerte. Buscando información he encontrado las palabras que le dedicó Gerardo Ardila a propósito del reconocimiento que le hizo el Concejo de Bogotá en 2008.  Elocuentes y entrañables invito a leerlas:

Debajo de los pies, un suelo de miles de colores hacía dudar de la presencia de un puerto inmenso en el que se erguían los mástiles ennegrecidos de muchos barcos fantasmas. Estábamos en el Páramo de Sumapaz, al sur de Bogotá, en un amanecer de 1977: Antoine Cleef, estudiante graduado holandés, recogía datos para su tesis doctoral tirado de bruces sobre cojínes de plantago, que forman extraños caminos en medio de pantanos infinitos, por lo que los hombres y mujeres del páramo conocen ese sitio con el preciso nombre de “andabobos”. Junto a Antoine, con su impermeable verde y amarillo con el que durante años lo identificábamos de lejos caminando en las montañas, estaba Thomas van der Hammen, tomando cada trozo de hierba entre sus dedos y dictando su nombre en un latín enredado por el acento neerlandés sobre las erres. Fue mi primer día cerca del maestro quien, por entonces, profesor en la Universidad de Ámsterdam, cada año pasaba varios meses en Colombia estudiando la geología, la vegetación, la ecología y la historia climática, botánica y humana de las llanuras, las sabanas, los bosques y las montañas de Colombia.

Me acerqué a él deslumbrado después de una conferencia en la Academia de Ciencias, en la que me había hecho ver una sucesión de paisajes que ocurrían en la misma Sabana de Bogotá sobre la que estábamos parados. Nos había contado, en unos cuantos minutos, una historia de millones de años, haciéndonos partícipes instantáneos de cambios tan antiguos, que nos hacían sentir la pequeñez de nuestra existencia y el verdadero tamaño de nuestras ambiciones. Ese día, apenas sospeché que la geología y la botánica eran juntas la primera piedra sobre la que se construye cualquier filosofía. Esa era la primera gran lección del maestro: “la naturaleza lo contiene todo; sólo hay que saber buscar en ella. La belleza está contenida en los pequeños detalles de la naturaleza y en la relación con el sentimiento”.

Por entonces, el maestro era ya un hombre con una inmensa reputación como científico de primer orden. Era profesor de las universidades de Ámsterdam y Libre de Holanda y profesor visitante en el Instituto de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia, había recibido la orden de San Carlos y varias condecoraciones, en Holanda. Había viajado invitado por los gobiernos y los científicos de muchos países de Europa y de América, había sido conferencista invitado en los principales foros científicos y ambientales del mundo, y había recibido homenajes de sociedades científicas en muchas partes. Ahora estaba hincado sobre el piso acuoso del páramo tomando entre sus manos con intensa emoción y profundo respeto pequeñas porciones de la naturaleza que –él podía verlo- contenían en sí mismas la vida plena y la belleza. Sus trabajos en la Sabana de Bogotá eran punto de referencia obligatoria para entender la historia climática de América y para relacionarla con la historia de los ecosistemas del mundo. Su historia ya era parte de la historia de Colombia. Llegó a este país en 1951, después de haber vivido con intensidad un viaje a Laponia en 1950, donde pudo comparar la vegetación de esa región del mundo con la que tuvo que haber existido en el periodo pleniglacial, hace cerca de cincuenta mil años. Llegó a trabajar en el Servicio Geológico Nacional, que después sería Ingeominas, y formó parte del grupo fundador de la Facultad de Geología de la Universidad Nacional de Colombia, al tiempo que dictaba clases en la Universidad Pedagógica, en la Distrital y en el Instituto Colombiano de Antropología, en donde su aporte sería determinante para el desarrollo de la arqueología colombiana.

Nadie había trabajado hasta entonces sobre la historia climática del trópico y existía la idea equivocada de que el trópico tenía estabilidad climática a lo largo del tiempo: “En los años 50 hicimos los primeros trabajos sobre el trópico, mostrando que no había la pretendida estabilidad”. Descubrió cambios tan extremos, demostrando que la Sabana de Bogotá había resistido periodos que duraron varios miles de años con temperaturas promedio anuales iguales a las que hoy se soportan en el páramo alto, de la misma manera que había periodos cuando las temperaturas promedio anuales fueron mucho más altas que hoy. Fue entonces necesario que hiciera una nomenclatura para el polen del terciario, pues no había posibilidad de clasificar y reconocer lo que ocurría, si los granos de polen y las esporas correspondientes no se podían identificar y ordenar como se hace con los granos y las esporas actuales. Ese fue un aporte a la ciencia, a pesar de su especialidad técnica.

Descubrir la variabilidad del clima y la vegetación a través de millones de años es una tarea ardua que se concentra en el estudio de la geología de una zona para entender sus procesos de formación y para fechar cada uno de sus componentes; después se recuperan sedimentos que portan polen y esporas fósiles que corresponden a las plantas que cubrieron la tierra en cada momento. Al clasificar los minúsculos granos de polen y las esporas invisibles al ojo, se pueden ver las variaciones de bosques y sabanas y de su composición florística, y estos cambios se relacionan con las variaciones en los niveles de los lagos, pantanos, lagunas y del mar, y con las características ambientales de los suelos, para tener un cuadro, una “pintura” completa de las variaciones ambientales en una región a través del tiempo.

Los cuadros, dibujos y diagramas son obras de arte en las que se concentra una pequeña porción de conocimiento humano, una pequeña clave para entender el mundo. Esa es otra lección del maestro: la ciencia y el arte están hechos de la misma materia prima. Lo sabe por su propia experiencia, pues usa palabras similares a las de la ciencia cuando se refiere a su trabajo de escultor: “las formas están en la piedra; sólo es necesario sacarlas con algo de cuidado. Sólo se requiere cariño, amor a la naturaleza, a todo lo que vive, e interés para encontrar el fondo de las cosas. La naturaleza ha sido mi maestra.” Si la vida no lo hubiera llevado a convertirse en un científico “hubiera sido escritor de novelas o escultor. Me encantaba el baile (el ballet). Eso era intensidad y emoción. A los diez años quería conocer astronomía, geología y arqueología. Teníamos un grupo de muchachos amigos de la naturaleza; todavía existe en Holanda para jóvenes entre los 11 y los 23 años. Interesados en la investigación de la naturaleza, hacíamos campamentos, excursiones, inventarios, exposiciones, y mucha convivencia y colaboración. Yo escogí estudiar geología con biología. En el colegio aprendí francés, inglés y alemán, junto con el estudio del arte, música y pintura. Mi hermano Leendert, tres años mayor que yo, tocaba piano y estudiaba biología. Leíamos Platón, Rilke, Hölderlin, Goethe y Schiller. Tal vez desde allí busqué la relación entre la ciencia y la espiritualidad: la mística, la evolución de la vida; la relación entre materia y espíritu.” La guerra y la consecuente invasión de su país por los alemanes contribuyó a su desprendimiento material; lo necesario constituye la riqueza. ¿Cómo es posible que existan personas que quieren tener más y más dinero? ¿Para qué es necesario acumular cuando los otros necesitan?

Alrededor del año de 1953, mientras vivía en Bogotá y viajaba por todo el país, ocurrieron eventos muy importantes en su vida: “En esos años tuvimos un grupo de músicos (éramos 5); yo tocaba el violín.” En el Servicio Geológico conoció a Anita Malo y contrajeron matrimonio; desde entonces se llaman Thomas-y-Anita. Nacieron sus tres hijos colombianos: Thomas, María Clara y Cornelis Bernardo. Ella, Anita, debería tener las mismas medallas y reconocimientos: aprendió la lengua de su marido y entendió su cultura y pensamiento -a la vez que contribuyó a formarlo- para poder criar a sus hijos en Holanda y en Colombia como ciudadanos activos y demócratas comprometidos; organizó, junto con Inés de Jaramillo, todos los detalles de cada expedición, desde la compra de los equipos y vituallas hasta su instalación en el campo, a donde viajaba con frecuencia. Por esa época, el maestro se decidió a hacerse católico, aunque ya lo había pensado desde antes: “Mis papás eran muy cristianos, buenos cristianos. Pensaban que el domingo no se podía trabajar, no se podía salir en bicicleta. Pero, como había muchas separaciones, diferentes Iglesias, decidí estudiar la historia de la religión. Conocí a Francisco de Asís y me influenció mucho. Pensé en ser católico pero mi hermano me hizo pensar que nuestros padres no entenderían. Ser católico era ser cristiano y lo católico tiene una cultura inmensa: sólo piense en las misas de Beethoven, Haydn, en fin… Lo importante es que las religiones parecen tener una base similar, que lo conecta todo. Es una forma de interiorización, de otra visión de la vida. Jung exploró ese camino, pero se vuelve un camino completo y profundo en la mística”.

Es imposible hablar o pensar en el maestro sin reconocer que él es la confianza, la persistencia, y la humildad. Confía en todos pues cree que si alguien no puede entender nuestras propuestas es porque fallamos al explicarlas y debemos esforzarnos en presentar mejor los argumentos. Por eso persiste en defender sus ideas básicas una y otra vez, por diferentes caminos, haciendo uso de todos los instrumentos disponibles: mapas, cuadros, historias, comparaciones. La humildad surge de su visión integral de la vida, del respeto por la vida y por los otros, y es el producto de su confianza y persistencia. De pocos científicos colombianos (él se siente colombiano) se ha hecho un número igual de entrevistas, artículos, y biografías, cada una de ellas vinculada con un premio o un reconocimiento; pero en tantas páginas no se descubre su visión de la vida, su sentido integral de la existencia.

El maestro pasa su mano por entre su pelo blanco, brillante y abundante, ordena su barba con leves movimientos al compás de sus palabras, y se levanta un poco de la silla como para asegurarse que le escucho bien: “hay dos caminos que permiten el conocimiento: el primero es el material-científico, el estudio fundamental de la materia que llega a niveles en los que se pierde la lógica como ocurre con la teoría de los quantos. Varios de esos físicos han llegado hasta la mística en su búsqueda, que es el segundo camino: cuando yo experimento mi propia introspección, voy al subconsciente (me gusta más que inconciente) y también pierdo la lógica. La mística es el camino para entrar hasta el fondo más profundo del subconsciente. El conocimiento debe ser la combinación de ambos.” Mística y ciencia, la combinación para develar el mundo oculto en la naturaleza constituyen la vía de exploración que sigue el maestro, ocupado en sus escritos –ha hecho más de trescientas cincuenta publicaciones- y en sus meditaciones al borde del lago artificial y del bosque que construyó en su casa con la ayuda de los pájaros y de su yerno. Después de un trago de ron con coca cola, que no cambia por la ginebra de su tierra natal, continua hablando: “Dios es el principio fundamental de la no-lógica. Pierdes la lógica humana, de manera que llegas al final, como en la física. La religión puede hacer llegar a eso, como en Juan de la Cruz, Teresa de Ávila o Francisco de Asís. Dios no se puede definir: es el fondo de todo, es el final de toda lógica. Si Dios fuera “Omni” (todo), ¿por qué no hizo las cosas mejores? La Trinidad  puede entenderse de esta forma: Dios en el universo (el Padre), Dios en el hombre (el Hijo), y la Acción de Dios (el Espíritu Santo). Dios y los hombres son parte de la existencia, así que la búsqueda integral, el camino del conocimiento más completo, sólo se hace a través de la acción de Dios (la naturaleza) y de la presencia de Dios en el hombre. La búsqueda de uno mismo es también la pérdida de uno mismo, porque encontramos que somos parte del todo.”

El maestro se recuesta en su silla de cuero al frente de la cual han estado los ministros del Medio Ambiente -cuando este ministerio existía-. Su conocimiento y experiencia, su amor por Colombia y por su futuro, su conocimiento del pasado, son instrumentos poderosos para entender la dinámica del mundo y los ritmos de los cambios y permanencias de la naturaleza. Este conocimiento es fundamental en la generación de políticas públicas que consideren su impacto sobre la naturaleza y sobre el futuro de los seres humanos. El maestro explica la inconveniencia de que los cultivadores de flores de Bogotá tomen el agua de los acuíferos antiguos que requerirán de miles de años para volver a recargarse, expone sus ideas sobre la inconveniencia de la expansión de la ciudad sobre sus bordes, demuestra los graves riesgos de la conurbación. El ministro no ha vuelto por su casa, pero él persiste al escribir un nuevo documento para hacerlo llegar hasta los escritorios de nuevos funcionarios, mientras avanza en la redacción de sus memorias, en la terminación de otro volumen de la serie de estudios sobre la ecología de los Andes y de la selva y deja tiempo para los cientos de visitantes que buscan su consejo. Aun muchos no entienden cómo es posible que un abuelo venerable de ojos penetrantes y trato tan suave como una brisa, haya sido el creador de un lenguaje y un esquema para la administración de la naturaleza que incluye conceptos como el de estructura ecológica principal ideal, que sirvió de base para ganar muchas batallas frente a monstruos de los negocios con la tierra: confianza, persistencia y humildad.

Una sonrisa amplia, un abrazo cariñoso y en la puerta otra de sus frases: “hoy la ciencia nos ofrece muchas más razones para dudar de nuestra lógica.”

A continuación una presentación sobre el páramo:

Vista en: humbertoga en slideshare

Día Internacional de la Mujer

Desde 1975, Año Internacional de la Mujer, el Día Internacional de la Mujer se celebra el 8 de marzo “para conmemorar la lucha histórica por mejorar la vida de la mujer”. Se celebra en todo el mundo a nivel local y nacional.



15 días

Vivimos en la sociedad de la apariencia. Este rasgo se acentúa más en algunos lugares en los que el cascarón se ha convertido en la médula.

En estos lugares el desarollo del sistema técnico y de las tecnologías se vuelve cuestión de dinero (¿ingenio o picardía?) para comprar el artefacto.  Se pierde de vista la visión sistémica y el objetivo de satisfacer las necesidades que motivaron su desarrollo.

Cuando la apariencia determina la vida de una sociedad se vacía de contenido.   ¿Cuánto tiempo tengo para devolver el producto? Ahora quiero otro …

El cortometraje realizado en el 2001 por Rodrigo Cortés lo ha captado bastante bien.

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Visto en: Humanismo y Conectividad