Agricultura de conservación

Expresiones como agricultura climáticamente inteligente, agroecología, agricultura de conservación, agricultura ancestral, agricultura familiar, agricultura verde, (…) hacen parte de contextos discursivos diferentes y se usan para proponer una respuesta a la forma actual de producción dominante ante la evidencia de que es insostenible.

En las siguientes líneas voy a echar un vistazo muy rápido a la denominada agricultura de conservación. El modelo dominante de producción agrícola emite carbono a la atmósfera y contribuye en un porcentaje relevante a los gases efecto invernadero (GEI) en el total de todas las actividades productivas. Sin embargo, la fotosíntesis, que está en la base de la agricultura, es por definición un proceso que fija CO2 para generar biomasa. ¿Qué pasa, entonces?

La agricultura hace parte de un modelo productivo determinado por un encadenamiento complejo de diferentes agentes que hacen posible cumplir con el objetivo: alcanzar una producción económicamente viable y técnicamente posible. Sin embargo, ese modelo es insuficiente, ha mostrado su fragilidad y tiene impactos negativos en lo ambiental.

Una agricultura que cumpla con la función social de abastecimiento de alimento y materias primas y, al mismo tiempo, genere beneficios medioambientales sería la que denominan algunos agricultura de conservación.

En la mitigación del cambio climático desde la agricultura se ha puesto énfasis en la mejora de las prácticas culturales para el secuestro de carbón en la gestión del suelo. Sin embargo, no se ha hecho suficiente énfasis en la manera de reducir las emisiones de GEI dentro de esas mismas prácticas. Algunos autores señalan que las tecnologías basadas en la precisión a la que se puede llegar con la inteligencia artificial, la robotización y la conectividad, la electrificación con fuentes renovables y las biotecnologías: particularmente el mejoramiento de cultivos basado en las técnicas de edición genética CRISPR y los bioinsumos, tienen un potencial para la reducción de más del 70 % de los GEI.

Sin embargo, otros autores menos optimistas señalan de que si bien se tiene esa posibilidad no es creíble que se consiga llegar a esos porcentajes en los siguientes 15 años para cumplir con los objetivos de mitigación del cambio climático. Y esto abre un debate interesante porque el tiempo se nos ha echado encima. La crisis climática sumada a la crisis de abastecimiento de alimentos que la situación política planetaria está generando nos está poniendo en un escenario de extrema gravedad.

La historia de la agricultura nos ha enseñado que esta siempre ha consumido recursos de las generaciones futuras y por tanto el cambio de «modelo» no es una cuestión trivial. Tener como objetivo una agricultura de la conservación es una utopía necesaria pero requiere de una más decidida I+D+i en las múltiples dimensiones que se requieren abordar para lograr una transformación del modelo de producción y de los sistemas agroalimentarios. Por tanto, ambas cuestiones no se pueden abordar separadamente. Y tal vez uno de los puntos de intersección más interesantes entre la agricultura de conservación y los sistemas agroalimentarios lo ofrece la transferencia y la apropiación social de las tecnologías (y más exactamente los sistemas técnicos) que se requieren para lograrlo.

El alto riesgo de desabastecimiento e inseguridad alimentaria no debe equivocar las acciones que se tomen. Como ciudadanía debemos exigir a los responsables que pongan los incentivos en las respuestas que nos permitan salir de esta situación y al mismo tiempo desactivar la crisis climática. Los atajos para resolver el problema de desabastecimiento y la carestía de los fertilizantes puede conducir a un bucle de crisis sistémicas mucho más peligroso. En cambio, esta situación de urgencia puede acelerar las transformaciones que el sistema agroalimentario mundial necesita y para esas transformaciones la investigación científica y la innovación social y de base tecnológica son fundamentales. Mira en dónde se están poniendo los recursos públicos …

Anuncio publicitario

Elecciones

Han sido las elecciones al Congreso en Colombia. También, se celebraban las consultas internas de diferentes partidos o coaliciones para escoger su candidato a la presidencia de la república. En estos tiempos que corren es legítimo sentir miedo. Mucha gente lo manifiesta en sus opiniones y en la lógica azarosa que siguen sus actos.

El miedo es legítimo pero no es un buen aliado para decidir el voto. El miedo no deja escuchar los argumentos del contrario y los que azuzan a la fanaticada encuentran ahí el estado ideal para manipular y sacar ventaja de sus intereses; intereses que suelen ser pequeñitos y destinados a engordar sus propios patrimonios.

Hay que sosegar los ánimos, aparcar las emociones, buscar que los candidatos representen un crisol del ideas amplio y diverso como lo es el país. La cuestión no debería ser dicotómica. El mundo está en una encrucijada que está desencadenando crisis que pueden volverse sistémicas y de ahí nadie saldrá bien librado.

La democracia liberal es un buen invento y está siendo amenazado en muchas partes por el tribalismo, el nacionalismo y las tentaciones autoritarias. Les invito a que no busquen a las personas que resuelvan la encrucijada como quien busca un redentor para encontrar alivio y sosiego. Eso puede ser tranquilizador pero es muy peligroso. La política va de otra cosa y es bueno recordarlo. La política va de ser capaces de organizarnos para gestionar la esfera de lo público en las sociedades. Se necesita a alguien que dirija una partitura colorida y amplia que represente a la mayoría y cuide con mimo los espacios de las minorías. Ese es el juego.

Permitamos que se abra un espacio de escucha.

La transición

Estamos en un proceso de cambios acelerados. La crisis climática ha hecho que el poder político tenga que tomar decisiones en la dirección de la «descarbonización» de la economía. Esta es una forma de decir que necesitamos una economía basada en sistemas técnicos de generación de energía que no emitan gases efecto invernadero (GEI) a la atmósfera.

La transición hacia esos sistemas técnicos debe entenderse como algo más complejo que la sustitución de la fuentes de energía para remplazar el petróleo por viento o sol. Esa transición debería ser también hacia la transformación de los factores extrínsecos que intervienen en estos sistemas técnicos de generación energética. Me explico: la manera en que está organizado el sistema energético, empresas generadoras que constituyen oligopolios que controlan la producción, distribución y comercialización de la energía también debería estar en transición hacia un modelo más abierto, descentralizado, democrático y competitivo.

Todo nuevo arreglo tiene un coste. La discusión en la esfera de lo político debería estar orientada a ilustrar sobre la manera en que en la sociedad se distribuirán esos costes. Sin embargo, parece que la simplificación del problema tecnológico (nada ingenua) de creer que la transición tecnológica es un problema solo de sustitución de fuentes de energía, enmascara una discusión pública que debería ser mucho más amplia y que seguramente apuntaría a los agentes privilegiados del modelo actual para que sean éstos los que contribuyan con un sentido de equidad a pagar ese costo de transición.

La transición conlleva una visión ecológica del problema y eso significa una definición diferente de lo que en la esfera internacional (dominante) se ha entendido como <desarrollo>. Hay aportaciones en diversas tradiciones populares que enseñan que es posible enriquecer esa noción de desarrollo humano y su correspondiente traducción al sistema económico, siendo cuidadosos para no ahogar la razón en medio de un lenguaje místico que oscurezca cualquier razonamiento y nos lleve a la inacción.

La gobernanza de cualquier sistema técnico (tecnología) es por definición una cuestión de poder. La aversión al uso de algunas tecnologías y la apelación al principio de precaución, enmascara en algunas ocasiones, esta discusión política. Los factores intrínsecos de algunas de estas tecnologías muestran que son las más ajustadas en términos de objetivos/resultados; sin embargo, los factores extrínsecos de esas tecnologías; es decir, la forma de transferirlas a la sociedad y la manera en que se implantan y gobiernan (incluso sus propios riesgos) es muy poco ajustada: beneficios individuales/ beneficios sociales.

Estamos en un proceso de rápida transición y es urgente que emerjan estas discusiones de forma pública y didáctica. El costo que tenemos que pagar debe ser asumido con equidad, fraternidad y libertad.

Redes

Las redes están de moda. Estamos conectados por la world wide web, tenemos redes sociales, algunas empresas dicen que están organizadas en red, (…)

La comprensión del relacionamiento de los objetos que hacen parte de un conjunto ha sido objeto de estudio desde hace mucho. La teoría de grafos no es nueva tiene más de 200 años. Su importancia radica en que la forma (en sentido amplio) en que se dan esas relaciones, confiere unas u otras características a todo el sistema. Entender esas relaciones permite un sinnúmero de aplicaciones prácticas.

El estudio de estas relaciones y la manera en que influyen en las normas sociales es determinante para lograr acelerar los sistemas regionales de innovación. La investigación en los campos del análisis social de redes y del comportamiento social tienen un área de intersección muy prometedor que dará luz para la formulación de políticas y estrategias más efectivas para la transformación de estos sistemas sociales.

Percepción

Modelo socioeconómico que reduce la dependencia de las fuentes fósiles de combustibles y promueve el uso de los recursos biológicos de forma sostenible, por medio de la generación y uso intensivo de conocimiento-tecnología para producir bienes y servicios en diferentes sectores (bioenergía, agricultura y alimentación, salud, materiales -bioplásticos, industria. Esto es la bioeconomía.

La bioeconomía parece un horizonte sensato para orientar nuestros esfuerzos y desarrollar una economía productiva de alto valor. Sin embargo, el desarrollo tecnológico que se requiere para aprovechar la biodiversidad y orientar el proceso productivo bajo los principios de una economía circular no es trivial.

El país debería emocionarse y rodear al sistema de ciencia y tecnología para lograr este propósito. Un tejido empresarial con departamentos robustos de I+D, universidades formando y haciendo investigación de calidad, centros de investigación, desarrollo tecnológico e innovación orientados a la transferencia, una normatividad que incentive el riesgo y una sociedad curiosa, que percibe que la ciencia y la tecnología están en la base de su calidad de vida, forman una red de relaciones necesaria para lograr que la bioeconomía fuera la base de la economía circular de un país como Colombia.

¿En dónde están hoy los conocimientos, intereses y las actitudes de la ciudadanía?

Hambre III

La deforestación en la Amazonía y la Orinoquía es un tema de trascendencia planetaria. La seguridad alimentaria, la salud pública y la estabilidad política están en riesgo. La rápida pérdida de biodiversidad nos está poniendo en un escenario de vulnerabilidad que será muy difícil de gestionar y tendrá impactos a escala planetaria. Por supuesto, las regiones más empobrecidas se están viendo afectadas más rápidamente; sin embargo, este problema sistémico ira encadenando consecuencias a escala planetaria.

Los incendios de las últimas semanas en amplias regiones de Colombia y particularmente en el departamento del Guaviare, en donde se sabe que hay intereses muy particulares detrás de esos incendios, son particularmente graves. La falta de una política seria y eficaz ha llevado a que año tras año se incremente el problema, sin atacar ninguna de sus causas. La declaratoria de zonas de protección y reserva sin ninguna otra intervención no sirve para evitar la deforestación y cambiar la trayectoria dramática de esta situación.

Entender a profundidad la dinámica de esos territorios y desarrollar los mecanismos de ordenamiento y gestión del suelo, usando las mejores alternativas técnicas, basados en los principios de participación, control y seguimiento de las comunidades que viven en esas regiones, de forma que se garantice el respeto por sus modos de vida, debería ser la prioridad, al mismo tiempo que desarticular la estrategia perversa de algunos para adueñarse de amplias áreas de «tierras baldías» en zonas de reserva y protegidas.

La conectividad entre los ecosistemas andinos, amazónicos y de la orinoquia es clave para la biodiversidad planetaria y uno de las estructuras de soporte más importante para la alimentación de la población en esta parte del planeta y se está rompiendo a velocidades muy aceleradas. Detener ese proceso y cambiar de trayectoria debería ser una de las principales medidas de política económica (economía con mayúsculas) del país.

Medidas radicales como declaratorias de áreas protegidas y de reserva para proteger las áreas de valor de la biodiversidad pueden poner en peligro la seguridad alimentaria y la salud humana en las regiones más vulnerables del mundo, si no hay una adecuada articulación con las dinámicas socioeconómicas, los intereses políticos y las lógicas geoestratégicas.

Como se ve, no es un tema menor y tampoco un asunto solo de ambientalistas. ¿Qué dicen los candidatos?

La transición

La simplificación en el análisis y la comprensión de los sistemas agroalimentarios se traduce en políticas que afectan a los agricultores en un extremo y a los consumidores en el otro, dejándoles muy poco margen para lidiar con los riesgos: pobreza y hambre están al acecho. Una adecuada gestión del riesgo empieza por la comprensión profunda del sistema para identificar adecuadamente las amenazas que se pueden presentar, calibrar qué tan susceptible se es frente a éstas y tomar las medidas más convenientes que reduzcan la vulnerabilidad ante situaciones críticas y adversas.

Los agrosistemas también deben ser analizados en toda su complejidad. Reducir su éxito a la implantación de «paquetes tecnológicos» es una simplificación peligrosa. El agrosistema es dinámico en sus factores biológicos, socioeconómicos y culturales. La innovación no es otra cosa que advertir este hecho y buscar las mejores oportunidades de mejora en ese devenir constante. Hoy en día los productores agropecuarios y en particular los agricultores campesinos tienen cada vez menos alternativas para lidiar con situaciones críticas como la pérdida de sus cultivos por plagas y enfermedades, la pérdida de fertilidad en los suelos, la escases y contaminación del agua, la poca transparencia en los mercados, los precarios mecanismos de información y la poca infraestructura pública.

Las opciones tecnológicas que se requieren no deben ser confundidas con artefactos y recomendaciones. Los agricultores necesitan contar con sistemas técnicos complejos en donde el artefacto, su disponibilidad, gestión e innovación estén presentes en la dinámica territorial concreta en donde esté el agrosistema. Que los productores usen un artefacto o sigan una recomendación solo es una parte del proceso que algunos llaman adopción. La tecnología debe integrarse a las dinámicas productivas mostrando su eficacia para obtener los resultados que se quieren de manera consistente.

La producción no es solo responsabilidad del agricultor y el problema tecnológico, es decir, el cómo producir lo que se quiere producir, no es solo una asunto de oferta y demanda. El sistema agroalimentario actual está poniendo en riesgo el ecosistema; aumentar los rendimientos para alimentar a la población, hacer un mejor uso de los fertilizantes nitrogenados y fosforados y en general de los insumos agrícolas incluyendo los antibióticos, un uso mucho más eficiente del agua, conservar la fertilidad del suelo, contribuir a la mitigación del cambio climático son hoy en día necesidades apremiantes. El desarrollo de nuevas tecnologías y los procesos de innnovación se deben enmarcan en esta urgencia y todos los nodos de ese sistema agroalimentario: agricultores, asistentes técnicos, científicos y desarrolladores de tecnología, consumidores, gestores públicos deben implicarse de forma coherente en la transición del sistema agroalimentario.

¿Qué proponen los políticos para lograr esa transición urgente y necesaria hacia un sistema agroalimentario sostenible?

PD. No vale solo decir que sembrar más aguacates, dar más asistencia técnica o comprar cosechas …

Hambre II

Una dieta diversa y rica en nutrientes, producción y comercialización de una amplia gama de productos agrícolas y eficiente distribución, escaso desperdicio de alimentos y suficiente información al consumidor sobre formas de producción, comercialización y calidad nutricional son factores que determinan una alimentación sana y balanceada. Comida, planeta y salud van de la mano.

La diversidad de plantas, animales y microorganismos, es decir, la biodiversidad que directa o indirectamente soporta los sistemas agroalimentarios es crítica para obtener dietas más saludables. Hoy es urgente fijar prioridades para mejorar la agrobiodiversidad. Acciones y compromisos deben tomarse en muchos frentes de los sistemas agroalimentarios para acelerar la contribución de la agrobiodiversidad en la sostenibilidad del sistema.

La agroecología, la agricultura de conservación, la agroforestería son modelos productivos que van más allá de las buenas prácticas agrícolas e integran una visión de conservación y utilización de los recursos como suelo y agua que se debe contabilizar en servicios ambientales. La ordenación del territorio en este contexto pasa por una adecuada lectura del socio-ecosistema que cuide de su integridad, conectividad y funcionalidad.

La política debe orientarse hacia el estudio y la conservación de los recursos genéticos. Y la conservación de estos recursos pasa por una lectura territorial comprensiva que entienda el valor estratégico de los habitantes del medio rural, el conocimiento ancestral y el reconocimiento de los diversos modos de vida. Y volvemos a un punto muy interesante: la agri-cultura.

La transición de los sistemas agroalimentarios hacia la autonomía alimentaria debe considerar líneas de acción en relación con i) la demanda y el consumo, ii) el sistema de producción y la cadena de valor, iii) modelo de negocio, distribución y logística.

En relación con la demanda y el consumo hay que considerar la dinámica demográfica, los procesos de urbanización y cambios en los modos de vida, el incremento del ingreso y el aumento del interés por dietas más balanceadas.

Si miramos los sistemas de producción hay que responder con acciones que lleven a la innovación tecnológica, la intensificación de la producción basada en biotecnologías, la mejora en el acceso a infraestructuras, la restauración de los ecosistemas: suelo, agua y adapten el sistema al cambio climático.

Y si consideramos el modelo de negocio cuáles son las acciones que se deben tomar en relación con los tratados internacionales, la inversión internacional, el control de los oligopolios, la transparencia de los mercados.

Preocupa que el discurso político sea tan simplista.

Hambre

Para expresar el coste energético del trabajo humano no existe una fórmula unívoca . Podemos calcular el coste energético neto del trabajo, como lo enseña Vaclav Smil y obtener un valor. Por otro lado, gran parte de la energía que los humanes necesitamos como especie está asociada a los aportes de energía indirecta necesarios para los procesos de interacción y aprendizaje social. Paradójicamente nuestro éxito evolutivo no ha estado en ahorrar energía sino en consumir más energía para realizar procesos cada vez más sofisticados de interacción y aprendizaje social.

El costo de nuestro éxito evolutivo es el de tener sistemas cada vez más eficientes para proveer la energía que requiere la evolución cultural. En ese contexto analizar la gestión de los sistemas agroalimentarios requiere de una mirada más comprensiva. Los mecanismos de gestión de esos sistemas deberían basarse en lo que parece indicar que ha sido exitoso para la especie, teniendo como referencia una escala temporal más amplia: cooperación, buen reparto intergeneracional y división del trabajo.

La tecnología actual permitiría el aporte necesario para satisfacer el gasto energético total pero los fallos en su sistema de gestión lo están impidiendo. Tal vez, reconocer que el sistema debe estar orientado por la cooperación, la equidad intergeneracional y la división del trabajo sea un paso necesario para afinar esos factores extrínsecos necesarios para que la tecnología funcione bien. A día de hoy no está funcionando bien y el costo de estos fallos es elevadísimo.

¿Qué piensan los candidatos?

En las sociedades modernas la deliberación pública sobre la tecnología debería ser central, ¿tenemos instituciones para organizarla? ¿la discusión sobre la política científica y tecnológica es pública y notoria? ¿los parlamentarios están bien asesorados para comprender el alcance de determinada tecnología? ¿la explicación sobre las implicaciones de determinada tecnología solo está en capacidad de entenderla un estrecho grupo de expertos? ¿hay apropiación social de las tecnologías? ¿interesa que los consumidores de determinadas tecnologías sean usuarios incondicionales? ¿existe la capacidad en los estados para deliberar sobre las tecnologías con el lobby de las grandes multinacionales de base tecnológica?

El conocimiento cada vez más preciso sobre las cosas (la realidad¿?) genera posibilidades de interacción con el medio, a través de tecnologías cada vez más potentes. Este hecho hace que la gestión de los sistemas técnicos sea una de las cuestiones más importantes para orientar el devenir de la sociedad hacia el bien común.

En el debate electoral este tema central de la democracia pasa casi siempre desapercibido. El tema es central para la democracia porque atraviesa la vida cotidiana de cada uno y determinará en gran medida el sentido que se le dará al uso de determinada tecnología. El trámite que se le está dando a los conflictos sociotécnicos con la irrupción de determinadas tecnologías es penoso. Disociar los factores intrínsecos de la tecnología que se esté analizando de sus factores extrínsecos no permite tener una mirada comprensiva y suficiente sobre la cuestión. Las posibilidades que está abriendo la bioinformática, la inteligencia artificial y la conectividad son impresionantes y no puede circunscribirse su gestión a un cuadrilátero en el que se dispongan en una esquina los que piensan que son buenas y en la contraria los que creen que son malas. Se necesita más política científica y tecnológica.

Les escucho ¿qué proponen?