Una tarde en la biblioteca

Las bibliotecas tienen muchas funciones. Esta es una de ellas:

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La tía de rojo, posted with vodpod
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Comunicación entre personas

Las redes sociales (Web 2.0), denominada por algunos, como la mezcla de tecnología y comunicación, han tenido un vertiginoso crecimiento en los últimos meses.  Un aspecto interesante de esta explosión, ha sido el impacto de esta tecnología en los medios convencionales de comunicación.  Muchos han llegado a estas redes tratando de adaptarlas a su quehacer sin mucho éxito, otros se han dado cuenta de que los contenidos que habitualmente presentan ya son obsoletos en las redes y que la información que éstas comunican va más deprisa que el medio tradicional.  Otros se han dado cuenta de que las redes permiten una comunicación entre personas que en muy poco tiene que ver con el tradicional modelo de comunicación de masas y buscan ahora que sus organizaciones interactúen con sus clientes a través de estas redes.

Del mismo modo, están empezando a surgir, cada vez con más frecuencia, iniciativas al margen de la industria convencional de las comunicaciones y el entretenimiento, que utilizan las redes sociales para difundirse, crecer y evolucionar.  Un creativo ejemplo de lo anterior es el Interview proyect de David Linch. No he visto en ningún medio convencional de comunicación comentario alguna al respecto, los críticos de cine en silencio … imagino que es porque algo extraño y genial está brotando.

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Progreso y tecnología

En un artículo anterior tocaba el tema de la ciencia ficción.

Dos grandes referentes de este género en el cine son Metropolis y Blade  Runner


El temor al gobierno de las máquinas es, en última, el miedo a nosotros mismos.

La tecnología puede converger con el cambio social siguiendo una trayectoria de progreso y emancipación, si se regula por autoridades democráticas y legítimas.  Una asignatura pendiente.

La memoria

En la película The Reader, protagonizada por Kate Winslet, Ralph Fiennes y David Kross, y dirigida por el británico Stephen Daldry (director candidato al Oscar por la película Las Horas en 2003), el guión es una adaptación de David Hare basado en la novela homónima, El lector (Der Vorleser) de Bernhard Schlink, hay una referencia interesante a la Memoria en los procesos de justicia y reparación.

Dice el profesor de derecho a su alumno: (…) si todo este proceso no sirve para que gente como tu no cometa los errores que cometimos la gente como yo, entonces no hemos hecho nada.

Invito a reflexionar sobre ello …

Un mundo libre

El director

A los 25 años, mientras estudiaba derecho en Oxford; en el St Peter’s College; Ken Loach entró por primera vez en contacto con las artes escénicas, actuando en el grupo de teatro de la universidad. Después de graduarse, trabajó como asistente de dirección en el Northampton Repertory Theatre. Pero estaba más interesado en el mundo audiovisual que en el de las tablas, así es que después de obtener en 1963 una beca en la cadena de televisión BBC, se inicia en la dirección.

El ambiente que se respiraba en aquellos años, favorecía la realización de programas que criticaban las injusticias sociales, allí encontró Loach la visión y la voz que caracterizaría su cine. A partir de 1964 comienza a dirigir una serie de documentales, el más famoso de ellos es Cathy Come Home (1966) sobre la pobreza, con el cual obtuvo gran éxito.

Desde entonces y hasta principio de los 80′, dividió su tiempo entre el cine y la televisión, filmó cuatro largometrajes, numerosos documentales y películas para la TV como The Big Flame (1969) sobre los trabajadores portuarios de Liverpool y la serie Days of Hope (1975), sobre los hechos que llevaron a la huelga de 1926, y la derrota del Movimiento Laborista Británico.

Con Margaret Thatcher en el poder, crece el paro y los recortes de presupuesto para la cultura. La Dama de Hierro se gana muchos enemigos entre los artistas, Loach entre ellos. El Channel Four prohibió sus documentales A Question of Leadership, con los que combate al Thatcherismo, por lo cual a lo largo de toda esa década solo puede filmar dos películas.

En los años 90′, con los cambios políticos, su carrera se revitaliza. Ha filmado hasta ahora nueve películas más, con la mayoría de las cuales ha obtenido numerosos premios, consolidando su carrera internacional, pero manteniéndose siempre fiel al estilo que fue una constante en su vida: la defensa de los oprimidos. En cuanto a la militancia estrictamente política, Ken Loach es hoy día miembro de la directiva de la coalición de izquierda RESPECT.

Heredero del british social realism (realismo social británico), Loach, en cuyas películas muchos creen ver algo así como un «grado cero de la escritura cinematográfica», es dueño de un estilo depurado y sintético. Como heredero inequívoco de las principales tendencias de cine realista de europa y en mayor medida del cine independiente que se caraterizaba por su realismo, su inconformismo social, su crítica a la burguesía y a la sociedad, y su acercamiento a los seres anónimos de la misma, o su sentido del humor.

Ken Loach, al igual que sus antecesores, denuncia los traumas que ocasiona en los seres humanos la vida en las ciudades industriales a pesar de los avances tecnológicos, y con sus historias sacude las conciencias de la sociedad contemporánea con el fin de mejorar sustancialmente las condiciones de la clase trabajadora (poniendo de ejemplo lo que mejor conoce: las injusticias que sufren las clases menos favorecidas en la sociedad británica).

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Ken_Loach

Su filmografía

* En un mundo libre… (2008) Director, Producción
* El viento que agita la cebada (2006) Director
* Sólo un beso (2005) Director
* Sweet sixteen (Felices dieciséis) (2003) Director
* 11’09»01 Once de septiembre (2002) Director
* La cuadrilla (2001) Director
* Pan y rosas (2000) Director
* Mi nombre es Joe (1998) Director
* La Canción de Carla (1995) Director
* Ladybird, Ladybird (1994) Director

Fuente: http://es.movies.yahoo.com/artists/l/ken-loach/index-93169.html

Ciencia ficción

LA CIENCIA FICCIÓN DESDE UNA LECTURA DE 2001 ODISEA EN EL ESPACIO

A la manera de Borges pienso que los géneros literarios dependen menos de los textos que del modo en que éstos son leídos.  Hablar sobre la ciencia ficción o la literatura fantástica, es hablar, en cierto modo, de la manera en que los lectores abordan este tipo de textos.

Con 2001 Odisea en el espacio se plasmó una idea a través de dos versiones diferentes. Una audiovisual y otra literaria.  A diferencia de lo que cabría suponer, la versión literaria resulta mucho más detallada y comprensible que la otra.  Los lectores necesitan menos claves para comprender el sentido del texto, pudiendo aproximarse a él como a un libro de aventuras, encontrando con el paso de las páginas las pistas para seguir en la lectura.  En cambio con la película de Kubrick, no se descubren los conceptos que el espectador requiere para entenderla, como diría Woody Allen: sólo me gustó la película cuando una amiga me la explicó y la volví a ver.  Es una obra de un alto contenido abstracto que requiere de una predisposición para captarla, tanto en sus aspectos estéticos, como en su contenido existencial.

Me voy a referir a esto último en las siguientes líneas.  El tiempo es la pregunta fundamental del ser humano desde mi punto de vista. En la ciencia ficción y particularmente en 2001 Odisea en el espacio, la reflexión última es el tiempo.  La última imagen de la película o el hijo de las estrellas en el libro es una metáfora a la condición de imagen de la eternidad que detenta el tiempo.  Ahora bien, el estilo y los argumentos que acompañan estas reflexiones están condimentados por el saber científico-técnico y es ahí donde radica la especificidad de este tipo de manifestaciones culturales.  Obviamente sin la teoría de la evolución de Darwin o la teoría de la relatividad de Einstein o la práctica científica de validación de argumentos a través de la verificación empírica, hubiese sido muy difícil realizar una obra de este estilo.  Ya no somos lo que éramos y las reflexiones sobre el tiempo, encajan ahora las visiones que tenemos de lo que somos a partir de lo que sabemos.

Para que una obra sea de ciencia ficción no basta con que muestre un robot o haga juegos extraños de luces para sugerir propiedades fantásticas de la materia, se debe tener rigor argumental basado en explicaciones plausibles frente a los fenómenos que muestre la obra.  Además debe abordar cuestiones culturales como la relación hombre-máquina, hombre-tiempo, hombre-conocimiento.

En el libro de Clarke se encuentran varias de las características anteriormente expuestas.  Por ejemplo, se presenta el esquema mental básico de argumentación científica bajo el que operan personas con esta formación, cuando escribe: “(…)  – Queda descartado-protestó- . No puede haber criaturas inteligente muy pequeñas; se necesita un mínimo de tamaño cerebral.  Floyd se había dado ya cuenta de que Michaels  y Halvorsen solían sustentar opiniones opuestas aun cuando no pareciese existir una hostilidad o fricción personal entre ellos. Parecían respetarse mutuamente; simplemente, estaban de acuerdo o en desacuerdo.”

También es interesante apreciar cómo el autor piensa que es posible un desarrollo en las ciencias cognitivas que conducirían hacía una revolución educativa en el siglo XX en donde debido a “técnicas de instrucción e información, poseía ya el equivalente a dos o tres carreras … y lo que era más podría recordar el 90% de lo aprendido”.  Desafortunadamente este deseo de Clarke no se ha plasmado y su mirada sobre el sistema educativo está resultando más bien contraria.

Otro elemento a señalar es el limite difuso que se presenta entre la evolución biológica y la evolución electrónica.  Parece que se yuxtaponen cuando se ha alcanzado un punto y determinadas características de los sistemas biológicos como el dolor o el crecimiento pasan a ser también características de los sistemas electrónicos.  Este problema parece recurrente en la mirada preocupada que hacen algunas personas sobre la autonomía de las máquinas y su propio gobierno, asignándoles características de pensamiento y de conciencia idénticas a la de los seres vivos actuales.  Ahí radica su preocupación, pero también su equivocación. El funcionamiento complejo de una red de información con capacidad de replicación basado en el silicio no tiene porque ser igual al funcionamiento neuronal basado en el carbono.  De hecho hoy día no lo es. Por lo tanto, el producto del manejo de la información y las redes que se puedan tejer, con el poder que esto pudiera conllevar, no tienen porque ser similares a las prácticas que empleamos para gobernarnos y el temor que sentimos de nosotros mismos.

Y finalmente Clarke vuelve al mito original, al origen del tiempo. “Estaba moviéndose a través de un nuevo orden de creación, con el cual pocos hombres soñaron siquiera. Más allá de los reinos del mar y la tierra y el aire y el espacio, se hallaba el reino del fuego, del cual él solo había tenido el privilegio de tener un vislumbre.”  Los cinco elementos de múltiples mitos de creación, aparecen nuevamente, re-encauchados en un nuevo mito de creación evolutiva, con otra escala de tiempo, en un mundo de fuego.

Termino retomando la idea del primer párrafo, para señalar que aún la mayoría de los lectores (espectadores) no cuenta con las claves necesarias y suficientes para poder hacer una lectura de ciencia-ficción.  La relación entre la mayoría de los ciudadanos y el desarrollo científico-técnico es casual y está mediada por un mensaje publicitario que privilegia determinados aspectos sobre otros.  Esta ausencia de visibilidad de tantas aristas del tema hace que la ciencia ficción sea un apartado escaso y muchas veces mal entendido incluso por algunos autores cuando la pretenden hacer y caen en cuentos de hadas adornados por mágicos y maternales encuentros.