Archivo de la etiqueta: crisis económica

Hay Alternativas

A continuación difundo el libro de Juan Torres, Vinçec Navarro y Alberto Garzón titulado: Hay Alternativas.

Esta es una propuesta divergente al mensaje masivo y machaconamente repetitivo que los medios masivos de comunicación divulgan. Frente al problema de la crisis económica actual y las “únicas” medidas posibles, estos intelectuales, miembros del consejo científico de ATTAC,  muestran que es posible seguir medidas alternativas.

En resumen, no es verdad que la catástrofe es la alternativa si no se hacen los famosos “rescates a los bancos”.

Un gigante sonámbulo

Mucho se ha dicho sobre la crisis económica que ha envuelto al mundo.  Los líderes del G8 han estado reunidos en  L’Aquila. El títular más “humano” es que el G8 donará más dinero del comprometido a África. Los discursos de la política continuan secuestrados por una visión del mundo.  Visión economicista.  Visión que ha entrado en una profunda crisis.

El siguiente artículo de Jordi Pigem expone este aspecto con meridiana claridad.

300px-El_coloso

¿Hasta dónde alcanza la crisis?

Lo que ha entrado en crisis no es solo el neoliberalismo, ni siquiera el capitalismo. Podríamos decir que ha entrado en crisis el economicismo, la visión del mundo que considera la economía como el elemento clave de la sociedad y el bienestar material como clave de la autorrealización humana. El economicismo es común al capitalismo y el marxismo, y durante mucho tiempo a la mayoría de nosotros nos pareció de sentido común —pero hubiera sido considerado un disparate o una aberración por la mayoría de las culturas que nos han precedido, que generalmente veían la clave de su universo en elementos más intangibles, culturales, religiosos o éticos.

En el fondo, sin embargo, no sólo ha entrado en crisis el economicismo, porque la crisis actual es sistémica y no sólo económica. Tiene una clara dimensión ecológica (pérdida de biodiversidad, destrucción de ecosistemas, caos climático), pero también hay crisis desde hace tiempo en la vida cultural, social y personal. La sociedad, los valores, los empleos y hasta las relaciones de pareja se han ido volviendo cada vez menos sólidos y más líquidos, en la acertada expresión del sociólogo Zygmunt Bauman. Disminuyen las certezas y crece la incertidumbre en múltiples ámbitos, incluso en las teorías científicas que en vez de volverse cada vez más simples y generales se vuelven más parciales y complicadas.

Vivimos una crisis sistémica, que habíamos conseguido ignorar porque el crecimiento de la economía nos hechizaba con sus cifras sonrientes y porque los goces o promesas del consumo sobornaban nuestra conciencia. Pero el espejismo del crecimiento económico ilimitado se desvanece y de repente nos damos cuenta de que no podemos seguir ignorando la crisis ecológica, la crisis de valores, la crisis cultural. Tenemos cantidades ingentes de información, centenares de teorías y muchas respuestas, pero la mayoría sirven de muy poco ante las nuevas preguntas. Lo que ha entrado en crisis es toda la visión moderna del mundo, que de repente se nos aparece obsoleta y pide urgentemente ser reemplazada por una visión transmoderna, más fluida, holística y participativa.

Una visión del mundo no es una simple manera de ver las cosas. Determina nuestros valores, dicta los criterios para nuestras acciones, impregna nuestra experiencia de lo que somos y hacemos. En el fondo podríamos decir que lo que finalmente ha entrado en crisis es el ego moderno, toda una forma de estar en el mundo basada en un complejo de creencias que inconscientemente compartíamos. Por ejemplo, que el ser humano es radicalmente diferente y superior al resto del universo. O que cada ser humano es también radicalmente diferente de los demás, contra los que ha de competir para prosperar. O que el universo es básicamente inerte y se rige por leyes puramente mecánicas y cuantificables. El ego moderno se siente como un fragmento aislado en un universo hostil, y de su miedo interior nace su necesidad de certeza y seguridad, de objetivar y cuantificar, de clasificar y codificar, de competir y consumir.

Pero el ego moderno no puede ser sustituido por un ego transmoderno, porque no hay tal cosa. La crisis nos invita (o nos acabará obligando) a ir más allá del ego y a descubrir que nuestra identidad es en el fondo relacional, que no estamos aislados sino que cada persona y cada ser es una ola en un océano de relaciones en el que todos participamos y en el que también fluyen la sociedad, la naturaleza y el cosmos.

Por ello la crisis no solo es una oportunidad para avanzar hacia economías y sociedades que sean más justas, sostenibles y plenamente humanas. También es una alarma que ha saltado porque ya es hora de despertar. Porque la economía global era como un gigante sonámbulo, que avanzaba a grandes zancadas sin saber a dónde iba, sin saber lo que estrujaba bajo sus pies, inmerso en las ensoñaciones de una visión del mundo caduca. Por ello la crisis es como una vigorizante ducha fría. Una oportunidad para despertar.

Fuente: Crisis económica 2010, imagen Wikipedia

Hitos que avergüenzan

Hay hitos que dan verguenza.  Se espera que en el 2009, la humanidad alcence la escandalosa cifra de 1.020 millones de personas que pasarán hambre a diario, según estima la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de las Naciones Unidas. El problema es estructural y profundo.

Las metas de reducción del hambre para el 2015 de no más de 415 millones de seres humanos hambrientos (hecho de por sí, grave) parece que no se van a cumplir.  De nuevo, el problema es estructural y profundo.  Los políticos miran hacia otro lado.  Algunos dirán que son los efectos colaterales de la crisis económica.  Una maldición de los dioses.  Un castigo divino.

La respuesta es el trabajo decente

trabajo-decenteLa Organización Internacional del Trabajo acaba de publicar un excelente informe The Finance and Economic Crisis: A Decent ­­­­­­­­­­Work Response.

El trabajo decente es uno de los mejores instrumentos para alcanzar los estándares de desarrollo y una mayor calidad democrática.  Sin embargo, durante los años de euforia que precedieron a la actual situación de recesión económica mundial, el salario de los trabajadores fue perdiendo capacidad adquisitiva y sus jornadas aumentando.  Un ejemplo de esto es que el salario hora de los trabajadores de la manufactura (los mejor pagados y que se convierten en el punto de referencia para el nivel salarial de un país) ha ido descendiendo en la mayoría de los países de la  OECD.

En estos momentos, la crisis tiene sobretodo la cara del desempleo. El estímulo a la economía hasta ahora ha ido dirigido a los que se beneficiaron de la situación anterior (estimular la banca… ¡vaya paradoja!) y apenas ha llegado al universo laboral.

El informe va de la mano y debe entenderse en el contexto de la Declaración de la OIT sobre Justicia Social para una globalización equitativa.

Ahora más que nunca es cuando el trabajo decente adquiere una mayor importancia si se quiere superar este momento de crisis para avanzar siguiendo una trayectoria de progreso.

El trabajo decente tiene muchas aristas y debe ser entendido desde un enfoque holístico e integral para que sea el centro de gravedad de las políticas económicas.  Estimular la economía es inseparable de la noción de trabajo, están interrelacionadas y se refuerzan mutuamente.

Asimismo,  no se pueden separar los Objetivos de desarrollo del milenio de la idea de trabajo decente, comercio justo y finanzas transparentes.