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Se puede vivir mejor

Via: reporteroW.com

Páramos

Acabo de recibir la revista elctrónica titulada Páramos.

Esta revista es fruto del Proyecto Páramo Andino.  Este proyecto está conformado por entidades y agrupaciones de personas, que buscan mejorar las condiciones ambientales y sociales de los ecosistemas de páramo en Sudamérica, mediante la construcción de alianzas a lo largo del corredor ecológico, que abarca los países de Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú.

Este, es una iniciativa de carácter regional que intenta aunar esfuerzos en la búsqueda de prácticas de manejo sostenible y de conservación de los páramos como ecosistemas estratégicos, reservorios de agua, de biodiversidad y escenarios de gran riqueza cultural.

El proyecto comprende dos fases: una inicial de diseño conocida como PDF-B que terminó en 2005 y una segunda fase de implementación (6 años) que inició en marzo de 2006 y que concluirá el 2011.

Funcionamiento: instituciones participantes y sus roles a nivel nacional y local

El Proyecto Páramo andino recibe financiamiento del Banco Mundial para el Medio Ambiente (FMAM-GEF) y es implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el medio Ambiente (PNUMA-UNEP). El Consorcio para el Desarrollo Sostenible de la Ecorregión Andina (CONDESAN, división del Centro Internacional de la Papa – CIP) es la agencia ejecutora líder para la implementación. Las agencias ejecutoras por país son:

• Venezuela: Instituto de Ciencias Ambientales y ecológicas – ICAE, Universidad de los Andes
• Ecuador: EcoCiencia
• Perú: Instituto de Montaña
• Colombia: Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt – IAvH

Fuente. Proyecto páramo andino. Colombia tiene páramos.

Aves del humedal

Un magnífico programa de la Universidad Nacional de Colombia habla sobre las aves emblemáticas como el pato Pico Azul, la Monjita Bogotana y varios tipos de Tinguas que habitan los humedales de la Sábana de Bogotá.


Si quieres ver el programa pincha en la foto de la Tingua bogotana

Si quieres saber más de las aves y los humedales en Bogotá Pincha Aquí.

Educar para formar ciudadanos

Expandir la educación es un imperativo práctico o de supervivencia.  Los problemas son cada día más complejos y solo un enfoque sobre la educación que sea integrador, amplio, profundo y complejo, podrá ofrecer alguna alternativa a las sociedades planetarias.

La conectividad permite tener referentes y experiencias del otro y su diversidad que hasta hace poco eran privilegio de unos pocos. Sin embargo, no se educa para conocer estas posibilidades y enriquecer estas experiencias. El sistema educativo se resiste al cambio y es tremendamente conservador.

Educar para conocer y re-conocer la propia comunidad y su interelación con el resto, para conocer y re-conocer el propio microcosmos de la sociedad debería ser un objetivo principal de la educación.

Formar por medio de la experiencia o vivencia como ciudadanos debe ser una pauta pedagógica a tener en cuenta y el sistema educativo tiene que movilizarse con ese propósito.

Con un sistema educativo que se resiste al cambio, a su expansión hacia un eco-sistema educativo, luego,  al final del día, algunos se preguntan por las causas de la apatía, la dificultad para la movilización cívica y la baja calidad democrática de nuestras sociedades.

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Zapatillas basura

El ganador del International Design Excellence Awards, IDEA, en la categoría de Ecodiseño ha sido la “Nike Trash Talk “, una zapatilla hecha con “basura”.

Gold_NikeTrashTalk_Web_1Si quieres conocer los ganadores del 2009 en las diferentes categorías, pincha aquí.

HOME

Dice el director de la película, Yann Arthus-Bertrand, quien además coordina Good Planet:  “Estamos viviendo un periodo crucial.  Los científicos nos dicen que solo tenemos 10 años para cambiar nuestros modos de vida, evitar agotar los recursos naturales e impedir una evolución catastrófica del clima de la Tierra.

Cada uno de nosotros debe participar en el esfuerzo colectivo, y es para sensibilizar al mayor número de personas que realicé la película HOME.  Para que esta película sea difundida lo más ampliamente posible, tenía que ser gratuita.

Un mecenas, el grupo PPR, permitió que lo sea. Europacorp que lo distribuye, se comprometió en no tener ningún beneficio porque HOME no tiene ningún interés comercial. Me gustaría que esta película se convierta en vuestra película. Compártelo. Y actúa.”

Se puede ver en You tube, hasta el 14 de junio.

Decrecer es una opción

En la belleza de lo pequeño, de lo simple, de lo cotidiano, como enseñó E.F.Schumacher en Small is Beautiful, habitan las claves de las transformaciones que pueden producir revoluciones globales.

fractal

Encontré en Crisis económica 2010, (una red para tiempos difíciles), un artículo de Jordi Pigem, que transcribo a continuación:

LA HORA DEL DECRECIMIENTO

En otras culturas, el propósito último de la existencia humana era honrar a Dios o a los dioses, o fluir en armonía con la naturaleza, o vivir libres de las ataduras que nos impiden ser felices, en paz con el mundo. En nuestra sociedad, el propósito último es que crezca el producto interior bruto y que siga creciendo. Y en esta huida hacia delante se sacrifica todo lo demás, incluido el sentido de lo divino, el respeto por la naturaleza y la paz interior (y la exterior si hace falta petróleo). La economía contemporánea es la primera religión verdaderamente universal. El ora et labora dejó paso a otra forma de ganarse el paraíso: producir y consumir. Como ha señalado David Loy, la ciencia económica “no es tanto una ciencia como la teología de esta nueva religión”. Una religión que tiene mucho de opio del pueblo (Marx), mentira que ataca a la vida (Nietzsche) e ilusión infantil (Freud).

La sociedad hiperactiva. Entre los años 2000 y 2004, según el New York Times, el porcentaje de niños norteamericanos que toman fármacos para paliar el trastorno de déficit de atención e hiperactividad creció del 2,8 al 4,4%. También aquí, según el Departament d’Educació, es el trastorno infantil con mayor incidencia. No hay noticia de la hiperactividad en toda la literatura clásica (como no sea en el mito de Hércules, que proeza tras proeza avanza hacia la locura y la autodestrucción). Es una enfermedad contemporánea. Y refleja muy bien la sociedad contemporánea: una sociedad hiperacelerada, insaciablemente ávida de noticias y novedades, y sometida a tal avalancha de información, anuncios, estímulos y distracciones que la capacidad de atención se aturde y se encoge. Cuantos más reclamos por minuto, menos capacidad de concentración. Las noticias muestran un drama en Bagdad o en una patera, y antes de que uno tenga tiempo de asimilar la magnitud de la tragedia se pasa a la actualidad deportiva o a una falsa promesa publicitaria. ¿Sorprende que los niños, creciendo en el seno de una sociedad hiperactiva y con déficit de atención, reproduzcan las tendencias que ven a su alrededor?

La economía contemporánea vive de crecer. Pero nada crece siempre. Las personas, por ejemplo, crecemos en la infancia y en la adolescencia. Después ya no crecemos, pero tenemos la oportunidad de madurar. La hiperactividad y el crecimiento tienen mucho de adolescente. Parece que a nuestra sociedad le ha llegado la hora de dejar atrás el crecimiento adolescente y empezar a madurar.

Pacificar la economía. El mundo se ha convertido en un gran taller, que produce para que podamos consumir a fin de que podamos seguir produciendo. Pero el nivel de consumo “normal” en un país como el nuestro es ya insostenible. Si toda la humanidad viviera como los catalanes, necesitaría los recursos de tres Tierras; si viviera como los norteamericanos, necesitaría seis. La factura por este desequilibrio la pagan la naturaleza y el Tercer Mundo, y si nada cambia la pagarán, multiplicada, nuestros nietos.

Como Karl Polanyi explicó en La gran transformación, es cosa inaudita que toda una cultura esté sometida al imperio de lo económico, en vez de ser la economía, como lo fue en todos los lugares y épocas hasta no hace mucho, un área ceñida a consideraciones éticas, sociales y culturales. Por arte de magia, hemos insertado la sociedad en la economía en vez de la economía en la sociedad. Aunque se cree por encima de todas las cosas, la economía global es solo una filial de la biosfera, sin la cual no tendría ni aire ni agua ni vida. Una economía sana estaría reinsertada en la sociedad y en el medio ambiente, y cada actividad económica (incluido el transporte) tendría que responsabilizarse de sus costes sociales y ecológicos. En semejante sociedad, sensata pero de momento utópica, los alimentos biológicos y locales serían más baratos que los de la agricultura industrial, que hoy contamina y se lava las manos.

El economista rumano Nicholas Georgescu-Roegen, inspirador del decrecimiento junto a pensadores como Ivan Illich y el recientemente fallecido Baudrillard, se dió ya cuenta de que “cada vez que tocamos el capital natural estamos hipotecando las posibilidades de supervivencia de nuestros descendientes”. Una economía en paz con el mundo seguiría el principio de responsabilidad de Hans Jonas: “Actúa de manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida genuinamente humana sobre la tierra”. Los pueblos indígenas que se guiaban por el criterio de la séptima generación (ten en cuenta las repercusiones de tus actos en la séptima generación, es decir, en los tataranietos de tus bisnietos) sabían de sostenibilidad más que nosotros.

El decrecimiento, movimiento que en los últimos años está tomando fuerza en Francia (décroissance) e Italia (decrescita), más que un programa o un concepto es un eslogan para llamar la atención sobre cómo la economía hiperacelerada está arruinando el mundo, un timbrazo para despertarnos de la lógica fáustica del crecimiento por el crecimiento. El economista Serge Latouche, decano de la décroissance, señala sin embargo que “el decrecimiento por el decrecimiento sería absurdo”, y que sería más preciso (aunque menos elocuente) decir acrecimiento, tal como decimos ateo. Se trata de prescindir del crecimiento como quien prescinde de una religión que dejó de tener sentido.

En el medio está el remedio. En el portal de la casa de un vecino rezan estos versos:

“Verge Santa del Roser,
feu que en aquesta casa
no hi hagi poc ni massa,
sols lo just per viure bé.”

Es parte de la sabiduría tradicional de muchas culturas constatar que la plenitud va ligada no al cuanto más mejor sino a al justo medio. Ya el oráculo de Delfos advertía: “de nada demasiado”. El confucianismo enseña que “tanto el exceso como la carencia son nocivos”, y en el clásico libro taoísta de Lao Zi se lee que sólo “quien sabe contentarse es rico”. La misma idea está presente en las palabras de un jefe indígena norteamericano (micmac) dirigidas a los colonos blancos: “aunque os parecemos miserables, nos consideramos más felices que vosotros, pues estamos satisfechos con lo que tenemos”. Y no falta en la tradición judeocristiana: “no me des pobreza ni riqueza” (Proverbios); “es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos” (Mateo). Incluso uno de los padres de la american way of life, Benjamin Franklin, escribió “El dinero nunca hizo feliz a nadie, ni lo hará… Cuanto más tienes, más quieres. En vez de llenar un vacío, lo crea”. El consumo pretende ser una vía hacia la felicidad, pero es como una droga que requiere cada vez dosis mayores. Hace poco salió a la luz un Happy Planet Index que sitúa a Vanuatu, archipiélago tropical, económicamente “pobre”, como el país más feliz. Le siguen diversos países caribeños. España ocupa el lugar 87. Y Estados Unidos el 150, ya cerca de Burundi, Swazilandia y Zimbabue, que cierran la lista.

La crisis ecológica es la expresión biosférica de una gran crisis cultural, una crisis derivada del modo en que percibimos nuestro lugar en el mundo. Buscamos el sentido de la vida en la acumulación, mientras el mar se vacía de peces y la tierra de fauna y flora silvestres. Liberarnos de la idolatría del consumo y del crecimiento por el crecimiento requiere transformar el imaginario personal y colectivo, transformar nuestra manera de entender el mundo y de entendernos a nosotros mismos. Un criterio para ello es abandonar la sed de riqueza material en favor de otras formas de plenitud. No se trata de ascetismo. Al fin y al cabo, la revista Décroissance lleva como subtítulo Le journal de la joie de vivre. No implica disminuir el nivel de vida sino concebirlo de otra manera. Se trata, en la línea de iniciativas que van desde el slow food de Carlo Petrini a la simplicidad radical de Jim Merkel, de fomentar la alegría de vivir y convivir, de desarrollarnos en el sentido de dejar de arrollarnos unos a otros, de crecer en tiempo libre y creatividad, crecer como ciudadanos responsables de un mundo bello y frágil.