Hay Alternativas

A continuación difundo el libro de Juan Torres, Vinçec Navarro y Alberto Garzón titulado: Hay Alternativas.

Esta es una propuesta divergente al mensaje masivo y machaconamente repetitivo que los medios masivos de comunicación divulgan. Frente al problema de la crisis económica actual y las “únicas” medidas posibles, estos intelectuales, miembros del consejo científico de ATTAC,  muestran que es posible seguir medidas alternativas.

En resumen, no es verdad que la catástrofe es la alternativa si no se hacen los famosos “rescates a los bancos”.

Thanksgiving weekend

thanksgiving

El discurso inspirador de Barak Obama felicitando el día de acción de gracias deja constancia de una de sus mayores habilidades: usar las palabras para vincular voluntades.

Sin embargo, las palabras bellas encierran un peligro. Pueden adormecer a la razón, si éstas no son acompañadas de un análisis lógico.  Para los que están pensando en un cambio radical, que vaya a las raíces de la democracia (política, económica, social, cultural) y el respeto de las leyes, vale la pena observar que los nombramientos en materia económica no están siendo consecuentes con tal cambio como bien lo analiza Noam Chomsky en el artículo que transcribo a continuación.

“La palabra que brotó inmediatamente de cada lengua tras las elecciones presidenciales en Estados Unidos fue “histórica”. Y con toda razón. Una familia negra en la Casa Blanca es realmente un evento histórico.

Hubo algunas sorpresas. Una fue que la elección no estaba concluida luego de la convención demócrata. Los indicadores habituales señalan que el partido opositor debería barrer durante una grave crisis económica, tras ocho años de una política desastrosa en todos los frentes, incluido el peor récord en materia del crecimiento de empleos de cualquier presidente de la posguerra y de una rara declinación en la riqueza promedio. Eso, con un presidente tan impopular que su propio partido tuvo que desligarse de él, acompañado de un dramático colapso en la posición de Estados Unidos en la opinión pública mundial.

Como muchos estudios muestran, ambos partidos se hallan bien a la derecha de la población en tópicos importantes, tanto nacionales como internacionales. Tal vez ningún partido refleja la opinión pública en una época en que 80 por ciento de los estadunidenses piensa que el país enfila en la dirección equivocada y que el gobierno está administrado por “algunos grandes intereses que sólo piensan en sí mismos”, no en el pueblo, en tanto un asombroso 94 por ciento cuestiona que el gobierno desdeñe a la opinión pública.

Podría argumentarse que ningún partido que hable en defensa del pueblo resulta viable en una sociedad administrada por el mundo de los negocios con tal desusada amplitud. En un nivel muy general, la falta de representación del pueblo es ilustrada por el éxito de la “teoría de las inversiones” en la política, elaborada por el economista político Thomas Ferguson. Según Ferguson, la política tiende a reflejar los deseos de poderosos bloques económicos que invierten dinero cada cuatro años para controlar el Estado.

En cierto sentido, la elección siguió pautas familiares. La campaña de John McCain fue lo bastante honesta como para anunciar con claridad que la elección no discutiría tópicos. En cuanto a Barack Obama, su mensaje de “esperanza” y de “cambio” ofreció un pizarrón en blanco en el cual sus simpatizantes podían escribir sus deseos. Uno puede encontrar sitios en Internet donde cada partido expresa su opinión sobre diferentes temas. Pero la correlación de esas opiniones con la política a seguir no es espectacular. Y de todas maneras, lo que ingresa en las opciones de los votantes es lo que la campaña de cada candidato destaca, tal como saben muy bien los administradores de un partido.

Y fue allí donde la campaña de Obama impresionó a la industria de las relaciones públicas, que lo designaron “el experto en mercadeo más importante del 2008”, derrotando con facilidad a Apple. La primera tarea de la industria es asegurarse que los clientes carentes de información hagan selecciones irracionales, socavando de esa manera las teorías de mercado que proponen exactamente lo opuesto. Y los expertos en relaciones públicas reconocen los beneficios de socavar la democracia de la misma manera. La organización The Center for Responsive Politics dice que una vez más las elecciones fueron compradas: “Los candidatos con mejor financiamiento ganaron nueve de 10 elecciones, y todos, excepto algunos escasos miembros del Congreso, retornarán a Washington”.

Antes de las convenciones, los candidatos viables con mayor apoyo de instituciones financieras eran Obama y McCain, cada uno con 36 por ciento. Los resultados preliminares indican que al final, las contribuciones a la campaña de Obama, por industria, se concentraron en las firmas de abogados (incluidos cabilderos), además de instituciones financieras. La teoría de inversiones en la política sugiere algunas conclusiones acerca de los principios que guían a la nueva administración.

El poder de las instituciones financieras refleja el cambio cada vez más grande de una economía de producción hacia otra de finanzas. Eso comenzó con la liberalización de las finanzas durante la década de los años 60, causa fundamental de los actuales azotes representados por la crisis financiera y la recesión en la economía real (esto es, de la producción y consumo de mercancías). Las consecuencias están a la vista para la gran mayoría de los estadunidenses, cuyos salarios reales se han estancado por 30 años, en tanto sus beneficios han declinado.

Dejando de lado la alta retórica sobre la esperanza y el cambio, ¿qué podemos esperar de la administración de Obama?

La selección del equipo de trabajo de Obama envía una fuerte señal. La primera elección fue para vicepresidente: Joe Biden fue, entre los senadores demócratas, uno de los más vigorosos partidarios de la invasión a Irak, y un insider (persona de adentro, con acceso a información privilegiada) con mucho tiempo de actuación en Washington. Y aunque suele votar de manera coherente con sus colegas demócratas, no siempre lo hace. Por ejemplo, apoyó una medida para que resultara a los individuos mas difícil borrar sus deudas tras declararse en bancarrota.

La primera elección posterior a los comicios presidenciales fue para la crucial posición de jefe de gabinete. Obama designó a Rahm Emanuel, uno de los partidarios más fuertes de la invasión a Irak entre los representantes demócratas y, como Biden, insider de Washington durante bastante tiempo.

Emanuel es también uno de los más grandes beneficiarios de las contribuciones de campaña de Wall Street, informó el Center for Responsive Politics. Durante 2008, “fue el principal destinatario” entre los representantes “de los ejecutivos de fondos de riesgo” y de las “principales firmas de seguros y de inversiones de la industria”. La tarea de Emanuel es ver cómo encara Obama la peor crisis financiera desde la década de los años 30, por la cual sus donantes y los de Obama comparten una amplia responsabilidad.

En una entrevista con The Wall Street Journal, le preguntaron a Emanuel qué haría el gobierno de Obama respecto del “liderazgo demócrata en el Congreso”, cuyos “barones del ala izquierda tienen su propia agenda”. Eso incluye, por ejemplo, rebajar drásticamente los gastos militares (algo en que coincide la mayoría de la población) e imponer “drásticos impuestos a la energía a fin de combatir el calentamiento global”.

“Barack Obama puede enfrentarse a ellos”, aseguró Emanuel al Wall Street Journal. La administración sera “pragmática”, y rechazara los intentos de los extremistas de izquierda.

El equipo de transición de Obama está encabezado por John Podesta, secretario del gabinete de Bill Clinton. Otros dos veteranos de Clinton, Robert Rubin y Lawrence Summers, figuran entre las figuras principales en su equipo económico. Tanto Rubin como Summers respaldaron de manera entusiasta la desregulación, un importante factor en la actual crisis financiera.

Como secretario del Tesoro con Clinton, Rubin trabajó de manera denodada para abolir la ley Glass-Steagall, que había separado a los bancos comerciales de las instituciones financieras que incurrían en graves riesgos.

El economista Tim Canova escribe que Rubin tenía “un interés personal en la eliminación de la ley Glass-Steagall”.

Tras dejar su posición como secretario del Tesoro, Rubin se convirtió en “presidente de la junta directiva de Citigroup, un conglomerado de servicios financieros que estaba enfrentando la posibilidad de tener que vender su subsidiaria de seguros”. En cuanto al gobierno de Clinton, “nunca presentó cargos contra él por sus obvias violaciones a la ética”.

Rubin fue remplazado como secretario del Tesoro por Summers, quien propuso la ley que prohibió la regulación federal de los derivativos, las “armas de destrucción masiva” (como las llama Warren Buffett) que ayudaron a sumergir en el desastre a los mercados financieros.

Summers figura como “uno de los villanos principales en la actual crisis económica”, según Dean Baker, uno de los escasos economistas que advirtieron sobre la inminente crisis. Poner la política financiera en las manos de Rubin y Summers, señala Baker, es “como recurrir a Osama Bin Laden para que ayude en la lucha antiterrorista”. Ahora Rubin y Summers proponen regulaciones para ayudar a limpiar el caos que ayudaron a crear.

La prensa de negocios examinó los récords del equipo de transición de Obama, que se reunió el 7 de noviembre para determinar cómo manejarse con la crisis financiera. En Bloomberg News, Jonathan Weil concluyo que “muchos de ellos deberían estar recibiendo citaciones como testigos materiales” por la catástrofe financiera, en lugar de “figurar como miembros del círculo intimo de Obama”. Alrededor de la mitad “han tenido posiciones de importancia en empresas que, en mayor o menor grado, han falsificado sus declaraciones financieras o contribuido a la crisis económica mundial, o ambas cosas a la vez”. Es realmente plausible que “¿no confundirán los intereses de la nación con sus propios intereses corporativos?”

La preocupación principal del nuevo gobierno sera detener la crisis financiera y la simultánea recesión en la economía real. Pero hay también un monstruo en el armario: el ineficaz sistema privado de cuidado de la salud, que amenaza abrumar al presupuesto federal si las actuales tendencias persisten.

Una mayoría del público ha favorecido por largo tiempo un sistema nacional de cuidado de la salud que debería ser mucho menos caro y más eficaz, según indican las evidencias comparativas (junto con muchos estudios). En fecha tan reciente como 2004, cualquier intervención del gobierno en el sistema de atención a la salud era descrito por la prensa como “imposible a nivel político”. Eso significaba que se oponían la industria de los seguros y las corporaciones farmacéuticas.

Pero sin embargo, en 2008, primero John Edwards, luego Barack Obama y Hillary Clinton, adelantaron propuestas que se aproximan a lo que por largo tiempo ha preferido el público. Estas ideas tienen ahora “apoyo político”. ¿Que ha cambiado? No la opinión pública, que permanece con la misma opinión de antes. Pero para 2008, sectores importantes de poder, especialmente la industria manufacturera, habían llegado a reconocer que estaban siendo gravemente afectados por el sistema privado de atención a la salud. Por lo tanto la voluntad pública está comenzando a tener “apoyo político”. Hay un largo camino por recorrer, pero el cambio nos dice algo sobre la disfuncional democracia en la cual la nueva administración busca su camino.

Copyright 2008 by Noam Chomsky.”

Distribuido por The New York Times Syndicate.

Ideas a tener en cuenta

A continuación presento un breve documento que ha publicado ATTAC llamando a clausurar el casino financiero.  Son tiempos de dificultad para muchas personas y de oportunidad para buscar ideas alternativas que persigan un orden justo y humano.

La importancia del momento requiere que el debate sea rico, amplio, incluyente, polifónico.  Las propuestas de Susan George deberían ser tenidas en cuenta.  Seguro que a muchos ciudadanos no les parecen equivocadas.

Attac Crisis


Crisis y oportunidad

Este es nuestro momento.  Se puede hacer de este mundo un mejor lugar para vivir.  Es una tarea de todos que requiere poner en el centro de las motivaciones los valores más compartidos, justos y humanos que sean capaces de inspirar esta acción conjunta.  Dejemos de ser espectadores de los políticos.  Hay que participar, opinar, exigir y como lo he dicho en entradas anteriores: preguntar.

A continuación transcribo un texto que hace unos días varias personas de distintos países y posiciones políticas suscribieron. Es una llamada de atención, una protesta, la expresión de la alarma que sentimos ante la crisis y las posibles salidas que se barajan. No podemos ser cómplices, como señala Saramago.

¿Nuevo capitalismo?

Ha llegado el momento del cambio a escala pública e individual. Ha llegado el momento de la justicia

La crisis financiera esta de nuevo aquí destrozando nuestras economías, golpeando nuestras vidas. En la última década sus sacudidas han sido cada vez más frecuentes y dramáticas. Asia Oriental, Argentina, Turquía, Brasil, Rusia, la hecatombe de la Nueva Economía, prueban que no se trata de accidentes fortuitos de coyuntura que transcurren en la superficie de la vida económica, sino que están inscritos en el corazón mismo del sistema.

Esas rupturas que han acabado produciendo una funesta contracción de la vida económica actual, con el aumento del desempleo y la generalización de la desigualdad, señalan la quiebra del capitalismo financiero y significan la definitiva anquilosis del orden económico mundial en que vivimos. Hay pues que transformarlo radicalmente.

En la entrevista con el Presidente Bush, Durao Barroso, Presidente de la Comisión Europea, ha declarado que la presente crisis debe conducir a “un nuevo orden económico mundial”, lo que es aceptable, si éste nuevo orden se orienta por los principios democráticos –que nunca debieron abandonarse – de la justicia, libertad, igualdad y solidaridad.

Las “leyes del mercado” han conducido a una situación caótica que ha requerido un “rescate” de miles de millones de dólares, de tal modo que, como se ha resumido acertadamente, “se han privatizado las ganancias y se han socializado las pérdidas”. Han encontrado ayuda para los culpables y no para las víctimas. Es una ocasión histórica única para redefinir el sistema económico mundial en favor de la justicia social.

No había dinero para los fondos del Sida, ni de la alimentación mundial… y ahora ha resultado que, en un auténtico torrente financiero, sí que había fondos para no acabar de hundirse los mismos que, favoreciendo excesivamente las burbujas informáticas y de la construcción, han hundido el andamiaje económico mundial de la “globalización”.

Por eso es totalmente desacertado que el Presidente Sarkozy haya hablado de realizar todos estos esfuerzos con cargo a los contribuyentes “para un nuevo capitalismo”!… y que el Presidente Bush, como era de esperar en él, haya añadido que debe salvaguardarse “la libertad de mercado” (¡sin que desaparezcan los subsidios agrícolas!)…

No: ahora debemos ser “rescatados” los ciudadanos, favoreciendo con rapidez y valentía la transición desde una economía de guerra a una economía de desarrollo global, en que esa vergüenza colectiva de inversión en armas de 3 mil millones de dólares al día, al tiempo que mueren de hambre más de 60 mil personas, sea superada. Una economía de desarrollo que elimine la abusiva explotación de los recursos naturales que tiene lugar en la actualidad (petróleo, gas, minerales, coltán…) y se apliquen normas vigiladas por unas Naciones Unidas refundadas -que incluyan al fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial “para la reconstrucción y el desarrollo” y a la Organización Mundial del Comercio, que no sea un club privado de naciones, sino una institución de la ONU- que dispongan de los medios personales, humanos y técnicos necesarios para ejercer su autoridad jurídica y ética eficazmente.

Inversiones en energías renovables, en la producción de alimentos (agricultura y acuicultura), en la obtención y conducción de agua, en salud, educación, vivienda,… para que el “nuevo orden económico” sea, por fín, democrático y beneficie a la gente. ¡El engaño de la globalización y de la economía de mercado debe terminarse! La sociedad civil ya no será espectador resignado y, si es preciso, pondrá de manifiesto todo el poder ciudadano que hoy, con las modernas tecnologías de la comunicación, posee.

¿”Nuevo capitalismo”?. No!

Ha llegado el momento del cambio a escala pública e individual. Ha llegado el momento de la justicia.

Federico Mayor Zaragoza, Francisco Altemir, José Saramago, Roberto Savio, Mario Soares, José Vidal Beneyto.

Un mundo libre

El director

A los 25 años, mientras estudiaba derecho en Oxford; en el St Peter’s College; Ken Loach entró por primera vez en contacto con las artes escénicas, actuando en el grupo de teatro de la universidad. Después de graduarse, trabajó como asistente de dirección en el Northampton Repertory Theatre. Pero estaba más interesado en el mundo audiovisual que en el de las tablas, así es que después de obtener en 1963 una beca en la cadena de televisión BBC, se inicia en la dirección.

El ambiente que se respiraba en aquellos años, favorecía la realización de programas que criticaban las injusticias sociales, allí encontró Loach la visión y la voz que caracterizaría su cine. A partir de 1964 comienza a dirigir una serie de documentales, el más famoso de ellos es Cathy Come Home (1966) sobre la pobreza, con el cual obtuvo gran éxito.

Desde entonces y hasta principio de los 80′, dividió su tiempo entre el cine y la televisión, filmó cuatro largometrajes, numerosos documentales y películas para la TV como The Big Flame (1969) sobre los trabajadores portuarios de Liverpool y la serie Days of Hope (1975), sobre los hechos que llevaron a la huelga de 1926, y la derrota del Movimiento Laborista Británico.

Con Margaret Thatcher en el poder, crece el paro y los recortes de presupuesto para la cultura. La Dama de Hierro se gana muchos enemigos entre los artistas, Loach entre ellos. El Channel Four prohibió sus documentales A Question of Leadership, con los que combate al Thatcherismo, por lo cual a lo largo de toda esa década solo puede filmar dos películas.

En los años 90′, con los cambios políticos, su carrera se revitaliza. Ha filmado hasta ahora nueve películas más, con la mayoría de las cuales ha obtenido numerosos premios, consolidando su carrera internacional, pero manteniéndose siempre fiel al estilo que fue una constante en su vida: la defensa de los oprimidos. En cuanto a la militancia estrictamente política, Ken Loach es hoy día miembro de la directiva de la coalición de izquierda RESPECT.

Heredero del british social realism (realismo social británico), Loach, en cuyas películas muchos creen ver algo así como un “grado cero de la escritura cinematográfica”, es dueño de un estilo depurado y sintético. Como heredero inequívoco de las principales tendencias de cine realista de europa y en mayor medida del cine independiente que se caraterizaba por su realismo, su inconformismo social, su crítica a la burguesía y a la sociedad, y su acercamiento a los seres anónimos de la misma, o su sentido del humor.

Ken Loach, al igual que sus antecesores, denuncia los traumas que ocasiona en los seres humanos la vida en las ciudades industriales a pesar de los avances tecnológicos, y con sus historias sacude las conciencias de la sociedad contemporánea con el fin de mejorar sustancialmente las condiciones de la clase trabajadora (poniendo de ejemplo lo que mejor conoce: las injusticias que sufren las clases menos favorecidas en la sociedad británica).

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Ken_Loach

Su filmografía

* En un mundo libre… (2008) Director, Producción
* El viento que agita la cebada (2006) Director
* Sólo un beso (2005) Director
* Sweet sixteen (Felices dieciséis) (2003) Director
* 11’09”01 Once de septiembre (2002) Director
* La cuadrilla (2001) Director
* Pan y rosas (2000) Director
* Mi nombre es Joe (1998) Director
* La Canción de Carla (1995) Director
* Ladybird, Ladybird (1994) Director

Fuente: http://es.movies.yahoo.com/artists/l/ken-loach/index-93169.html

Seres complejos sin complejos

Cuando la tozudez de los hechos permite observar lo equivocadas que estaban ciertas afirmaciones sobre el equilibrio de los mercados, convertidas en ideología fundamentalista, vale la pena reflexionar sobre la complejidad de lo seres vivos y sus relaciones.

La mayoría de las personas, cuando piensan en bacterias, en un cultivo de laboratorio o en el ambiente, piensan que son una masa de organismos unicelulares, primitivos e incapaces de “sentirse” pertenecientes a algo. Ahora sabemos que esto no es así y que son capaces de interaccionar con sus vecinos, incluso aunque sean especies distintas.  Así lo muestra el artículo: Genetic Determinants of Self Identity and Social Recognition in Bacteria que nos enseña que, además, ellas se dan cuenta que son distintas ya que hay un sistema genético que les permite reconocer a su descendencia como  “lo propio” y al resto como “lo distinto”.

Esta evidencia sobre la complejidad de las interrelaciones entre los seres vivos, incluso de los más primitivos, nos lleva a pensar en el entramados de relaciones posibles que motivan la experiencia humana.  La vieja discusión sobre altruísmo y egoísmo se trasciende cuando en la experiencia aparecen sentimientos de satisfacción que emergen de emociones tan profundas que algunos llaman amor.

Este tipo de convergencia discursiva entre los sistemas sociales y los sistemas biológicos no debe quedar marginada de los famosos “grupos de alto nivel” que se plantean para dar luces y “refundar” este miope sistema económico.  Es imperativo que seamos más eficientes.

Recordemos que el presidente de la Asamblea General de la ONU, Miguel d’Escoto, anunció el 20 de octubre la creación de un panel de expertos de alto nivel para evaluar el sistema financiero internacional contemporáneo.  La composición del panel será anunciada una vez concluida la reunión intergubernamental sobre la crisis financiera global, que se celebrará en la sede de la ONU el próximo día 30 de octubre, bajo el auspicio de la Asamblea General.

Amanecerá y veremos.

¡Volvamos a hacer preguntas!

En la entrada de ayer decía que el momento no requiere de reformas y de reformistas.  Es el momento para la política. Deberíamos pensar qué conviene conservar y luego simplemente actuar. Si el marco ético de actuación está basado en los principios acordados legalmente y que orientan el marco normativo de los Derechos Humanos, entonces el modelo económico en el que vivimos no nos debería satisfacer y por tanto no deberíamos tolerarlo.

Los siguientes vídeos hacen parte de una conferencia del profesor Manfred MaxNeef (Economía descalza) en la que plantea algunos asuntos que me parece interesante difundir:

¿La gravedad de las medidas y sus consecuencias futuras no deberían, al menos, consultarse a través de mecanismos de participación?  Por cuestiones mucho menos relevantes se han hecho referendum …

¿Queremos más de lo mismo?

Las campañas de lucha contra la pobreza, de forma general, tienen buena aceptación.  Los promotores son bien recibidos y los donantes creen que realizan una acción altruísta.  En resumen, todos quedamos de maravilla y con la sensación de que somos fantásticos.

La cosa cambia cuando el enfoque de lucha contra la pobreza profundiza en la lógica del sistema en que vivimos y plantea agudas críticas que llevarían a modificar en gran medida la acumulación de riqueza como condición sine qua non para alcanzar el justo objetivo de esta lucha.

Es paradójico observar cómo fluyen recursos y se comprometen personalidades relevantes a la hora de demandar más “dinero” para acabar con la pobreza, a través de campañas publicitarias.  Esta lógica propia del sistema en el que vivimos en realidad nos lleva al inmovilismo.  Queremos acabar con lo “feo” pero sin afectar el fin último del sistema: el control del lucro.

Otra arista del problema radica en la poquísima eficiencia energética del sistema.  Hemos elevado a la categoría de necesario lo superfluo, dejando la potencia creativa al servicio de la publicidad de productos o servicios. En consecuencia hemos construido un sistema que solo se mueve por la rentabilidad, desterrando a todos aquellos que anteponen como motivación la justicia social, el progreso, la homeostasis.  Esos son idealistas o hippies o directamente tontos.

Es fácil encontrar campañas que te dicen que consumas más de determinada marca y que eso ayuda a la lucha contra la pobreza, a través de “donativos” que la empresa hará a determinadas actividades en función de sus resultados de ventas.  Este es el modelo simplificado que Bill Gates (ahora filántropo hasta la médula) llamaba capitalismo creativo como lo expuso, en Davos, en el World Economic Forum.

Esta crisis del modelo de globalización financiera es solo la punta de iceberg de los graves problemas enérgéticos y de degración ambiental (acceso al agua, al aire, a la movilidad) que sin duda amenazan nuestra vida en el planeta. El sistema no necesita de reformistas y de reformitas.  Se requiere utilizar el poder de los valores concensuados (DDHH) como fuente de parámetros para la elaboración de un modelo más creativo, más complejo, más humano.

Por estos días cuando con grandilocuencia se leen titulares como: Los 27 impulsan una cumbre internacional para refundar el sistema financiero, convendría recordar que el nuevo sistema debería contemplar en el análisis criterios ecológicos (es decir, económicos con mayúsculas), de comercio,de democracia tecnológica y fundamentalemente de política.