Cuando dicen crisis yo digo estafa

– El 1% de la población posee el 43% de la riqueza total. El 10% controla el 83% de la riqueza.

– La élite económica mundial evadió al menos 16,7 billones de euros entre 2005 y 2010 (la cifra más pesimista eleva la cantidad a 25,6 billones), según un informe de Tax Justice Network publicado esta semana.

‘Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica, y los servicios sociales necesarios.

            Tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad’, artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Muy recomendable el artículo de Olga Rodríguez para Zona Crítica llamado: La estafa insostenible.


Bronca cuando ríen satisfechos al haber comprado sus derechos
bronca cuando se hacen moralistas y entran a correr a los artistas
bronca cuando a plena luz del día sacan a pasear su hipocresía
bronca de la brava, de la mía, bronca que se puede recitar…

para los que toman lo que es nuestro, con el guante de disimular,
para el que maneja los piolines de la marioneta universal…
para el que ha marcado las barajas y recibe siempre la mejor
con el as de espada nos domina, y con el de bastos entra a dar, y dar…

marcha… un , dos… no puedo ver tanta mentira organizada
sin responder… con voz ronca… mi bronca… mi bronca…

Bronca porque matan con descaro, pero nunca nada queda claro,
bronca porque roba el asaltante, pero también roba el gobernante…
bronca porque está prohibido todo, hasta lo que haré de cualquier modo,
bronca porque no se paga fianza, si nos encarcelan la esperanza…

bronca… bronca…. bronca…

Los que mandan tienen a este mundo repodrido y dividido en dos…
culpa de su afán de conquistarte por la fuerza o por la explotación…
bronca que me da cuando pretenden que me corte el pelo sin explicación
es mejor tener el pelo libre, que la libertad con fijador…

Marcha… un, dos… no puedo ver tanta mentira organizada
sin responder… con voz ronca… mi bronca… mi bronca…

Bronca sin fusiles y sin bombas, bronca con los dos dedos en V,
Bronca que también es esperanza, Marcha de la bronca y de la fe…

Economía del bien común (2)

Este vídeo es la continuación de la exposición que hacía Christian Felber sobre la economía del bien común que publiqué en esta bitácora hace un par de meses.

El afán de lucro como valor hegemónico y el crecimiento infinito en un mundo finito demandan con urgencia modelos distintos si el objetivo es salir fortalecidos de la crisis económica.

Hoy un analista financiero invitado a un programa en la televisión sobre economía decía que las crisis son positivas porque forzaban a imaginar soluciones creativas.  Sospecho que no hablaba de una nueva economía, pero el llamado a la creatividad si fue pertinente.

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Pedagogía financiera

En el tema del desarrollo y la cooperación no debemos olvidar la superestructura que determina, en gran medida, el éxito o el fracaso de un proceso de transformación. Paco Álvarez Molina, cuya bitácora recomiendo, hace un ejercicio pedagógico en temas económicos y financieros claves.

Aprovecho para invitar a que se conozca más sobre el tema de la Banca Ética.  En tiempos como los que corren es un tema imprescindible.

A continuación un vídeo en el que explica el rol de los organismos financieros internacionales:

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Vergüenza colectiva

El cambio cultural va dado porque todos sintamos una terrible vergüenza, una vergüenza colectiva que nos mueva a manifestarnos ante la evidencia de lo inaudito.

Si hay comida para que nadie pase hambre, porqué aún miles de seres humanos mueren de hambre.  Es un problema complejo, dirán.  Es cierto, pero ésto no es argumento razonable para seguir tolerando la situación.

La gran crisis va de la mano de la, cada vez más, costosa alimentación. Síntoma de la degradación del modelo económico y de desarrollo, es la preferencia de  llenar el  tanque de combustible del coche frente al estómago de miles de niños y niñas menores de dos años que sufrirán un daño irreparable el resto de sus vidas.

Hay  que prestar atención a esta situación, avergonzarse y actuar.

Lo que ocurre en Argentina es un ejemplo de lo que acontece a escala planetaria.  Se requiere, además de voluntad, comida y políticas específicas, que la ciudadanía sienta una enorme vergüenza, como lo muestra el artículo de Marcela Valente para IPC que copio a continuación:

ARGENTINA
Desnutrición infantil difícil de roer

Por Marcela Valente

BUENOS AIRES, feb (IPS) – A pesar del sostenido crecimiento económico, las cosechas récord y los masivos planes de asistencia social, en Argentina quedan todavía lugares a donde esa bonanza no llega y la desnutrición afecta a niñas y niños, que en algunos casos ha provocado muertes.

En América latina y el Caribe, el hambre y la desnutrición afectan a 53 millones de personas, casi nueve millones de las cuales son menores de cinco años, según datos de la Organización de las Naciones Unidas.

Argentina no está en el grupo de países donde este fenómeno es más crítico, como Haití, Honduras, Guatemala y Bolivia, pero la cantidad de alimentos que se produce en su territorio alcanza para 10 veces su población de 40 millones de personas.

La economía argentina crece en forma sostenida desde 2003 a un ritmo que va de siete a 10 por ciento, a excepción de 2009 cuando esa expansión se vio afectada por la crisis global nacida el año anterior en Estados Unidos.

También registró en ese lapso cosechas sin precedentes por su volumen de granos y otros cultivos, mientras que los gobiernos centroizquierdistas del ya fallecido Néstor Kirchner (2003-2007) y el actual de su esposa, Cristina Fernández, avanzaron en masivos planes alimentarios y de transferencia de ingresos para los niños, niñas y adolescentes.

¿Qué ocurre entonces que según el Ministerio de Salud hay todavía 750.000 menores de 18 años que tienen problemas de desnutrición?

A poco más de un año de la entrada en vigor de un plan de transferencia de ingresos a menores de 18 años de familias pobres, los expertos debaten sobre los alcances, impactos positivos y limitaciones de esta herramienta.

La llamada Asignación Universal por Hijo (AUH), puesta en vigor en diciembre de 2009, entrega un monto mensual de 220 pesos (55 dólares) por cada menor de 18 años de familias de desocupados, trabajadores precarios y empleadas domésticas, es decir todas aquellas que no tenían acceso a la asignación familiar que les corresponde a los empleados de la economía formal.

El beneficio, que llega a 3,5 millones de niños, exige como contraprestación que los menores estén matriculados en la escuela, que reciban las vacunas obligatorias y que estén inscriptos en el llamado Plan Nacer de control de salud de los más chicos.

Una familia puede recibir hasta cinco veces el monto de la AUH como máximo, y eso suma prácticamente lo mismo que un salario mínimo. Pero el plan no es universal y hay 2,8 millones de menores que no la reciben, por distintos motivos.

En diálogo con IPS, la socióloga Gabriela Agosto, directora de la Asociación Civil Observatorio Social, sostuvo que la AUH “es un incentivo para la educación y la salud, pero no modifica sustancialmente el acceso a los alimentos”.

“La asignación genera una transferencia de ingresos, pero por sí sola no corrige un déficit clave como es el de la desnutrición infantil, porque la pobreza crónica no se revierte solo con esto, se necesitan políticas focalizadas”, señaló.

Agosto aludió así a los casos de desnutrición grave e incluso de muerte en menores indígenas de provincias del noroeste y del noreste del país, como ocurre periódicamente en Salta, Formosa, Chaco o Misiones entre otras.

La socióloga polemizó con el gobernador de una de esas provincias, quien argumentó que el problema de la desnutrición en las comunidades indígenas más aisladas era cultural, y lo desafió a poner en marcha políticas específicas para ellos.

“Por supuesto que en números estamos lejos del problema de países de África o incluso de otros países de América Latina, pero considerando que Argentina produce alimentos y que crece desde hace ocho años, la desnutrición es inadmisible”, opinó.

La experta se refirió a un reciente ciclo de conferencias sobre la AUH en el que la antropóloga Patricia Aguirre, especialista en alimentación, advirtió que la asignación mejora el acceso a los alimentos, pero no es una política alimentaria.

IPS tuvo acceso al libro que se editó luego con la exposición de los especialistas.

Aguirre remarcó en esa ponencia que el ingreso por la AUH se reparte con miembros adultos de la familia y no se destina solo a alimentos sino también a tubos de gas para cocinar, vestido, transporte y elementos para la escuela.

“Es muy significativa, es muy importante”, destacó la especialista sobre la asignación, pero puede contribuir a reforzar la malnutrición, alertó, aumentando apenas la ingesta de hidratos de carbono, gaseosas, azúcares y golosinas.

Otro dirigente social preocupado por el tema del hambre y los focos de desnutrición es Juan Carr, coordinador de la Red Solidaria, quien cree que, si se lo propone, Argentina puede terminar con el hambre en un plazo de entre uno y tres años.

“Con apenas cuatro días de la cosecha anual de granos, sin hablar de las proteínas animales derivadas de la carne o los lácteos que también producimos, solucionamos el hambre en Argentina. Y con 122 días el de toda América Latina”, aseguró a IPS.

Para Carr, la conciencia social aumentó en los últimos 15 años y ahora, si bien hay aún una fragmentación, hay más gente en sectores de clase media y alta de Argentina que considera una vergüenza que todavía haya hambre y desnutrición en el país.

Eso implica, a su juicio, que hay disposición a terminar con el flagelo. Para Carr, esta conciencia es más importante que la voluntad política, porque las acciones de los gobiernos responden a las demandas y al consenso entre la gente.

Según los datos de la Red Solidaria, tomados de diversas fuentes, las muertes diarias de menores de seis años a causa de la desnutrición bajaron fuertemente desde el colapso económico y política de 2001, cuando se registraban más de 30 casos al día.

El índice bajó a 12 muertes diarias en 2003 y siguió cayendo. Actualmente, luego de la puesta en marcha de la AUH a fines de 2009, estiman que el número de muertes diarias bajó a cuatro. Pero igual sigue siendo una tragedia.

“Para llegar a una madre de la etnia pilagá, que tiene siete hijos, y un marido que no trabaja y es violento, no basta con la AUH sino que hay que llegar con políticas sólidas que contemplen el conjunto del problema”, indicó Carr.

¡Es la política, estúpido!

Es la economía, estúpido.  La frase se hizo famosa luego de que Clinton la sacara a relucir en la campaña presidencial de 1992.

Hoy me van a permitir disentir.  Es la política, estúpido.

Los datos son elocuentes.  Muestran con ratunda claridad en dónde están las prioridades del poder.

Traducción:

  • 60.000 millones de dólares, el coste estimado de la guerra de Iraq en 2003
  • 3 billones, el coste total estimado de la guerra de Iraq
  • 750.000 millones los ingresos de la OPEP
  • 3.000 millones, lo pagado por la OPEP para el fondo creado para el cambio climático
  • 405.000 millones los ingresos de Walmart
  • 115.000 millones los bonus en Wall Street en 2009
  • 30 millones el presupuesto de la ONU
  • 21.000 millones salvarían la selva del Amazonas
  • 726.000 millones, el presupuesto de Defensa de EEUU
  • 450.000 millones, el interés anual de la deuda de EEUU
  • 308.000 millones donados a la caridad por los americanos cada año
  • 33.000 millones de ayuda de EEUU para el desarrollo
  • 100.000 millones defraudados en paraísos fiscales
  • 26.000 millones, el déficit presupuestario de California
  • 930.000 millones, la deuda en tarjetas de crédito en EEUU
  • 148.000 millones, los gastados en enfermedades relacionadas con la obesidad
  • 12 billones, el coste mundial de la crisis actual
  • 112.000 millones, la deuda de Africa con Occidente

Tomado de: Ganas de escribir de Juan Torres

¿Salario máximo?

Las convocatorias en contra de la pobreza tienen mucha acogida.  Es normal.  Luchar contra la pobreza, la enfermedad, la guerra, la violencia, es algo, que en principio todo ser humano desea de forma innata.

Ahora bien, ¿qué pasaría si la convocatoria se hiciera en contra de la acumulación de la riqueza? ¿No es acaso un buen mecanismo para mejorar la calidad de la democracia y por tanto ir ganándole terreno a la pobreza?

El  artículo titulado Salario mínimo, salario máximo de Vicenç Navarro es esclarecedor.  Reproduzco a continuación el primer párrafo.

“Como consecuencia del desarrollo de las políticas públicas liberales realizadas desde fínales de la década de los años setenta (iniciadas por los gobiernos Thatcher en Gran Bretaña y por el Presidente Ronald Reagan en EEUU, y extendidas más tardes a la mayoría de países de la OCDE) hemos visto una espectacular concentración de las rentas en los sectores más pudientes de cada sociedad, produciéndose una enorme polarización de las rentas entre los ricos y todos los demás. Así, en EEUU, en el año 1974, el 1% más rico de la población (que ingresaba como promedio 380.000 dólares al año), pasó a ingresar, en el año 2007, 1.4 millones de dólares (después de descontar la inflación). Para el 90% de la población restante el crecimiento de la renta individual, sin embargo, fue minúscula. La diferencia entre lo que ingresaba en 1974 y en 2007 fue sólo de 47 dólares al año. Es más, mientras la renta  del 1% de la población (top income) era 12 veces el promedio del 90% restante en 1974, en el 2007 pasó a ser 42 veces mayor (datos del informe “Reversing The Great Tax Shift” del Institute for Policy Studies. April 2009). Este 1% de la población que goza de mayor renta son los miembros de lo que en EEUU se llama la Corporate Class, término que se utiliza en lugar de la expresión más europea de “burguesía”. Pero lo que es todavía más llamativo es que el 10% con mayores ingresos de este 1% (es decir, los supericos) han visto crecer sus ingresos a niveles astronómicos, llegando a ser sus rentas 500 veces superiores al promedio de renta del 90% restante de la población. (…)”

Si quieres leer el artículo completo pincha acá

Decrecer es una opción

En la belleza de lo pequeño, de lo simple, de lo cotidiano, como enseñó E.F.Schumacher en Small is Beautiful, habitan las claves de las transformaciones que pueden producir revoluciones globales.

fractal

Encontré en Crisis económica 2010, (una red para tiempos difíciles), un artículo de Jordi Pigem, que transcribo a continuación:

LA HORA DEL DECRECIMIENTO

En otras culturas, el propósito último de la existencia humana era honrar a Dios o a los dioses, o fluir en armonía con la naturaleza, o vivir libres de las ataduras que nos impiden ser felices, en paz con el mundo. En nuestra sociedad, el propósito último es que crezca el producto interior bruto y que siga creciendo. Y en esta huida hacia delante se sacrifica todo lo demás, incluido el sentido de lo divino, el respeto por la naturaleza y la paz interior (y la exterior si hace falta petróleo). La economía contemporánea es la primera religión verdaderamente universal. El ora et labora dejó paso a otra forma de ganarse el paraíso: producir y consumir. Como ha señalado David Loy, la ciencia económica “no es tanto una ciencia como la teología de esta nueva religión”. Una religión que tiene mucho de opio del pueblo (Marx), mentira que ataca a la vida (Nietzsche) e ilusión infantil (Freud).

La sociedad hiperactiva. Entre los años 2000 y 2004, según el New York Times, el porcentaje de niños norteamericanos que toman fármacos para paliar el trastorno de déficit de atención e hiperactividad creció del 2,8 al 4,4%. También aquí, según el Departament d’Educació, es el trastorno infantil con mayor incidencia. No hay noticia de la hiperactividad en toda la literatura clásica (como no sea en el mito de Hércules, que proeza tras proeza avanza hacia la locura y la autodestrucción). Es una enfermedad contemporánea. Y refleja muy bien la sociedad contemporánea: una sociedad hiperacelerada, insaciablemente ávida de noticias y novedades, y sometida a tal avalancha de información, anuncios, estímulos y distracciones que la capacidad de atención se aturde y se encoge. Cuantos más reclamos por minuto, menos capacidad de concentración. Las noticias muestran un drama en Bagdad o en una patera, y antes de que uno tenga tiempo de asimilar la magnitud de la tragedia se pasa a la actualidad deportiva o a una falsa promesa publicitaria. ¿Sorprende que los niños, creciendo en el seno de una sociedad hiperactiva y con déficit de atención, reproduzcan las tendencias que ven a su alrededor?

La economía contemporánea vive de crecer. Pero nada crece siempre. Las personas, por ejemplo, crecemos en la infancia y en la adolescencia. Después ya no crecemos, pero tenemos la oportunidad de madurar. La hiperactividad y el crecimiento tienen mucho de adolescente. Parece que a nuestra sociedad le ha llegado la hora de dejar atrás el crecimiento adolescente y empezar a madurar.

Pacificar la economía. El mundo se ha convertido en un gran taller, que produce para que podamos consumir a fin de que podamos seguir produciendo. Pero el nivel de consumo “normal” en un país como el nuestro es ya insostenible. Si toda la humanidad viviera como los catalanes, necesitaría los recursos de tres Tierras; si viviera como los norteamericanos, necesitaría seis. La factura por este desequilibrio la pagan la naturaleza y el Tercer Mundo, y si nada cambia la pagarán, multiplicada, nuestros nietos.

Como Karl Polanyi explicó en La gran transformación, es cosa inaudita que toda una cultura esté sometida al imperio de lo económico, en vez de ser la economía, como lo fue en todos los lugares y épocas hasta no hace mucho, un área ceñida a consideraciones éticas, sociales y culturales. Por arte de magia, hemos insertado la sociedad en la economía en vez de la economía en la sociedad. Aunque se cree por encima de todas las cosas, la economía global es solo una filial de la biosfera, sin la cual no tendría ni aire ni agua ni vida. Una economía sana estaría reinsertada en la sociedad y en el medio ambiente, y cada actividad económica (incluido el transporte) tendría que responsabilizarse de sus costes sociales y ecológicos. En semejante sociedad, sensata pero de momento utópica, los alimentos biológicos y locales serían más baratos que los de la agricultura industrial, que hoy contamina y se lava las manos.

El economista rumano Nicholas Georgescu-Roegen, inspirador del decrecimiento junto a pensadores como Ivan Illich y el recientemente fallecido Baudrillard, se dió ya cuenta de que “cada vez que tocamos el capital natural estamos hipotecando las posibilidades de supervivencia de nuestros descendientes”. Una economía en paz con el mundo seguiría el principio de responsabilidad de Hans Jonas: “Actúa de manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida genuinamente humana sobre la tierra”. Los pueblos indígenas que se guiaban por el criterio de la séptima generación (ten en cuenta las repercusiones de tus actos en la séptima generación, es decir, en los tataranietos de tus bisnietos) sabían de sostenibilidad más que nosotros.

El decrecimiento, movimiento que en los últimos años está tomando fuerza en Francia (décroissance) e Italia (decrescita), más que un programa o un concepto es un eslogan para llamar la atención sobre cómo la economía hiperacelerada está arruinando el mundo, un timbrazo para despertarnos de la lógica fáustica del crecimiento por el crecimiento. El economista Serge Latouche, decano de la décroissance, señala sin embargo que “el decrecimiento por el decrecimiento sería absurdo”, y que sería más preciso (aunque menos elocuente) decir acrecimiento, tal como decimos ateo. Se trata de prescindir del crecimiento como quien prescinde de una religión que dejó de tener sentido.

En el medio está el remedio. En el portal de la casa de un vecino rezan estos versos:

“Verge Santa del Roser,
feu que en aquesta casa
no hi hagi poc ni massa,
sols lo just per viure bé.”

Es parte de la sabiduría tradicional de muchas culturas constatar que la plenitud va ligada no al cuanto más mejor sino a al justo medio. Ya el oráculo de Delfos advertía: “de nada demasiado”. El confucianismo enseña que “tanto el exceso como la carencia son nocivos”, y en el clásico libro taoísta de Lao Zi se lee que sólo “quien sabe contentarse es rico”. La misma idea está presente en las palabras de un jefe indígena norteamericano (micmac) dirigidas a los colonos blancos: “aunque os parecemos miserables, nos consideramos más felices que vosotros, pues estamos satisfechos con lo que tenemos”. Y no falta en la tradición judeocristiana: “no me des pobreza ni riqueza” (Proverbios); “es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos” (Mateo). Incluso uno de los padres de la american way of life, Benjamin Franklin, escribió “El dinero nunca hizo feliz a nadie, ni lo hará… Cuanto más tienes, más quieres. En vez de llenar un vacío, lo crea”. El consumo pretende ser una vía hacia la felicidad, pero es como una droga que requiere cada vez dosis mayores. Hace poco salió a la luz un Happy Planet Index que sitúa a Vanuatu, archipiélago tropical, económicamente “pobre”, como el país más feliz. Le siguen diversos países caribeños. España ocupa el lugar 87. Y Estados Unidos el 150, ya cerca de Burundi, Swazilandia y Zimbabue, que cierran la lista.

La crisis ecológica es la expresión biosférica de una gran crisis cultural, una crisis derivada del modo en que percibimos nuestro lugar en el mundo. Buscamos el sentido de la vida en la acumulación, mientras el mar se vacía de peces y la tierra de fauna y flora silvestres. Liberarnos de la idolatría del consumo y del crecimiento por el crecimiento requiere transformar el imaginario personal y colectivo, transformar nuestra manera de entender el mundo y de entendernos a nosotros mismos. Un criterio para ello es abandonar la sed de riqueza material en favor de otras formas de plenitud. No se trata de ascetismo. Al fin y al cabo, la revista Décroissance lleva como subtítulo Le journal de la joie de vivre. No implica disminuir el nivel de vida sino concebirlo de otra manera. Se trata, en la línea de iniciativas que van desde el slow food de Carlo Petrini a la simplicidad radical de Jim Merkel, de fomentar la alegría de vivir y convivir, de desarrollarnos en el sentido de dejar de arrollarnos unos a otros, de crecer en tiempo libre y creatividad, crecer como ciudadanos responsables de un mundo bello y frágil.

Ancien régime

Observar desde la periferia tiene ventajas. En Cartagena de Indias se está llevando a cabo una “Cumbre de millonarios“.  El evento no tendría mayor trascendencia si hubiera ocurrido años atrás.  Hoy es un buen ejemplo para mostrar que el proyecto  neoliberal basado en una retórica de la libertad individual, la responsabilidad personal, la privatización y el libre mercado que solo buscaban la consolidación del poder de una clase social que en América Latina se ha llamado eufemísticamente hablando: empresarios, está fracasando con todo éxito.

Lo curioso del asunto es que el evento ha sido denominado: “Encuentro de padres e hijos” y esto me retrotrae al Ancien régime en donde las Casas de Nobles (o empresarios en el lengiaje actual) acordaban los arreglos necesarios para seguir manteniendo el control sobre un territorio y sus gentes.

De otro lado, la actual situación ha dejado observar con claridad meridiana que los políticos y los formadores de opinión no saben qué decir para explicar el momento actual, usando los criterios y las estructuras conceptuales para el análisis que como dogma de fe han venido repitiendo durante los últimos 30 años.  Se repiten en diagnósticos y soluciones que dan calidad de sujeto maligno a un proceso que han denominado: la crisis.

vineta-vladdo

Es en estos tiempos de crisis en los que se puede tener la oportunidad de asegurar un cambio positivo que detenga esa enorme avalancha de consumismo paranoide y se rescate al capitalismo de los capitalistas.

Recomiendo el siguiente artículo de David Harvey titulado: Porqué esta condenado al fracaso el paquete de estímulos económicos, tomado de la Revista Sin Permiso.

También, invito a seguir su interesante blog.

Viñeta: Vladdo

Reuniones de alto nivel

Ayer terminó la Reunión de alto nivel sobre Cultura de la Paz en la que los líderes que asistieron reafirmaron su rechazo al uso de la religión para justificar el asesinato de personas inocentes, violencia y coerción, así como los actos de terrorismo.

ban-reysaudita1 Tras dos días de diálogo en la ONU por iniciativa del Rey Abdula bin Abdul-Aziz Al-Saud, de Arabia Saudita, expresaron preocupación frente a casos de intolerancia, discriminación, manifestaciones de odio y acoso de minorías religiosas.

Estas reuniones llenas de voluntarismo y cargadas de la retórica vacua a que nos tiene acostumbrados la diplomacia decimonónica que aún habita el siglo XXI, difícilmente logran transformar en acciones esas bien sonantes palabras.  Es obvio que detrás del dinero o la religión está el poder.

Un interesante artículo de Leonardo Wolff señala que la situación de crisis actual es, en realidad, una crisis de humanidad.  “(…) Por qué la crisis actual es una crisis de humanidad? Porque subyace en ella un concepto empobrecido de ser humano que sólo considera una parte de él, su parte de ego. El ser humano está habitado por dos fuerzas cósmicas: una de autoafirmación, sin la cual desaparece. En ella predomina el ego y la competición. La segunda es de integración en un todo mayor, sin el cual también desaparece. En ella prevalece el nosotros y la cooperación. La vida sólo se desarrolla saludablemente en la medida en que se equilibra el ego con el nosotros, la competición con la cooperación. Dando rienda suelta a la competición del ego, anulando la cooperación, nacen las distorsiones que presenciamos y que han llevado a la crisis actual. Por el contrario, dando espacio sólo al nosotros sin el ego se generó el socialismo despersonalizante, y la ruina que provocó. Errores de esta gravedad, en las condiciones actuales de interdependencia de todos con todos, nos pueden liquidar. Como nunca antes tenemos que orientarnos por un concepto adecuado e integrador del ser humano, por un lado individual-personal, con derechos, y por otro social-comunitario, con límites y deberes. De no ser así, nos empantanaremos siempre en crisis, que serán menos económico-financieras y más crisis de humanidad.”

La cultura de paz, pasa por reconocer la crisis de humanidad y en consecuencia la carencia de políticas civilizatorias.

Anejo: ¿Qué pasará en otra reunión de líderes de Alto nivel, esta vez llamados el G20? Los desafíos son enormes y los intereses que les gobiernan muy arraigados … además de fijar algunos controles (algo por demás obvio), se tomarán medidas para que la financiación para el desarrollo (otra manifestación palpable de la crisis), no dependa de la ayuda voluntarista de cada Estado y se consiga lograr una UNA IMPRESCINDIBLE Y JUSTA REDISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA ECONÓMICA GENERADA EN EL MUNDO.

Esta redistribución sólo puede ser garantizada por un sistema de organizaciones internacionales reformado que, como decimos siempre en el contexto de la “CAMPAÑA MUNDIAL PARA UNA PROFUNDA REFORMA DEL SISTEMA DE INSTITUCIONES INTERNACIONALES”, debe evolucionar hacia un nuevo sistema de Gobernabilidad Democrática Mundial capaz, entre otras cosas, de dotarse y gestionar estos impuestos globales.

¿Debemos esperar  a que en Doha, el 2 de diciembre, a la salida de la Conferencia Internacional de Seguimiento sobre la Financiación para el Desarrollo encargada de Examinar la Implementación del Consenso de Monterrey Follow-up International Conference on Financing for Development to Review the Implementation of the Monterrey Consensus, se nos diga que el tema es prioritario, pero que por motivos de la crisis,  habrá que esperar otra reunión de Alto nivel?