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Vergüenza colectiva

El cambio cultural va dado porque todos sintamos una terrible vergüenza, una vergüenza colectiva que nos mueva a manifestarnos ante la evidencia de lo inaudito.

Si hay comida para que nadie pase hambre, porqué aún miles de seres humanos mueren de hambre.  Es un problema complejo, dirán.  Es cierto, pero ésto no es argumento razonable para seguir tolerando la situación.

La gran crisis va de la mano de la, cada vez más, costosa alimentación. Síntoma de la degradación del modelo económico y de desarrollo, es la preferencia de  llenar el  tanque de combustible del coche frente al estómago de miles de niños y niñas menores de dos años que sufrirán un daño irreparable el resto de sus vidas.

Hay  que prestar atención a esta situación, avergonzarse y actuar.

Lo que ocurre en Argentina es un ejemplo de lo que acontece a escala planetaria.  Se requiere, además de voluntad, comida y políticas específicas, que la ciudadanía sienta una enorme vergüenza, como lo muestra el artículo de Marcela Valente para IPC que copio a continuación:

ARGENTINA
Desnutrición infantil difícil de roer

Por Marcela Valente

BUENOS AIRES, feb (IPS) – A pesar del sostenido crecimiento económico, las cosechas récord y los masivos planes de asistencia social, en Argentina quedan todavía lugares a donde esa bonanza no llega y la desnutrición afecta a niñas y niños, que en algunos casos ha provocado muertes.

En América latina y el Caribe, el hambre y la desnutrición afectan a 53 millones de personas, casi nueve millones de las cuales son menores de cinco años, según datos de la Organización de las Naciones Unidas.

Argentina no está en el grupo de países donde este fenómeno es más crítico, como Haití, Honduras, Guatemala y Bolivia, pero la cantidad de alimentos que se produce en su territorio alcanza para 10 veces su población de 40 millones de personas.

La economía argentina crece en forma sostenida desde 2003 a un ritmo que va de siete a 10 por ciento, a excepción de 2009 cuando esa expansión se vio afectada por la crisis global nacida el año anterior en Estados Unidos.

También registró en ese lapso cosechas sin precedentes por su volumen de granos y otros cultivos, mientras que los gobiernos centroizquierdistas del ya fallecido Néstor Kirchner (2003-2007) y el actual de su esposa, Cristina Fernández, avanzaron en masivos planes alimentarios y de transferencia de ingresos para los niños, niñas y adolescentes.

¿Qué ocurre entonces que según el Ministerio de Salud hay todavía 750.000 menores de 18 años que tienen problemas de desnutrición?

A poco más de un año de la entrada en vigor de un plan de transferencia de ingresos a menores de 18 años de familias pobres, los expertos debaten sobre los alcances, impactos positivos y limitaciones de esta herramienta.

La llamada Asignación Universal por Hijo (AUH), puesta en vigor en diciembre de 2009, entrega un monto mensual de 220 pesos (55 dólares) por cada menor de 18 años de familias de desocupados, trabajadores precarios y empleadas domésticas, es decir todas aquellas que no tenían acceso a la asignación familiar que les corresponde a los empleados de la economía formal.

El beneficio, que llega a 3,5 millones de niños, exige como contraprestación que los menores estén matriculados en la escuela, que reciban las vacunas obligatorias y que estén inscriptos en el llamado Plan Nacer de control de salud de los más chicos.

Una familia puede recibir hasta cinco veces el monto de la AUH como máximo, y eso suma prácticamente lo mismo que un salario mínimo. Pero el plan no es universal y hay 2,8 millones de menores que no la reciben, por distintos motivos.

En diálogo con IPS, la socióloga Gabriela Agosto, directora de la Asociación Civil Observatorio Social, sostuvo que la AUH “es un incentivo para la educación y la salud, pero no modifica sustancialmente el acceso a los alimentos”.

“La asignación genera una transferencia de ingresos, pero por sí sola no corrige un déficit clave como es el de la desnutrición infantil, porque la pobreza crónica no se revierte solo con esto, se necesitan políticas focalizadas”, señaló.

Agosto aludió así a los casos de desnutrición grave e incluso de muerte en menores indígenas de provincias del noroeste y del noreste del país, como ocurre periódicamente en Salta, Formosa, Chaco o Misiones entre otras.

La socióloga polemizó con el gobernador de una de esas provincias, quien argumentó que el problema de la desnutrición en las comunidades indígenas más aisladas era cultural, y lo desafió a poner en marcha políticas específicas para ellos.

“Por supuesto que en números estamos lejos del problema de países de África o incluso de otros países de América Latina, pero considerando que Argentina produce alimentos y que crece desde hace ocho años, la desnutrición es inadmisible”, opinó.

La experta se refirió a un reciente ciclo de conferencias sobre la AUH en el que la antropóloga Patricia Aguirre, especialista en alimentación, advirtió que la asignación mejora el acceso a los alimentos, pero no es una política alimentaria.

IPS tuvo acceso al libro que se editó luego con la exposición de los especialistas.

Aguirre remarcó en esa ponencia que el ingreso por la AUH se reparte con miembros adultos de la familia y no se destina solo a alimentos sino también a tubos de gas para cocinar, vestido, transporte y elementos para la escuela.

“Es muy significativa, es muy importante”, destacó la especialista sobre la asignación, pero puede contribuir a reforzar la malnutrición, alertó, aumentando apenas la ingesta de hidratos de carbono, gaseosas, azúcares y golosinas.

Otro dirigente social preocupado por el tema del hambre y los focos de desnutrición es Juan Carr, coordinador de la Red Solidaria, quien cree que, si se lo propone, Argentina puede terminar con el hambre en un plazo de entre uno y tres años.

“Con apenas cuatro días de la cosecha anual de granos, sin hablar de las proteínas animales derivadas de la carne o los lácteos que también producimos, solucionamos el hambre en Argentina. Y con 122 días el de toda América Latina”, aseguró a IPS.

Para Carr, la conciencia social aumentó en los últimos 15 años y ahora, si bien hay aún una fragmentación, hay más gente en sectores de clase media y alta de Argentina que considera una vergüenza que todavía haya hambre y desnutrición en el país.

Eso implica, a su juicio, que hay disposición a terminar con el flagelo. Para Carr, esta conciencia es más importante que la voluntad política, porque las acciones de los gobiernos responden a las demandas y al consenso entre la gente.

Según los datos de la Red Solidaria, tomados de diversas fuentes, las muertes diarias de menores de seis años a causa de la desnutrición bajaron fuertemente desde el colapso económico y política de 2001, cuando se registraban más de 30 casos al día.

El índice bajó a 12 muertes diarias en 2003 y siguió cayendo. Actualmente, luego de la puesta en marcha de la AUH a fines de 2009, estiman que el número de muertes diarias bajó a cuatro. Pero igual sigue siendo una tragedia.

“Para llegar a una madre de la etnia pilagá, que tiene siete hijos, y un marido que no trabaja y es violento, no basta con la AUH sino que hay que llegar con políticas sólidas que contemplen el conjunto del problema”, indicó Carr.

Lo justo es comer bien

Comercio Justo y Soberanía Alimentaria.  Son dos conceptos que están estrechamente relacionados.

La idea un comercio justo de proximidad hace énfasis en la capacidad que tienen los territorios para que sus habitantes garanticen su soberanía alimentaria con criterios de justicia y calidad (del producto y de la forma cómo se produce).

En un artículo firmado por Esther Vivas del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales vi el siguiente diagrama que me parece elocuente:

PD.  Hoy es el día del Ingeniero Agrónomo.  ¡Enhorabuena!

Alegoría

Un compromiso renovado contra el hambre, es el título de la nota que aparece en la página web de la FAO de la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria que se está llevando a cabo en Roma.

“Los líderes mundiales convocados en la sede de la FAO para la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria, adoptaron por unanimidad una declaración prometiendo un renovado compromiso para erradicar el hambre de la faz de la tierra, de forma sostenible y a la mayor brevedad posible.

Los países acordaron también trabajar para invertir la tendencia a la baja de los fondos nacionales e internacionales para la agricultura y promover nuevas inversiones en el sector, mejorar la gobernanza de las cuestiones alimentarias a nivel mundial en asociación con las partes interesadas relevantes del sector público y privado, y a enfrentarse de forma proactiva a los desafíos del cambio climático y a la seguridad alimentaria.”

En el marco de un protocolo lleno de oropel, estas declaraciones, cargadas de buenas intenciones y parecidas a las que se emiten cumbre tras cumbre, me han hecho recordar el corto títulado One Hundredth of a Second.

Photo credit: ©FAO/Alessia Pierdomenico

Hitos que avergüenzan

Hay hitos que dan verguenza.  Se espera que en el 2009, la humanidad alcence la escandalosa cifra de 1.020 millones de personas que pasarán hambre a diario, según estima la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de las Naciones Unidas. El problema es estructural y profundo.

Las metas de reducción del hambre para el 2015 de no más de 415 millones de seres humanos hambrientos (hecho de por sí, grave) parece que no se van a cumplir.  De nuevo, el problema es estructural y profundo.  Los políticos miran hacia otro lado.  Algunos dirán que son los efectos colaterales de la crisis económica.  Una maldición de los dioses.  Un castigo divino.

Hambre y política

g20-leadersMientras la “política de verdad” se toma fotos en el marco de vacuas declaraciones grandilocuentes, me gustaría llamar la atención sobre la distancia que hay entre los objetivos y valores que orientan la nueva-vieja arquitectura financiera mundial y lo siguiente.

Es intolerable que:

  • Todos los años más de 6 millones de niños sigan muriendo de enfermedades relacionadas con el hambre antes de cumplir los 5 años.
  • Que haya en el mundo aproximadamente 963 millones de personas desnutridas.
  • Y que, si bien ha disminuido la prevalencia del hambre, el número absoluto de personas desnutridas haya ido en aumento en los últimos años, cuando el planeta, según un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, podría producir alimentos suficientes para 12.000 millones de personas, es decir, el doble de la población mundial actual.

Sabemos y no hay duda de que hay un efecto negativo para el ejercicio pleno del derecho a una alimentación adecuada del poder adquisitivo insuficiente y el aumento de la volatilidad de los precios de los productos básicos agrícolas en los mercados internacionales, particularmente para la población de los países en desarrollo y para los países importadores netos de productos alimenticios.

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No se están cumpliendo las promesas hechas en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, celebrada en 1996, de reducir a la mitad el número de personas desnutridas.

¡¡¡ Hay que reclamarle esto a los políticos de la foto!!!

Hambre

Las nuevas estimaciones reportan que la población mundial que padece
hambre pasó de 842 millones a 848 millones entre 1990-1992 y 2003-2005.

Sin embargo, a raíz del alza de los precios de los alimentos, la situación de la inseguridad alimentaria se agravó: cifras provisionales de la FAO muestran que el número de personas malnutridas en los países en desarrollo se habrían incrementado en 75 millones entre 2005 y 2007, totalizando así 923 millones de personas a nivel mundial.

Ahora bien, durante 2008 se calcula que se han sumado 40 millones más
de personas a la población que padece hambre, según estimaciones presentadas en diciembre.

De acuerdo a la información desagregada por regiones disponible, el efecto
del alza de los precios de los alimentos habría significado 6 millones de personas más, malnutridas al cierre del 2007 en América Latina y el Caribe.

El informe de la FAO afirma que por el lado de la producción, las intervenciones que mejoren la productividad y el acceso a mercados de la llamada agricultura familiar campesina son claves, considerando que en países como Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y Nicaragua se estima que la participación de este sector en la producción total agrícola fluctúa entre uno y dos tercios. Sin embargo, este peso en la producción pocas veces se ve representado en el interés de las políticas que se diseñan para el sector agropecuerio en estos países.

Se habla mucho de la mejora en las condiciones democráticas de los paises de Amérca Latina y el Caribe.  Sin embargo, a juzgar por las dramáticas condiciones de un gran sector de la población, fácilmente se concluye que esta forma de gobierno no es ejercida por el pueblo.

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Saquen sus propias conclusiones.

Fuente: Panorama del hambre en América Latina y el Caribe. 2008 FAO

Identificar bien el problema

En los proyectos de desarrollo hay un elemento clave: Identificar el problema y elaborar las alternativas de solución.  Con frecuencia se confunde la identificación de proyectos con la búsqueda de las necesidades de las comunidades, de manera que en metodologías participativas se indague a sus pobladores sobre los problemas más frecuentes y acuciantes.  La identificación luego se presenta como un listado de problemas jerarquizados.

Lo global es más que el contexto, es el conjunto que contiene partes diversas ligadas de manera inter-retroactiva u organizacional. De esa manera, una sociedad es más que un contexto, es un todo organizador del cual hacemos parte nosotros. El Planeta Tierra es más que un contexto, es un todo a la vez organizador y desorganizador del cual hacemos parte. El todo tiene cualidades o propiedades que no se encontrarían en las partes si éstas se separaran las unas de las otras y ciertas cualidades o propiedades de las partes pueden ser inhibidas por las fuerzas que salen del todo. Marcel Mauss decía : « Hay que recomponer el todo ». Efectivamente, hay que recomponer el todo para conocer las partes, para esto se requiere El pensamiento complejo.

Esta recomposición es la que constituye una verdadera identificación.  A continuación transcribo un ejemplo publicado en una bitácora sobre Pensamiento complejo que muestra metodologías útiles que pueden resultar iluminadoras:

El problema de la desnutrición infantil en zonas castigadas por la guerra, la pobreza o los desastres naturales está ampliamente documentado en el ámbito de la cooperación internacional (ONU, UNICEF, etc.) usando la metodología convencional al uso, típicamente cartesiana, lineal, intervencionista, reduccionista amén de burocrática, de modo que con tal enfoque la desnutrición infantil se ha considerado históricamente un problema irresoluble.

La “sabiduría convencional” acerca de este problema suele estar en lo cierto en lo que respecta a los aspectos estructurales del problema: falta de acceso al agua limpia y a servicios sanitarios, recursos alimenticios inadecuados, pobreza, bajos niveles educativos y escaso conocimiento de la nutrición infantil. Si a esto añadimos una deficiente atención sanitaria, unas condiciones de vida poco higiénicas, los tabúes sobre el control de la natalidad y la baja posición social de las mujeres, el bucle parece cerrarse sobre sí mismo con un carácter definitivo. Pero, una vez más y como sucede en muchas ocasiones cuando se trata de intervenir en sistemas complejos, el problema no está en el “diagnóstico” sino en la “solución”: no es el qué sino el cómo. De esto trata precisamente la “amplificación de la desviación positiva”: no basta con tener claras las causas y el estado final deseado, es necesario sobretodo hacer foco en los medios, respetando la inteligencia y las capacidades del medio humano intervenido, sin descuidar el compromiso y la sostenibilidad a largo plazo de la “solución”.

Durante décadas, la “solución” más habitual para la desnutrición infantil pasaba por las inyecciones masivas (casi siempre en forma de bombardeo de alimentos) de comida adicional u por los intentos de abordar los problemas antes citados de manera simultánea y masiva. Además de costoso y entrometido, este método dirigido por “expertos en desarrollo” era por lo general insostenible porque mientras los “expertos” estaban físicamente en las aldeas afectadas las cosas parecían mejorar, pero tan pronto se marchaban las cosas empeoraban por el “efecto dependencia” generado indirectamente por el modelo de intervención dominante. Al cancelarse o agotarse los recursos externos, algo que siempre termina ocurriendo, las aldeas volvían a caer en la situación inicial de desamparo. ¿Quién no recuerda los envíos masivos de alimentos de las mediáticas campañas en África promovidas por el cantante Bob Geldof?. ¿Quién se acuerda ahora de esas aldeas sumidas en la pobreza y la desnutrición?.

Tras la guerra de Vietnam, gran cantidad de niños de las zonas más pobres padecían altos niveles de desnutrición. Las perspectivas de paliar este problema eran pesimistas para las organizaciones internacionales que acudían en su ayuda. En 1990, la organización “Save the Children” pidió a Monique y a Jerry Sternin que fuesen a Hanoi a probar nuevas ideas para ayudar a las comunidades necesitadas a paliar la desnutrición infantil. Los Sternin probaron un modelo basado en la “teoría de los sistemas vivos” (“Living Systems Theory” o LST del biológo teórico James Grier Miller que comentaré más adelante en otro post) llamado “amplificación de la desviación positiva” (también traducido como “anomalía positiva” en algunos textos) que había sido desarrollado por Marian Zeitlin en la Friedman School of Nutrition Science and Policy de la Universidad de Tufts a finales de los años 80’s. En aquellos tiempos, Zeitlin estaba haciendo una investigación en los hospitales infantiles para averiguar por qué un pequeño puñado de niños desnutridos (los “desviados”) se recuperaban más rápidamente que la mayoría. De esta investigación surgió la idea de “amplificación de la desviación positiva” una teoría que los Sternin pusieron a prueba en Vietnam.

La idea fuerza de la “amplificación de la desviación positiva” es no imponer una solución (nutricional) desde fuera, sino que se basa en ayudar respetuosamente a la evolución de las comunidades desde dentro identificando a los niños que son los “más nutricionalmente aptos” (es decir, los “positivamente anómalos”) y extender a toda la comunidad una solución que ya está funcionando dentro de ella. Es decir, en lugar de llegar como “expertos con respuestas”, el equipo liderado por Jerry Sternin y su esposa Monique llegaron a Vietnam como “catalizadores con preguntas”, dispuestos a sacar partido de la sabiduría subyacente y los recursos latentes de cada comunidad.

Tras elegir cuatro de las aldeas más pobres, el equipo de trabajo en el que también había vietnamitas, trabajó junto con los habitantes de las aldeas para pesar a los niños y registrar su nivel nutricional para identificar así a los “desviados positivamente”, es decir, niños de familias muy pobres que, según la lógica económica, debían de estar desnutridos pero que no lo estaban. Con este diseño se pretendía descubrir aquello que ya estaba funcionando contra toda lógica en lugar de planear una solución basada en una fórmula externa.

Con este modelo aplicado en Vietnam por el equipo de los Sternin, cada comunidad tomaba conciencia de su sabiduría latente sobre nutrición y el cuidado de los niños. De este modo la investigación ayudaba a la comunidad a descubrir prácticas nutricionales “positivamente desviadas” (es decir, no convencionales o insólitas desde el punto de vista del promedio) que funcionaban bien para ponerlas a disposición de todos. Por supuesto las respuestas estaban dentro de las comunidades con “desviaciones positivas”.

El equipo de los Sternin descubrió que las familias con niños “desviados positivamente” complementaban la dieta basada en el arroz de sus hijos con langostinos y cangrejos de agua dulce que podían pescar en los ríos sin tener que comprarlos y con hojas de patata dulce, muy ricas en vitaminas. Además daban de comer a sus hijos con mayor frecuencia. Pertrechados con este descubrimiento, los miembros del equipo buscaron otras aldeas para intentar que analizasen los hábitos de alimentación de sus hijos. Las aldeas organizaron seminarios para las madres donde se pedía a las asistentes que trajesen un puñado de langostinos, cangrejos y hojas de patata dulce en pago por la participación. “Save the Children” aportaba a cada participante proteínas adicionales (un huevo o un poco de tofu o queso de soja) y un poco de aceite.

A los seis meses, más de dos tercios de los niños habían engordado. En veinticuatro meses, el 85% de los niños de las cuatro aldeas seleccionadas se encontraba en una situación nutricional aceptable y ya no estaban clínicamente desnutridos. Durante este periodo se establecieron nuevos métodos de recolección y consumo de alimentos. Debido a su aceptación y a su éxito, el concepto se amplió para dar cabida a otras dieciséis aldeas. En cinco años desde el inicio del programa impulsado por “Save the Children”, el gobierno de Vietnam adoptó el modelo de la “amplificación de la desviación positiva” como modelo nutricional nacional y desde entonces se ha implantado con éxito en todo el país.

El concepto se extendió en consonancia con su filosofía de descubrir soluciones “desviadas positivamente” en cada zona, un método muy diferente de la difusión generalizada de las “prácticas óptimas” diseñadas mediante ingeniería social. Esta es una característica que define claramente la “amplificación de la desviación positiva” frente a otras metodologías de intervención, es decir, la “amplificación de la desviación positiva” va “de adentro hacia fuera” en vez “de afuera hacia dentro”. Parafraseando a la inversa el slogan de una famosa serie de TV, en la “amplificación de la desviación positiva” la “verdad está ahí dentro”.

Desde la perspectiva de la “teoría de los sistemas complejos adaptativos” del Instituto de Santa Fe (impulsado en 1984 entre otros por el premio Nobel de física Murray Gell-Mann) este caso de éxito puede analizarse en base a tres características clave en la intervención en sistemas vivos, se trate de personas, comunidades u organizaciones: Diseñar, no planificar. Descubrir, no dictar. Descifrar, no presuponer. Veamos.

Diseñar, no planificar

Antes del experimento de Vietnam, casi todos los programas de desarrollo destinados a atajar la desnutrición compartían la idea de que los “expertos” por sí solos (usando únicamente el análisis reduccionista para identificar los factores responsables de las deficiencias alimenticias) habrían planificado el problema y la respuesta. En consecuencia, llegaban al campo de operaciones con una “plantilla de prescripciones” e instrucciones que imponían como remedio para la situación. Ciertamente ni su fundamento analítico ni su diagnóstico eran erróneos. Los factores económicos, la calidad del agua, la educación, la asistencia sanitaria, el control de la natalidad y la función de las mujeres eran factores que contribuían al denominado “problema insoluble” y que había que abordar para que la situación resultase sostenible a largo plazo. Sin embargo, las intervenciones que proponían los expertos eran a menudo políticamente objetables o económicamente insostenibles. Tal vez sea posible eliminar la desnutrición con un ataque generalizado a los factores que la originan. Pero tales soluciones son con frecuencia caras, se encuentran con la oposición de las comunidades afectadas y, como ya he anticipado antes, se deterioran una vez que disminuye la intervención externa (recordemos las campañas de envío de alimentos a Africa impulsadas entre otros por los cantantes Bob Geldof y Bono de U2). Como dice Jerry Sternin, “toda esa sabiduría convencional es TBU: cierta, pero inútil” (TBU: true but useless).

Por el contrario, el “diseño” de intervención de los Sternin y su equipo de “Save the Children” es más parecido a la interpretación de un arquitecto que a los planos de un ingeniero social. El modelo de los Sternin dejó una huella muy leve en la vida de la aldea: no se generó ese “efecto dependencia” tan pernicioso en las intervenciones basadas en el enfoque convencional de ayuda masiva. Trabajando con mujeres vietnamitas de la propia aldea y con sus dirigentes, no hicieron más que entablar una conversación. Como relatan los Sternin: “¿Había algún niño demasiado delgado?. ¿Estarían interesadas las madres en que pesaran a sus hijos?. ¿Qué comen estos niños que tienen ese aspecto saludable?”. Estas prolongadas conversaciones necesitaron muchas visitas y muchas horas pero resultaban absolutamente necesarias porque el modelo exigía la comprensión, la implicación y el apoyo de las comunidades locales. En contraste con la intervención dirigida desde fuera por expertos, el modelo de la “amplificación de la desviación positiva” da una sensación de baile y cortejo, no de marcha e invasión como nos recuerdan las campañas de “Save Africa”. El éxito de este modelo radica en demostrar que es posible encontrar soluciones exitosas antes de abordar todas las causas fundamentales de los problemas.

Me detengo en dos elementos clave en este modelo: primero, el respeto hacia la inteligencia y las capacidades que residen dentro de la comunidad humana intervenida y, segundo, la alianza y compromiso con la comunidad. Además, lo interesante de este modelo es que puede aplicarse a otros tipos de cambio. Por ejemplo, los Sternin consiguieron aplicar el modelo de la “amplificación de la desviación positiva” para aumentar el nivel educativo de las niñas en Egipto. Igualmente, las aplicaciones organizativas y empresariales de los modelos basados en la “amplificación de la desviación positiva” tienen un gran potencial para realizar cambios de gran alcance con asombrosa facilidad (ver enlaces al final), así, desde finales de los años 90’s Jerry Sternin, Richard Pascale y otros como Joan Richardson cuya obra “From the Inside Out” encabeza este post han trasplantado con éxito la “amplificación de la desviación positiva” desde el ámbito de la nutrición y educación infantil y el desarrollo de comunidades a la gestión de cambio en el entorno empresarial y organizacional.

Descubrir, no dictar

Como hemos visto, Jerry Sternin y su equipo no llegaron con una plantilla prescriptiva con la “solución llave en mano” sino que aprovecharon el conocimiento que ya existía y lo hicieron visible y socialmente aceptable. Una investigación así demanda un auténtico aprendizaje en ambas direcciones (interventores e intervenidos) algo crucial para el aprovechamiento de la “amplificación de la desviación positiva”.

A los dos años de iniciarse las primeras pruebas de campo en cuatro poblados, los resultados vinieron a confirmar un gran avance. Al iniciarse el proyecto, casi la mitad de los 3.000 niños de las cuatro aldeas estaban desnutridos. Veinticuatro meses después, el 85% de ellos se encontraban dentro de los límites normales para su grupo de edad.

Una tendencia natural ante un éxito como ése habría sido implantar esta solución en todo el país. Los resultados parecían justificar la imposición de una dieta de langostinos, cangrejos y verduras silvestres a todos los niños del país que pesasen menos de lo normal. Pero un método así negaría el proceso de descubrimiento y es la antítesis del principio central de la “amplificación de la desviación positiva”: La sabiduría para resolver problemas existe y hay que descubrirla dentro de cada comunidad. Cada comunidad individual es más propensa a aceptar e implantar su propia respuesta antes que una externa impuesta. Cierto, un método de optimización puede imponer una solución más rápida (y a veces una solución “mejor”) pero siempre a costa de debilitar el “empowerment” (potenciación o empoderamiento de las personas en una comunidad u organización) y el sentimiento de la propiedad y responsabilidad de la solución. Dictar las respuestas, pese a las buenas intenciones y a las buenas maneras con que se haga, usurpa la responsabilidad de la comunidad. También se asume en muchas ocasiones, erróneamente, que ser un “experto” da licencia para inmiscuirse en otras culturas y costumbres. Una actitud de descubrimiento exige humildad e intención de aprender lo desconocido, no una reafirmación de lo que ya se sabe.

Como cabía esperar, los suplementos alimenticios de los “desviados positivamente” y las prácticas de atención a los niños eran diferentes en una aldea y en otra. El propio nivel de implicación y apoyo local derivó en dejar que cada aldea fuese su propio experto. Algunas aldeas no tenían cangrejos de río ni hojas de patata dulce silvestre, sino que aprovechaban las semillas de sésamos, los cacahuetes y el pescado seco.

Este factor, más que el hecho de tener la “respuesta correcta”, desembocó en la rápida cascada de programas, una amplificación positiva para el tratamiento de la desnutrición en otras dieciséis aldeas y posteriormente en todo Vietnam.

Descifrar, no presuponer

Los representantes de “Save the Children” eran conscientes de que cualquier intervención desencadena muchas consecuencias de segundo y tercer orden no previstas. Esto es algo típico en cuando se perturban sistemas vivos como vimos en el post sobre la ecuación Lotka-Volterra con las consecuencias anti-intuitivas cuando se interviene en sistemas complejos. El truco está en descifrar, descodificar o interpretar las consecuencias cuando aparecen. Una interpretación hábil va de la mano del “descubrimiento conjunto” entre interventores e intervenidos pues es de esperar que al intervenir en un sistema vivo con una red compleja de relaciones como una comunidad humana se desencadenen efectos secundarios o colaterales que son tangenciales respecto al objetivo que se persigue. Hay que descifrar e interpretar estas consecuencias imprevistas en cuanto comienzan a tomar forma y, si es posible, empujarlas en una dirección positiva antes de que desencadenen avalanchas no deseadas. Como mínimo, estando alerta, podemos conseguir que la comunidad, organización o empresa sea consciente de las opciones emergentes a las que tiene que enfrentarse. La peor estrategia es presuponer un guión de resultados esperados y ser ciego a lo que está ocurriendo de verdad, o como diría Winston Churchill, “por muy hermosa que sea la estrategia, de vez en cuando se deben observar los resultados.”

En Vietnam se produjeron algunos ejemplos de estos efectos secundarios. Muchos padres con sentido común, aunque incultos, que habían conseguido evitar la desnutrición estaba viviendo en la pobreza en el peldaño más bajo del orden social de la comunidad. Conseguir que su remedio fuese adoptado por toda la aldea tenía las consecuencias tangenciales de afectar a la posición social de estas familias tan pobres. En la mayoría de los casos, cuando estos miembros conseguían hacer oír su voz y eran reconocidos como activos de la comunidad, su posición y su sentido de la autoestima aumentaban. En muchas comunidades, estas madres eran elegidas como trabajadoras sanitarias comunitarias. Otras, antes marginadas, eran elegidas para el gobierno local. Otra consecuencia imprevista fue que las conversaciones diarias con las mujeres sobre el bienestar de los niños fue un catalizador para acciones adicionales. Junto con el programa de nutrición se desarrollaron otras cuestiones. En algunas aldeas, mujeres muy activas abrieron negocios caseros o empezaron a trabajar con las escuelas de la aldea para mejorar los programas de estudios y disminuir el analfabetismo.

En la actualidad Jerry Sternin sigue formando consultores en el modelo de la “amplificación de la desviación positiva”. Algunas empresas y organizaciones están empezando a escuchar este modelo aplicado a la gestión del cambio organizacional. Afortunadamente el proceso de cambio con este modelo no es complicado o esotérico. Como dice Jerry Sternin, “cuando la gente descubre cómo funciona, la verdad se evidencia por sí misma. ¡¡Es tan exquisitamente simple!!”.

Fuente: José Monzó Marco en su bitácora llamada Pensamiento Sistémico