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Entre la luz y el agua

Tengo debilidad por el agua. Tengo debilidad por la poesía de Gamoneda. Espero que lo disfruten:

PAPIER FAUTHOUX, COLOR FAUTHOUX.
ENTRE LA LUZ Y EL AGUA

Cuando Jean-Louis Fauthoux hunde sus manos en el agua, la luz entra en sí misma y revela la multitud de los pigmentos ocultos. Es una floración; clandestina, hierve en la profundidad innombrable.

A las húmedas manos acuden, simultáneas con las luces, las sombras. Las luces con su carga de fuego, las sombras con su temblor nocturno. Giran los átomos en su discordia lívida pero sobreviene la paz; la paz de las grisallas silenciosas y los azules fríos.

Incendio y paz en las manos pulsátiles, incendio y paz en los estambres silvestres. Todo es visible y luminoso en la virtud del agua, del agua inmersa en su ignorancia íntima, libre y conversa bajo las manos de Jean-Louis Fauthoux.

El resplandor cunde en los patios. En las cuerdas inmóviles se despliega turgente en su color intransitivo, y se conciertan en la misma llama la pronunciación del crepúsculo y la conducta del amanecer.

Todo es verdad en los grandes papiros, en la escritura cárdena que nombra la inexistencia y desordena los significados. ¡Ah la locura girando incandescente, ah el resplandor sin causa!

Todo es verdad en la declinación purpúrea. Todo es verdad: lo uno y lo múltiple, lo consecuente y lo inicial. Color, color, número inmenso, cifra secreta y evidente.

Cuando Jean-Louis Fauthoux hunde sus manos en el agua, se modifica lo imposible. Todo es certidumbre, todo fulge en la inmanencia existencial. Color, color, causa incesante, cúmulo procesal. Color, ausencia presente, llaga y conducta solar.

Todo es luz y todo es sombra; lo cierto es también lo incierto; la muerte, inmortalidad. Todo es luz y todo es sombra, lejana proximidad. La luz habita la sombra. Hay luz en los aledaños fríos de la eternidad vacía.

Antonio Gamoneda

Tomado de: Faro Gamoneda

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Soledad en Lanzarote

Adiós Saramago …

El Gato Negro

Edgar Allan Poe. (Boston, 19 de enero de 1809 – Baltimore, 7 de octubre de 1849) fue un escritor, poeta, crítico y periodista romántico estadounidense, generalmente reconocido como uno de los maestros universales del relato corto, del cual fue uno de los primeros practicantes en su país. Fue renovador de la novela gótica, recordado especialmente por sus cuentos de terror. Considerado el inventor del relato detectivesco, contribuyó asimismo con varias obras al género emergente de la ciencia-ficción. Por otra parte, fue el primer escritor estadounidense que intentó hacer de la escritura su modus vivendi, lo que tuvo para él consecuencias desastrosas.

Un programa recomendable … Palabra 2

report60

Jean-Marie Gustave Le Clézio

Estos momentos de crisis y ruptura son propicios para el desarraigo;  un querido amigo me hizo llegar la siguiente semblanza del recién elegido Premio Nobel de Literatura.

“Una experiencia académica con Le Clézio

Compartir un libro y analizar un pensamiento ajeno a nuestos condicionamientos culturales nos permiten descubrir a escritores maravillosos como Jean-Marie Gustave Le Clézio. Mis alumnos y yo lo hicimos a través de la lectura de su obra Désert (Desierto), premiada por la Academia Francesa.

Lo primero que nos llamó la atención, como gente de ciudad, fue el exotismo de su título, que sugería un escenario simple y desnudo, sobre todo vacío, pero a la vez lleno de significado y misterio; misterio que descubrimos a lo largo de la obra. Lo segundo que nos impactó fue lo insólito de su presentación: algunos capítulos abarcaban toda la hoja como en cualquier libro, pero otros conservan un margen izquierdo de más de 5 centímetros, lo que crea un movimiento narrativo entre los dos escenarios de la novela.

La historia comienza en Marruecos con Lalla, una niña del desierto que, para encontrar sus raíces, debe primero abandonarlas. Su éxodo la lleva a una vida desabrida en Marsella, el viejo puerto del sur de Francia. Impresionante cambio de atmósfera: bañada por el Sol y llena de vitalidad cuando Lalla vivía en el desierto y, luego, vestida con los grises colores de las grandes metrópolis. Finalmente, Lalla regresa, subyugada por el eco del desierto que la llama incesantemente; es el llamado de las raíces.

Este ir y venir entre dos culturas y dos países son el reflejo fiel de la realidad psicológica del escritor, que de niño vivió en Francia con su familia. La contradicción entre sus orígenes (educado como mauriciano, puesto que su familia vivió en la isla de Mauricio) y sus raíces (abuelo francés) constituyen un extraordinario motor de creación literaria, que hace de este escritor una personalidad tan singular como su obra.

Escritor desde los 7 años, Le Clézio logra disimular el malestar que le produce el sentimiento de desarraigo, escribiendo y dibujando. Es quizás por eso por lo que su escritura está poblada de imágenes de una fuerza y una vitalidad excepcionales.

Es tal vez en el desierto, o al menos así lo sugiere él, donde el Hombre logra encontrarse consigo mismo, porque se enfrenta a la fuerza de la naturaleza, a su infinita belleza; realidad absoluta frente a la realidad pasajera del ser humano; maestra y madre de las tribus y los pueblos que han calcado su vida y sus costumbres en ella.

Escritor caminante en busca de su esencia, exploración que nunca termina, como el andar de los pueblos del desierto en busca de agua, tan esencial y vital para sobrevivir como lo es la verdad para vivir. Eso es lo que anhela Le Clézio: llegar a lo más simple, a lo más puro, a la desnudez absoluta para encontrar la serenidad e incluso la aceptación estoica y simple de la vida y de la muerte. Paradójicamente, esa “agua” en el “desierto” el escritor la encuentra en pueblos indígenas de México, país que lo marcó para siempre.

Para mis alumnos y yo, leer a J.M.G. Le Clézio fue conectarnos con el palpitar de la vida, conocer su más sencilla y profunda expresión, depurada de todas las contaminaciones y los vicios del mundo moderno en un marco en donde los hombres no tienen valor en función de lo que poseen, sino de la sabiduría que han adquirido a través de una vida simple, logrando así su libertad.”

Fuente: Marcela López.  Especial para El Tiempo.