¿Qué piensan los candidatos?

En las sociedades modernas la deliberación pública sobre la tecnología debería ser central, ¿tenemos instituciones para organizarla? ¿la discusión sobre la política científica y tecnológica es pública y notoria? ¿los parlamentarios están bien asesorados para comprender el alcance de determinada tecnología? ¿la explicación sobre las implicaciones de determinada tecnología solo está en capacidad de entenderla un estrecho grupo de expertos? ¿hay apropiación social de las tecnologías? ¿interesa que los consumidores de determinadas tecnologías sean usuarios incondicionales? ¿existe la capacidad en los estados para deliberar sobre las tecnologías con el lobby de las grandes multinacionales de base tecnológica?

El conocimiento cada vez más preciso sobre las cosas (la realidad¿?) genera posibilidades de interacción con el medio, a través de tecnologías cada vez más potentes. Este hecho hace que la gestión de los sistemas técnicos sea una de las cuestiones más importantes para orientar el devenir de la sociedad hacia el bien común.

En el debate electoral este tema central de la democracia pasa casi siempre desapercibido. El tema es central para la democracia porque atraviesa la vida cotidiana de cada uno y determinará en gran medida el sentido que se le dará al uso de determinada tecnología. El trámite que se le está dando a los conflictos sociotécnicos con la irrupción de determinadas tecnologías es penoso. Disociar los factores intrínsecos de la tecnología que se esté analizando de sus factores extrínsecos no permite tener una mirada comprensiva y suficiente sobre la cuestión. Las posibilidades que está abriendo la bioinformática, la inteligencia artificial y la conectividad son impresionantes y no puede circunscribirse su gestión a un cuadrilátero en el que se dispongan en una esquina los que piensan que son buenas y en la contraria los que creen que son malas. Se necesita más política científica y tecnológica.

Les escucho ¿qué proponen?

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Una sociedad enferma

Hace unos días asistimos a un debate de los precandidatos presidenciales de Colombia. Para ser más precisos al debate entre algunos de los precandidatos presidenciales de Colombia. En medio de la mecánica del debate, pensada para ofrecer un espectáculo que alimente las emociones del espectador, me llamó la atención que cada uno tenía una historia personal como víctima de la guerra que el país ha naturalizado bajo el eufemismo de conflicto armado. También, me llamó la atención cómo el público, convertido en hincha fanático de una causa, asumía la lógica de la guerra en la que el dolor del otro, si es el enemigo, no es igual que el propio dolor y actuaba en consecuencia aplaudiendo o vociferando frente a la confesión dolorosa del adversario.

El pacifismo es el camino para ir curando las heridas profundas que están gangrenando la vida en sociedad. La eliminación del contrario se ha ido legitimando y hoy parece que siempre hay una razón que justifique su desaparición. Tan profunda es la herida que expresiones como «la vida es sagrada» que en su momento trasladaban un sentido, hoy no son más que un reclamo publicitario hacia un movimiento político; y muchos ciudadanos atrapados en esa lógica de la guerra, prefieren huir hacia adelante como zombis que alientan un país solo para los que piensan como ellos, aunque en el camino se siembre dolor y muerte, incluso su propia muerte.

Esta sociedad enferma no necesita más espectáculos que alimenten la lógica de la guerra. La función social de los medios de comunicación no es la de preparar el campo de batalla. Este país enfermo necesita aprender a apreciar desde el silencio el dolor del otro, del vecino, del paisano. Hay que ofrecer el ambiente propicio para entender los argumentos de cada uno, para juzgar sus propuestas, para tomar una decisión de voto, para comprometerse con la sanación de Colombia.

Cuando dicen crisis yo digo estafa

– El 1% de la población posee el 43% de la riqueza total. El 10% controla el 83% de la riqueza.

– La élite económica mundial evadió al menos 16,7 billones de euros entre 2005 y 2010 (la cifra más pesimista eleva la cantidad a 25,6 billones), según un informe de Tax Justice Network publicado esta semana.

‘Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica, y los servicios sociales necesarios.

            Tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad’, artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Muy recomendable el artículo de Olga Rodríguez para Zona Crítica llamado: La estafa insostenible.


Bronca cuando ríen satisfechos al haber comprado sus derechos
bronca cuando se hacen moralistas y entran a correr a los artistas
bronca cuando a plena luz del día sacan a pasear su hipocresía
bronca de la brava, de la mía, bronca que se puede recitar…

para los que toman lo que es nuestro, con el guante de disimular,
para el que maneja los piolines de la marioneta universal…
para el que ha marcado las barajas y recibe siempre la mejor
con el as de espada nos domina, y con el de bastos entra a dar, y dar…

marcha… un , dos… no puedo ver tanta mentira organizada
sin responder… con voz ronca… mi bronca… mi bronca…

Bronca porque matan con descaro, pero nunca nada queda claro,
bronca porque roba el asaltante, pero también roba el gobernante…
bronca porque está prohibido todo, hasta lo que haré de cualquier modo,
bronca porque no se paga fianza, si nos encarcelan la esperanza…

bronca… bronca…. bronca…

Los que mandan tienen a este mundo repodrido y dividido en dos…
culpa de su afán de conquistarte por la fuerza o por la explotación…
bronca que me da cuando pretenden que me corte el pelo sin explicación
es mejor tener el pelo libre, que la libertad con fijador…

Marcha… un, dos… no puedo ver tanta mentira organizada
sin responder… con voz ronca… mi bronca… mi bronca…

Bronca sin fusiles y sin bombas, bronca con los dos dedos en V,
Bronca que también es esperanza, Marcha de la bronca y de la fe…

Pedagogía financiera

En el tema del desarrollo y la cooperación no debemos olvidar la superestructura que determina, en gran medida, el éxito o el fracaso de un proceso de transformación. Paco Álvarez Molina, cuya bitácora recomiendo, hace un ejercicio pedagógico en temas económicos y financieros claves.

Aprovecho para invitar a que se conozca más sobre el tema de la Banca Ética.  En tiempos como los que corren es un tema imprescindible.

A continuación un vídeo en el que explica el rol de los organismos financieros internacionales:

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

¡Es la política, estúpido!

Es la economía, estúpido.  La frase se hizo famosa luego de que Clinton la sacara a relucir en la campaña presidencial de 1992.

Hoy me van a permitir disentir.  Es la política, estúpido.

Los datos son elocuentes.  Muestran con ratunda claridad en dónde están las prioridades del poder.

Traducción:

  • 60.000 millones de dólares, el coste estimado de la guerra de Iraq en 2003
  • 3 billones, el coste total estimado de la guerra de Iraq
  • 750.000 millones los ingresos de la OPEP
  • 3.000 millones, lo pagado por la OPEP para el fondo creado para el cambio climático
  • 405.000 millones los ingresos de Walmart
  • 115.000 millones los bonus en Wall Street en 2009
  • 30 millones el presupuesto de la ONU
  • 21.000 millones salvarían la selva del Amazonas
  • 726.000 millones, el presupuesto de Defensa de EEUU
  • 450.000 millones, el interés anual de la deuda de EEUU
  • 308.000 millones donados a la caridad por los americanos cada año
  • 33.000 millones de ayuda de EEUU para el desarrollo
  • 100.000 millones defraudados en paraísos fiscales
  • 26.000 millones, el déficit presupuestario de California
  • 930.000 millones, la deuda en tarjetas de crédito en EEUU
  • 148.000 millones, los gastados en enfermedades relacionadas con la obesidad
  • 12 billones, el coste mundial de la crisis actual
  • 112.000 millones, la deuda de Africa con Occidente

Tomado de: Ganas de escribir de Juan Torres

Desigualdad

El informe sobre el Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe 2010 se enfoca sobre este problema.

La desigualdad es sobretodo un rasgo de la matriz cultural que configura la región. Liderazgos paternalistas que cosechan en la tierra fértil de una población cada vez más resignada que exige dádivas y no derechos, configuran un modelo excluyente que mantiene privilegios y niega derechos.

La desigualdad no es solo un problema de políticos, de empresarios o de trabajadores.  Es un problema de TODOS que debemos atacar en el ámbito de actuación de cada uno.

Hay que actuar ya.

¿Qué estás haciendo tu para evitar la desigualdad?

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

Emociones y política

Interesantes trabajos, como los de Antonio Damasio, hay en neurobiología que muestran la relación entre emociones y sentimientos. Un terreno complejo que determina en gran medida la manera en que después actuarán las razones.  ¿Qué pasa cuando extrapolamos esto a la política?

Política, odio y otras emociones.

La política es asunto de intereses. Pero no habría política si los intereses no se vistieran con razones y si el vestido de razones no modificara a veces los intereses vestidos con ellas. Sin debates entre razones, no habría ideologías y la polarización política se reduciría a una lucha de intereses.

Sin embargo, tanto razones como intereses son a veces frágiles frente a las emociones. Fácilmente los actores políticos se pueden dejar llevar por emociones y actuar contra su interés o contra sus razones. Tal vez por eso las Constituciones y los partidos acuden a mecanismos de auto-atadura (self binding) como los compromisos previos o la elevación intencional de costos para prevenir e impedir decisiones inconvenientes basadas en emociones.

edro sobrio se amarra las manos para cuando Pedro esté borracho.

Pero la política necesita emociones. La política es impensable sin algún grado de movilización emocional. Al fin y al cabo la política es tema de acciones (individuales y colectivas) y las emociones son una motivación potente de la acción. En el conflicto entre razón e interés muchas veces quien define al ganador es la emoción. Por eso las elecciones y la ambientación de muchas políticas públicas son en buena parte procesos emocionales.

La polarización política puede enfrentar motivaciones de distinto tipo entre sí (intereses, razones, emociones) o puede enfrentar intereses con intereses, razones con razones y emociones entre sí. La polarización que así se obtiene caracteriza en un momento dado el campo político y sus posibilidades de evolución. La intensidad de la polarización (incluida la intensidad de las emociones sentidas hacia el rival, competidor o enemigo) y el tipo de emociones sentidas influyen notablemente en el hecho de que los conflictos se mantengan dentro de la política o pasen a ser conflictos violentos.

Carl Schmitt (La noción de lo político y El concepto de partisano) considera que la base de la política es la enemistad. La política, practicada por profesionales, sería entonces el arte de encausar esa enemistad por las vías del derecho y de la competencia democrática. Odio, resentimiento, rabia, miedo y desprecio serían ejemplos de emociones presentes en los conflictos violentos (Roger Petersen) pero susceptibles de desvanecerse en el tiempo y/o de alimentar la acción política. ¿Qué causa el odio? ¿cómo se expresa? ¿a qué acciones conduce? ¿qué emociones provoca en el odiado? Las mismas preguntas pueden hacerse sobre otras emociones presentes en la política, incluidas emociones positivas.

“Igualdad de derechos para todos” vs. “primero los derechos de los más excluidos” son argumentos impersonales que provocan emociones positivas que compiten. ¿Algún día la política implicará exclusivamente competencia entre variantes de lo bueno? Las anteriores consideraciones y preguntas son apenas un esbozo para animar a participar en el seminario.

Fuente: Antanas Mockus, en: Política, odio y otras emociones.

Aliento

performanceMientras observo con ilusión las fotografías del album sobre una performance que hizo un amigo y su familia en la que recoge el aliento de todos sus miembros en el mismo globo, a manera de reflexión de fin de año acerca de «la familia, la vida, la negentropía, el esfuerzo de grupo y la esperanza en un futuro para la humanidad, la biodiversidad y el planeta», pienso con dolor en lo que sigue pasando en estos momentos en GAZA: ¡cuánto dolor! ¡cuánta injusticia!

Necesitamos un nuevo ALIENTO VITAL.  Las acciones y reacciones de los responsables políticos actuales son tibias, insuficientes, vagas, contradictorias, mediocres.  Me pregunto si nosotros, los ciudadanos, podremos cambiarlos.  Supongo que las claves están en la imaginación, la cultura y el arte … ojalá la politica se alimentara de ellas.

A propósito de discursos

Hace dos días señalaba que la elocuencia de los discursos de Barak Obama y su enorme capacidad para inspirar con ellos, obliga al escuchante a confrontar esas palabras con las acciones que realice para trazar el sentido de su liderazgo.

Pensando en estos temas encontré el siguiente artículo de Charlotte Higgins (crítica literaria) que paso a reproducir por lo acertado de la coincidencia:

180px-m-t-ciceroLa retórica ciceroniana de Obama
· · · · ·

Los discursos de Obama son admirados por muchos, y analizados hasta la última coma, pero según Charlotte Higgins, uno de sus aspectos más interesantes es la enorme deuda contraída con la oratoria romana.

En la carrera electoral a la presidencia estadounidense, la revista digital Slate propuso una serie de definiciones para los «obamaísmos» [por la manera de hablar del presidente de los EE.UU.; con Bush hubo «bushismos»; N.T.] Una de ellas era: «Barócrates.- Oscuro filósofo griego, pionero del método de enseñar, según el cual las grandes cuestiones se plantean como interrogantes y luego se eluden.»

Pero había otros guiños en Barack Obama que aludían a la Grecia y Roma clásicas. Cuando aceptó la nominación del Partido Demócrata, lo hizo frente a un decorado de columnas dóricas. Los republicanos dijeron que le traicionaban sus delirios de grandeza: éste era el templo del cual Obama emergería como un semidiós griego. ([El humorista gráfico] Steve Bell también percibió el aire romano de esta imagen, y dibujó a Obama como emperador togado.) De hecho, el significado de aquellas columnas iba mucho más lejos de lo que creyeron los republicanos. Recordaban a la Casa Blanca, la cual, a su vez, sintetiza algunos de los rasgos visuales de la República romana, en la que se basa la Constitución estadounidense. Recordaban al Lincoln Memorial, frente al cual Martin Luther King pronunció su discurso «Tengo un sueño» (I have a dream), que a su vez, recuerda al monumento en el cual se inspira el Lincoln Memorial, el Partenón. Acercándonos, de ese modo, simbólicamente a Atenas, la cuna misma de la democracia.

Así se ha planteado la cosa: para entender los próximos cuatro años de política norteamericana, vamos a tener que entender algo de la política de la Grecia y Roma clásicas.

Ha habido muchos aspectos controvertidos en estas elecciones presidenciales, pero si una cosa está fuera de duda es la habilidad de Obama como orador, uno de los factores más importantes -quizás el más importante- en su victoria. La abrumadora cantidad de personas que acudían a verle hablar le colocan a mucha distancia de sus rivales. Recuérdese, una vez más, la política de la Atenas clásica, donde el discurso público a los votantes era el motor de la política, y donde el arte de la retórica maduró al paso de la democracia.

Obama se ha sacudido de encima la tendencia de los últimos presidentes -sin excluir a Bill Clinton- de rebajar el nivel intelectual de sus discursos. El libro de Elvin T. Lim,  The Anti-Intellectual Presidency: The Decline of Presidential Rhetoric from George Washington to George W Bush [La presidencia anti-intelectual: el declive de la retórica presidencial desde George Washington a George W. Bush] somete la oratoria presidencial a análisis estadístico. La conclusión a la que llega es que hace 100 años los discursos se daban a un nivel de lectura propio de un universitario. Ahora se dan a un nivel de secundaria [8th grade]. En contraste, los discursos de Obama resultan halagadores para su audiencia. Sus mejores discursos son hábiles creaciones literarias, ricas, como las columnas dóricas, en alusiones; su manera de expresarse evoca conscientemente frases de Lincoln y King, Woody Guthrie y Sam Cooke. Aunque tiene guionistas que le escriben los discursos, buena parte del trabajo la realiza el propio Obama. (Jon Favreau, el joven de 27 años que encabeza el equipo de guionistas de Obama, ha declarado que su trabajo es como ser «el entrenador de bateo de Ted Williams»). James Wood, profesor de crítica literaria en Harvard, ya ha realizado una atenta lectura de su discurso de victoria electoral para el New Yorker. ¿Alguien se imagina lo mismo con un discurso de George W. Bush?

En más de una ocasión, el adjetivo que se ha empleado para describir la habilidad oratoria de Obama es el de «ciceroniano». Cicerón, el prominente político romano de los últimos tiempos de la República, fue ciertamente el mayor orador de su época, y uno de los mayores de toda la historia. Un acérrimo defensor de la constitución republicana cuya crítica de Marco Antonio condujo a su asesinato en el año 43 a.d.n. E.

Durante la República romana (y en la Atenas clásica) la política no era otra cosa que oratoria. En Atenas, cuestiones como declarar o no la guerra a un estado enemigo eran decididas por el electorado al completo (aunque, todo sea dicho, muchos ni se molestaban en participar) en un debate abierto. La oratoria era la habilidad política por excelencia, de cuya maestría dependía el poder. Resulta poco sorprendente, pues, que la oratoria fuese rigurosamente analizada y su estudio, organizado en grado sumo. Los griegos y los romanos, en resumen, conocían todos los recursos retóricos, y dieron nombre a la mayoría de ellos.

Y resulta que Obama también los conoce. Una de las técnicas de Cicerón más conocidas es su uso de series de tres para destacar las tesis de su discurso: el tricolon. (El ejemplo más famoso de tricolon latino no es de Cicerón, sino de César: «Veni, vidi, vici» -Llegué, vi, vencí-). Obama utiliza libremente el tricolon. Un ejemplo: «Esta noche, nos reunimos para afirmar la grandeza de nuestra nación, no por la altura de nuestros rascacielos, ni por el poder de nuestro ejército, ni por las dimensiones de nuestra economía…» En este pasaje, de su discurso en la convención demócrata del 2004, Obama también usa la técnica del praeterito: atraer la atención sobre un tema por la vía de eludirlo. (Deja de lado la altura de los rascacielos en Norteamérica, etc., pero, en haciéndolo, nos recuerda su importancia.)

Uno de mis recursos favoritos de todos los que utiliza Obama es el uso de la frase «un joven predicador de Georgia», que empleó cuando aceptó la nominación demócrata en agosto, sin nombrar a Martin Luther King. El nombre para esta técnica es el de antonomasia. Un ejemplo de Cicerón es la manera en que se refiere a Fénix, el mentor de Aquiles en La Ilíada, como «senior magister» (el viejo profesor). En ambos casos, se establece una intimidad entre el orador y el auditorio, la halagadora idea de que todos sabemos de qué estamos hablando sin que nadie tenga que explicarlo. Humaniza el carácter: King no era entonces sino un hombre joven. Mencionando Georgia localiza la referencia. A Obama le gusta nombrar los lugares de Norteamérica para dar impulso a su retórica, como en su discurso del 4 de noviembre: «Nuestra campaña… empezó en los patios traseros de Des Moines y las salas de estar de Concord y los porches de Charleston», lo cual, por supuesto, es otro tricolon.

Los recursos retóricos favoritos de Obama, según parece, son la anáfora y la epífora. La anáfora es la repetición de una misma expresión al comienzo de cada frase. Una vez más, en su discurso del 4 de noviembre: «Es la respuesta que nos dio el ensanchar los límites de nuestras escuelas… Es la respuesta de la que hablan los jóvenes y los viejos… Es la respuesta…» La epífora es lo mismo, pero al final de la frase. Del mismo discurso (y una vez más, un tricolon): «Vivió lo suficiente para verles luchar, hablar en defensa propia y conseguir el derecho a voto. Sí, podemos.» La frase «Sí, podemos» (Yes, we can) cerrará los siguientes cinco párrafos.

La repetición de ese «Sí, podemos» también podría recordar más al estilo de prédica pregunta-respuesta de la iglesia norteamericana que al de la retórica clásica. Y, por descontado, Obama recibió la influencia en su día de congregaciones nutridas de predicadores enérgicos y efectivos. Pero James Davidson, profesor de historia clásica en la Universidad de Warwick, señala que este estilo de prédica se origina asimismo en la Grecia clásica. «La tradición de la oratoria clásica fue central en la iglesia en sus comienzos, cuando la retórica era una de las partes más importantes de la educación. A través de los sermones, la iglesia incorporó la tradición retórica de los clásicos. Los Estados Unidos la han preservado, señaladamente en la iglesia afroamericana.»

No solamente en los pormenores del perorar recuerda Obama a Cicerón. Como Cicerón, Obama es abogado. Como Cicerón, Obama es un escritor de enorme talento: Dreams From My Father, el primer libro de Obama, entrará seguramente en el cánon literario estadounidense. Como Cicerón, Obama es un «novus homo» (la frase latina significa «hombre nuevo», en el sentido de hecho a sí mismo). Como Cicerón, Obama entró en la política sin apoyos familiares (a diferencia de Hillary Clinton) y sin historial militar (a diferencia de John McCain). La tradición romana dictaba que había que contar con ambas cosas. El talento que compensa esa carencia, y que también comparte Obama con Cicerón, según Catherine Steel, profesora de lenguas clásicas en la Universidad de Glasgow, es la habilidad para «crearse una genealogía de antepasados: pero no biológicos, sino intelectuales. Para Cicerón fueron Licinio, Craso, Escipión Emiliano y Catón el viejo. Para Obama, Lincoln, Roosevelt y King.»

Steel señala también cómo la oratoria de Obama se rige por el ideal tripartito delineado por Aristóteles, quien afirmó que la buena retórica debería consistir en una mezcla de páthos, lógos y éthos (emoción, discurso y carácter). En la proyección del éthos es donde Obama descolla particularmente. Considérese el siguiente pasaje, tan rotundo: «Soy hijo de un hombre negro de Kenya y de una mujer blanca de Kansas. Crecí con la ayuda de un abuelo blanco que sobrevivió a la Depresión para servir en las tropas de Patton durante la Segunda Guerra Mundial y de una abuela blanca que trabajó en una cadena de montaje de bombarderos en Fort Leavenworth mientras su marido estaba al otro lado del océano. He ido a algunas de las mejores escuelas de América, y he vivido en una de las naciones más pobres del mundo.» Consigue transmitir la sensación de que no solamente será capaz de revitalizar el sueño americano, sino de que él mismo personifica -de hecho, en cierto sentido, es- el sueño americano.

En inglés [y, de manera parecida, también en castellano, N.T.], cuando empleamos la palabra «retórica», por lo general va precedida de la palabra «vacía». La retórica tiene mala reputación. McCain advirtió de que el electorado «podría verse engañado por una elocuente, pero vacía, llamada al cambio.» Agudamente, Clinton hizo notar que «la campaña se hace en verso, pero se gobierna en prosa.» Los atenienses también conocían los peligros de que la muchedumbre se dejase arrastrar por un demagogo (ellos inventaron la palabra) persuasivo pero sin escrúpulos. Y fue el político romano Catón -podría haber sido McCain- quien dijo lo de «Rem tene, verba sequentur»: a quien se atiene a los hechos, flúyenle las palabras.

Cicerón era muy consciente de eso. En su libro De oratore argumenta que la verdadera elocuencia sólo puede conseguirse si el orador ha conseguido el más alto nivel de conocimiento, «de otro modo, lo que diga sólo será verborrea, huera y ridícula filigrana». El verdadero orador es quien guía con un ideal cívico su práctica ciudadana, y cuya retórica, lejos de ser vacía, es deliberada, racional, capaz de organizar minuciosamente las ideas y los argumentos para hacer progresar al estado de manera sabia y segura. También está claro lo que Obama trata de expresar: su proyecto es unir la retórica, el pensamiento y la acción en un nuevo tipo de política que evite un bipartidismo estrecho. ¿Pueden convertirse las palabras de Obama en hechos? La presidencia de George W. Bush nos proporcionó todas las pruebas de que un hombre que tiene serios problemas para manejar las preposiciones, los tendrá también para gobernar la nación. Sólo nos cabe esperar que la presidencia de Obama sea todo lo contrario.

Charlotte Higgins escribe crítica literaria en el diario británico The Guardian. Su último libro es It’s All Greek To Me: From Homer to the Hippocratic Oath, How Ancient Greece Has Shaped Our World (Short Books).

Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero